La página de la odontóloga

El papel cada vez más preponderante de la mujer dentro de la odontología nos lleva a considerar la creación de esta sección exclusiva para las colegas

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                                                                                             junio 2015 

     San Agustín y el “wifeswapping”

     

View Artwork by Joseph M. Thompson Se transcribe un diálogo entre San Agustín [al que considero campeón del libre albedrío] y su interlocutor Evodio, sin poner ni quitar ni una coma [cosa que suelo hacer] para que cada cuala agarre para el lado que le venga bien. Ilustra la nota una obra abstracta de Joseph M. Thompson (¿o esperaba intercambio de parejas o 50 sombras?)

III 6. Ag: —Deseas saber, sin duda, cuál es el origen del mal que hacemos. Pero antes es preciso saber qué se entiende por obrar mal.

Ev: —Omitiendo algunas por falta de tiempo y de memoria, ¿quién duda que son obras malas los adulterios, los homicidios, y los sacrilegios?

Ag: —Dime, por tanto, y en primer lugar, por qué te parece a ti que el adulterio es una acción mala. ¿Acaso porque la ley lo prohíbe?

Ev: —Es malo, no ciertamente porque la ley lo prohíba, sino que la ley lo prohíbe porque es malo.

Ag: —Ahora tratamos de saber y entender y tener por certísimo lo que hemos recibido por la fe. Así, pues, reflexiona cuanto puedas, y dime luego por qué razón te parece que es un mal el adulterio.

      frum wife swap“Aquí jugamos sólo singles; pero si están

      interesados en dobles, pasen esta noche por casa” (HeshyFried)

     

Ev: — Sé con certeza que es un mal esto, que yo no quisiera soportar en mi esposa; y el que hace a otro lo que no quiere que se haga con él, obra ciertamente mal.

Ag: —Y ¿qué dirías de cualquier hombre cuya lujuria llegara a tanto que de buen grado prestara a otro su mujer para que libremente abusara de ella, a condición de tener él, a su vez la misma libertad respecto a la mujer del otro? ¿Te parece que nada malo hay en eso?

Ev: —Al contrario, muchísimo mal.

Ag: —Pues, como ves, éste no peca contra el principio que acabas de citar, puesto que no hace lo que no querría que se hiciera con él. Así que debes buscar otra razón que me convenza de que el adulterio es un mal.

7. Ev: —Me parece un mal, porque con frecuencia he visto que han sido condenados los hombres acusados de este crimen.

Ag: —Si es malo todo cuanto los hombres condenan, síguese que en aquel tiempo era un crimen el creer en Jesucristo y confesar esta fe. Si no todo lo que los hombres condenan es malo, preciso es que aduzcas otra razón para probar que el adulterio es un mal.

Ev: —No sé qué responderte.

8. Ag: —Tal vez la malicia del adulterio proceda de la pasión, y así, como ves, te has encontrado con dificultades insuperables al querer dar una razón extrínseca de la malicia de este hecho, que por lo demás te parece evidentemente malo. Y para que entiendas mejor que la malicia del adulterio procede de la libido, te diré que, si alguien deseara eficazmente abusar de la mujer de su prójimo y de algún modo llegara a saberse su intento, y que lo hubiera llevado a cabo de haber podido, éste no sería ciertamente menos culpable que si realmente hubiera sido sorprendido en flagrante delito, aunque de hecho no hubiera podido realizar sus deseos.

Ev: —Nada más claro, y ya veo que no es necesario un largo discurso para convencerme de lo mismo respecto del homicidio y del sacrilegio, y así de todos los demás pecados, pues es evidente que la libido es el origen único de toda suerte de pecados.

¡Ah, libido, cuántos pecados se cometen en tu nombre!

Y esa pasión interior, ¿determina o deja una vía para la libre elección?

¿Responsable o no?

 

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