La página de la odontóloga

El papel cada vez más preponderante de la mujer dentro de la odontología nos lleva a considerar la creación de esta sección exclusiva para las colegas

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        julio 2012  

Las odontólogas pulposas

Sin entrar en la cuestión de si los hombres las prefieren rubias o morenas, flacas modelos o sustantivas pulposas, paso a aclarar de dónde viene eso de pulposas y por qué está acá, con las odontólogas.

Para desasnarse, nada como los mataburros, procurando no morir en el intento. El de Joan Corominas, anota que pulpa deriva del latín pulpa, por vía semiculta, y significaba “carne,” el meollo de los frutos” (Breve diccionario etimológico de la lengua castellana). Es decir, la parte carnosa del interior de un fruto, por dentro de la dura cáscara, como el tejido orgánico por dentro de la tenaz corteza dentinaria.

Dentro de la sólida corteza del árbol, está la pulpa que se utiliza – entre otras cosas – para hacer los libros (los de papel, claro). Pero por ser una masa amorfa que usan para hacer libros baratos, los ingleses hablan de pulp fiction (Tarantino hizo un filme con ese nombre) para referirse a la ficción policial o los del Oeste. Como el Zane Grey, dentista, que se hizo millonario escribiendo pulposos Westerns.

La pulpa dental, como parte mollar del molar tanto como del incisivo tuvo tan buen acierto como denominación que la adoptan ingleses, italianos o franceses por igual, y hasta los alemanes que hablan, precisamente, de Zahnpulpa. Lo cual no me suena mucho más “científico” que el nervio del que hablan los pacientes… y que les duele como un nervio, no como una ¿pulpa? [Objeto inanimado. Género femenino. Sexo, ninguno. ¡O se la imagina casada con un pulpo? ¿Y el pulpo es pura puklpa?]

Por lo tanto, colegas, cuando les digan pulposas quizá no se estén refiriendo a la bien modelada carne con que rodean sus huesos, sino al tierno interior del diente, y entonces se aplica asimismo a las sutiles odontólogas que llevan la pulpa por dentro y no rodeando sus delicadas osamentas.

Que Es Lo Que Quería Demostrar, que es divertido dejar correr la pluma (el teclado) e ilusionarse con la compañía de las colegas a quienes está dedicada esta pulposa revista… Pulposa porque tiene carne suficiente para hincarle el diente gustosamente. (Vean a continuación Las odontólogas y la lectura)

                                                                      H. M.

Agrego un dato curioso: pulp fiction originariamente estaba destinado a las revistas de "pulp" paper editadas a fines del sioglo XIX, con obras de los más prolíficos autores de esos tiempos (H.G. Wells, Sir  Arthur Conan Doyle, J.R.R. Tolkien o el autor de Tarzán, Edgar Rice Burroughs).

Agrego otro dato curioso: para ejemplificar, el Diccionario de la lengua latina, de Luis Macchi, utiliza plebeia pulpa que significa populacho… no pulpa plebeya]

Las odontólogas y la lectura

Hay un hecho indiscutible: según los datos de las estadísticas, en la actualidad el ochenta por ciento de los lectores son mujeres. Y en pocos campos de las actividades humanas ha ganado la mujer tanto terreno como en la odontología, la que evidentemente exige lectura, primordial en su carrera.

Hasta quizá haya en las artes plásticas más mujeres leyendo que desnudas… también las hay desnudas y leyendo.

¿Por qué es tan frecuente encontrar mujeres lectoras en la pintura occidental? ¿Por qué los artistas han tomado tan a menudo como tema de sus dibujos y sus pinturas, y más recientemente de sus fotografías, a una mujer leyendo?

Mujeres lectoras aparecen, desde la Edad Media hasta nuestros días, en una amplia serie que empieza con

La Anunciación de Simone Martíni  

y terminan con la famosa fotografía de Eve Arnold Marilyn leyendo "Ulises"

¿Son las mujeres que leen peligrosas? ¿Lo fueron en otros tiempos, siguen siéndolo hasta hoy? ¿Ha contribuido la lectura a la emancipación de la mujer, ha sido un arma eficaz en las reivindicaciones feministas?

Y ¿por qué leen actualmente mucho más las mujeres que los hombres?

Quizá sean peligrosas,  dada la frecuencia con que los hombres, a lo largo de siglos, han coaccionado y vigilado a las mujeres para que leyeran lo menos posible y sólo fuera lo que ellos les eligiesen. Las carreras universitarias mantuvieron fuera a las mujeres, porque hay imágenes médico-odontológicas no aptas para el supuesto pudor femenino.

Durante siglos se dificultó el acceso de la mujer a la lectura y se le prohibieron determinados libros. Es que, a muchos hombres, las mujeres que leen les han parecido sospechosas, tal vez porque la lectura podía minar en ellas una cualidad que, abiertamente o en secreto, ellos valoran mucho: la sumisión.

En 1523, el humanista español Juan Luis Vives aconsejaba a los padres y maridos que no permitieran a sus hijas y esposas leer libremente. "Las mujeres no deben seguir su propio juicio", escribe, "dado que tienen tan poco."

En Escuela de mujeres, Molière, presenta un hombre maduro que desea la felicidad conyugal, pero lo  obsesiona el temor de que su mujer lo engañe. Por ello, para casarse con su pupila Agnes, la ha educado en la ignorancia de todo, la lectura incluida: supuestamente, es analfabeta.

En el s XIX las mujeres que leían eran una lacra para la sociedad y en la Inglaterra victoriana las madres  elegían las lecturas de sus hijas. Hasta las propias mujeres, escandalizadas al ver a otras con un libro en las manos, declaraban la lectura una afición nefasta en una mujer, ya que el exceso de saber, lleva a  problemas con los hombres.

El acceso a la lectura supuso un gran avance para la mujer, como para cualquier etnia o grupo social en posición de desventaja y de dependencia. La hizo más autónoma, la ayudó a pensar por sí misma.

Los libros – los de ficción, claro está –pueden convertirse en un sucedáneo imaginario de la realidad. La autora francesa Laure Adler escribió que el libro puede llegar a serles más importante que la vida. “El libro enseña a las mujeres que la verdadera vida no es aquella que les hacen vivir. La verdadera vida está fuera, en ese espacio imaginario que media entre las palabras que leen y el efecto que éstas producen. La lectora se identifica totalmente con los personajes de ficción..." “...y no se resignan a cerrar el libro sin que algo haya cambiado en su propia vida. El libro se convierte en iniciación." "Los libros", agrega, "no son para las mujeres un objeto como otro cualquiera. Desde los albores del cristianismo hasta hoy circula entre libros y mujeres una corriente cálida, una afinidad secreta, una relación extraña y singular, entretejida de prohibiciones, de aprobaciones de reincorporaciones."

YAPA:

Mujeres profundamente enfrascadas en la lectura.

 

  

Interior de muchacha leyendo, de Peter Ilsted,

 

Muchacha leyendo, de Jean-Jacques Henner,

 

Retrato de Katie Lewis, de Edward Burne-Jones,

  

Joven leyendo, de Franz Eybl

 Muchacha leyendo: joven en total recogimiento, de Gustav Adolph Henning (1828). Su concentración, severidad del peinado y sencillez del vestido la marcan como"pulcra y decente", lejos de toda sofisticación y ligereza.

 Fragonard                Marie Cassatt


 Fantin-Latour Fantin-Latour
Para cerrar, como excelente broche, de Francisco de Goya. La lectura, 1819-1822, litografía.

Tal vez, en otras épocas, una actitud especial de las mujeres ante la lectura las haya hecho parecer peligrosas, tal vez haya desempeñado en sus vidas un papel singular y distinto, y las haya ayudado a adquirir otra visión del mundo no del gusto de los machistas.  

 

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