La página de la odontóloga

El papel cada vez más preponderante de la mujer dentro de la odontología nos lleva a considerar la creación de esta sección exclusiva para las colegas

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                                                                                              julio 2015 

     

La Sociedad de Damas de la Beneficencia

Para U. O., la mujer se ubicó desde su ligar en la sociedad donde haría lo que mejor podía hacer. Escribimos esto en el mes de la mujer, que no es sólo marzo, sino todo el año. No tomamos partido con estas Damas y tampoco contra ellas. Entérese un poco la colega y, si quiere, hay mucho material de lectura sobre esto.

La Sociedad de Beneficencia ¨había realizado en forma tranquila y un tanto feudal y con más beneficio para sus propias almas que para los cuerpos que recibirían la caridad, una apreciable cantidad de buenas obras¨ (Main, Mary, La mujer del látigo, Buenos Aires, La Reja, 1955).

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Mujeres bordando. Damas de la alta sociedad porteña

que se dedicaban a la beneficencia.

Estas mujeres, dice la autora, se encontraban más allá del escándalo y eran impermeables a las nuevas ideas; según la costumbre, la mujer del primer mandatario era designada presidenta honoraria de la sociedad, fundada en 1823 por Bernardino Rivadavia.

La caridad era como un pasatiempo en el sistema feudal de la Sociedad de Beneficencia, que ha ,,evado a los analistas del accionar de la Sociedad de Beneficencia a oscilar entre el reconocimiento, como institución impulsora de las políticas sociales a partir de su creación por Rivadavia, como la única cabeza visible, desde el ámbito privado, ocupada en enfrentar la problemática de la atención de la mujer desvalida, hasta la presentación de la misma, como una entidad que utilizaba la caridad como un pasatiempo de señoras gordas.

Según el libro compilado por José Luis Moreno, La política social antes de la política social, la institución habría hecho mucho más que una acción benéfica y en tal sentido desarrolló desde el Estado, un programa determinado. El carácter femenino de este proyecto de disciplinamiento es también revisado por historiadoras mujeres, como Valeria Pita y Marcela Nari, en primer término, las que ven una ruptura entre la tradicional división entre espacio público, masculino y espacio privado, femenino, con un Estado paternalista y avalado por la Iglesia Católica y el muy conocido Monseñor Caggiano, en su momento.

El decreto de creación de la Sociedad de Beneficencia expresaba: ¨Es, pues, eminentemente útil y justo acordar una seria atención a la educación de las mujeres, a la mejora de sus costumbres y a los medios de proveer a sus necesidades…¨ . En su art. 1º indica ¨establecer una sociedad de damas bajo la denominación de Sociedad de Beneficencia¨, mientras que en el art. 4º entre las atribuciones de la sociedad destaca: ¨la dirección e inspección de la casa de expósitos; de la casa de partos públicos y ocultos, hospitales de mujeres, colegio de huérfanas, y de todo establecimiento público dirigidos a los individuos de este sexo.¨ A su vez en el acta de instalación de la sociedad se propone: ¨tres objetos primordiales han dirigido al gobierno en la erección de la Sociedad de Beneficencia. La perfección de la moral; el cultivo del espíritu en el bello sexo y la dedicación del mismo a lo que se llama industria y que resulta de la combinación y ejercicio de aquellas cualidades¨.

En otros términos la institución dirigida por mujeres debe atender a la población femenina para disciplinar su espíritu (formación moral) y su cuerpo (desempeño laboral). Hacia el centenario de su creación, la Sociedad de Beneficencia depende del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, hasta el definitivo desmantelamiento de las estructuras de la beneficencia en el gobierno de Perón por estar en manos de la oligarquía.                

Estaba compuesta por socias que elegía la Asamblea y por un Consejo Directivo, que funcionó desde 1834 en la Casa de Huérfanos, en la calle Reconquista 269 de la Capital, ubicado lateralmente a la  Basílica de Nuestra Señora de la Merced, donde están las oficinas, el costurero central, y el hogar de ex-alumnas. Bajo su responsabilidad y administración se encontraban numerosas instituciones, supervisadas por tres socias designadas en asamblea, quienes visitaban cada lugar y labraban un acta de las situaciones particulares en cada caso.

Se habría de poner en duda la idoneidad de las mujeres de la élite para enfrentar los nuevos desafíos. Los médicos higienistas y los políticos ligados al Partido Socialista fueron algunos de los más mordaces detractores. Pero para otros personajes, mostraban  que su capacidad de gerenciamiento era muy eficiente y a la vez económica, frente a la retribución que reclamaban los hombres para esos puestos.

Las mujeres de la Sociedad de Beneficencia buscaron contrarrestar la influencia de las nuevas ideas, con el apoyo fundamental de la Iglesia Católica. Su rol, es más importante al definir desde los ámbitos que dirigen, los ideales de género de la mujer argentina, cuyas virtudes morales y espirituales van bastante más lejos que aquellas planteadas por Rivadavia. La fuerza, el autosacrificio, las virtudes teologales y la habilidad manual son algunas.(Casa de la Cultura, Univ Nac del Sur [resumido y recortado])

 

 

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