La página de la odontóloga

El papel cada vez más preponderante de la mujer dentro de la odontología nos lleva a considerar la creación de esta sección exclusiva por y para las colegas

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   abril 2011  

Un rostro hermoso es el más bello de  todos los espectáculos, y la armonía más dulce es el sonido de la voz de aquella que ama.

Una mujer hermosa con las cualidades de un honnète homme es lo delicioso que hay en el mundo; se encuentran en ella todos los méritos de ambos sexos. La Bruyère: Los caracteres

 

 

¿Por qué un “par” de calzones?

 

Ya hemos publicado que las dentistas no usaban calzones... por lo menos hasta el 1800. ¿Pero qué usaban? ¿Y por qué se dice un “par” de calzones ante una sola prenda?

Hasta el s XVI, llevaban mada más que una prenda de hilo larga, camisa o saya, bajo el vestido. Entonces agregaron los corsés, para modelar el cuerpo, sostenidos por ballenas. Por ahí, apareció el verdugado, que era un armazón de alambres madera o ballenas que le conferían su forma característica. Inventado en España, el verdugado se extendió posteriormente a toda Europa.

 En Inglaterra apareció en el 1545 y enseguida lo llevaron todas las mujeres de las clases acomodadas (dado su elevado precio). A lo largo del siglo XVII, se dejó de utilizar sustituyéndose por el mucho más aparatoso e incómodo guardainfante, una especie de falda extremadamente ancha.

 

 

 

 

Poco más adelante, se usó un elevador de posaderas (almohadilla en medialuna usada por mujeres de clase media en los siglos 16 y 17 que mantenía el vestido separado (¿para provocar o desalentar?).

 

También comenzaron a usarse las enaguas, a veces bordadas. Los nombres variados en español para prendas similares son:  enagua, crinolina, enaguas, refajo, saya, zagalejo.

 

 

En el s XIX fueron introducidos los calzones y pantaletas, cuyas dimensiones se fueron reduciendo cada vez más hasta nuestros días en que, prácticamente, estamos de vuelta en los tiempos en que no se usaban.

 

  

¿Por qué un “par”?

 

Todavía se usa decir un par de calzoncillos o calzones, porque en un principio eran dos partes separadas, una para cada pierna, unidas en la cintura.

 

¿Por qué “lencería”?

 

“Lencería” proviene del francés lingerie, a su vez originada en la palabra “lino” del cual en algún momento estaban hechas las prendas interiores. Para los anglófonos, la palabra francesa tiene connotaciones más bien sensuales.

Y contándole a la colega que el corpiño comenzó por estar armado con dos pañuelos atados, dejamos un tema que nos pareció interesante, que empezó en la nada y hoy terminó en prácticamente nada (salvo caso de lingerie).

 

 

Defensa de la mujer en Beaumarchais

 

Beaumarchais insistió en todo momento en las características de la situación de la mujer: ausencia de derechos jurídicos de la mujer casada, en total dependencia  material del marido y la primacía de los deseos del hombre al que la joven debe someterse. En Las bodas de Fígaro (ver el libro del mes), Marcelina, en guerra contra esa condición, pasa a ser portavoz de las mujeres.

En la escena 4 del acto I, señala esa precariedad: "Sé bella, si puedes; sabia, si quieres; mas sé respetada, es imperativo" El problema del respeto a la mujer domina la pieza: a) Susana quiere que su deseo sea respetado, b) Marcelina espera largamente que Bartolo repare la injusta falta de respeto -- que la hizo amante pero no esposa, c) la Condesa lucha por reencontrar su honor  y ser respetada con la fidelidad debida.

Acusa a los hombres de usar a las mujeres sólo para su placer abusando de su pobreza: "... los seductores nos asedian en tanto la pobreza nos aprieta, ¡qué puede oponer una niña à tanto enemigo ?" (III,16)

Y estilo Sor Juana Inés denuncia: "Hombres más que ingratos, que castigáis con el desprecio los juguetes de vuestras pasiones, vuestras víctimas" "Es a vosotros que se  ha de castigar por los errores de nuestra juventud."

El mensaje de Beaumarchais dice que es preciso que las mujeres se apoyen entre sí contra los hombres, como lo hacen: la Condesa, Susana, después Marcelina.

Las frases siguientes, aparentemente machistas, de las piezas teatrales de Beaumarchais son dichas, en verdad, en defensa de la mujer, por contraste irónico.

 

Oh ¡mujer! ¡mujer! ¡mujer! ¡criatura débil y engañosa!...ningún animal creado  puede escapar a su instinto: ¿el tuyo es el de engañar? (F: V, iii)

 

:...Nuestras mujeres creen haber cumplido con amarnos: … ellas nos aman, nos aman (cuando nos aman) y son tan  complacientes y tan constantemente obsecuentes, y siempre, y sin descanso, que nos sorprendemos, un buen día, de haber  encontrado la saciedad donde buscábamos la felicidad. (F: V,  vii)

 

De todas las cosas serias, el matrimonio es la más bufa (F: I, ix)

 

Las mujeres son como las veletas: cuando se fijan, se oxidan.

 

Lo que más les gusta a las mujeres es ser elogiadas por los méritos de los que carecen

 

Para obtener una mujer que bien que lo quiere, hace falta tratarla como si no lo quisiera.

 

El deseo nos pone a los pies de las mujeres, pero, à su vez, el placer las somete a nosotros.

 

En el amor, sabes, demasiado no es bastante.

 

…ellas no estudian lo suficiente el arte de mantener nuestro deseo, de renovarse en el amor, de reanimar el placer  de la posesión con el de la variedad. (F: V, vii) 

 

Beber sin sed y hacer el amor en todo momento, madame, es todo lo que nos distingue de los demás animales. (F: II, ii)

 

                                                                        H. M.

 

 

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