La página de la odontóloga

El papel cada vez más preponderante de la mujer dentro de la odontología nos lleva a considerar la creación de esta sección exclusiva por y para las colegas

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  febrero/10

La perfección de la imperfección

 

El pasado congreso de la AAO pudo haber sido confundido con un desfile de modas, tanta era la cantidad y la calidad de las colegas de todas las edades que acudieron. Además, como las odontólogas tienen no sólo cuerpo sino también mente (igual que los varones… la mente, no el cuerpo), era un placer verlas de conferencia en conferencia ajenas a cualquier cosa que no fuera el perfeccionarse.

Y hablando de perfección, este mes vemos un tema a la vez femenino y odontológico: la perfección de la imperfección.

 

Poética del diente desviado

Juan Villoro* (Clarín, 24-10-2009)

 

 

Paletas y diastema en  Ornella Muti.

 

La belleza no admite perfección: las manzanas más rojas provocan desconfianza.

 

La auténtica belleza depende de un defecto que arruine apenas la armonía del conjunto, un error restringido que acelere el pulso y permita la mirada cómplice, singularizando no sólo al objeto del deseo, sino a quien lo anhela.

En la infancia aprendí el disfrute de una gratificante avería: la sonrisa imperfecta. Nací en un país de dientes poderosos y pequeños, donde el poeta Ramón López Velarde desconcertó al describir la sonrisa de su amada como "cónclave de granizos". La imagen causa escalofríos; sugiere piezas irregulares, destempladas por los tenues helados que las solteras lamían en Zacatecas.

El poeta alude a la fugacidad de la dicha y la del cuerpo: todo cónclave puede separarse y el hielo es transitorio. Siempre se ríe por un momento. Más decisivo aún es que el verso describe la belleza como desorden. El granizo nunca es regular. La excelente dentición nacional se atribuye a la cal de las tortillas. En los años sesenta, esta salud arcaica se vio reforzada con técnicas norteamericanas. Las familias querían dientes más blancos y más grandes, con el parejo esmalte acorazado de los actores de Hollywood. Los dentistas de temperamento Colgate alinearon premolares como un teclado rutilante. Pertenezco a la primera generación que llevó en los dientes aparatos que antes sólo se veían en los hipódromos.
[…]

La utopía de la sonrisa en la que crecí se vio dañada […] a los cuatro años debuté ante el taladro del dentista. Ignoro por qué razón inmisericorde fui a dar con un hombre al que le faltaba una pierna y deambulaba en muletas por el consultorio. […] Rosana tenía los dientes desviados. Su sonrisa desigual agregaba misterio a su rostro, pero además revelaba, para quien supiera entenderlo, que se trataba de una sonrisa salvada, rebelde, fugitiva, una sonrisa que no se había sometido al perfeccionamiento del dentista.

La maravilla de apreciar un diente encimado sobre otro se extendió con el tiempo a los dientes rotos o separados. Obviamente, no me refiero a desastres que sugieren pedradas, sino a leves prodigios negativos. Isabella Rosellini es el prototipo de la chica que encandila con el leve desajuste de sus dientes y Ornella Muti, el de la chica con la separación en los incisivos que en vez de dividir duplica la sonrisa.

La belleza más profunda es el error que se disfruta como virtud.

 

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