La página de la odontóloga

El papel cada vez más preponderante de la mujer dentro de la odontología nos lleva a considerar la creación de esta sección exclusiva por y para las colegas

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       enero 2011 

Mujeres dentistas en tiempos de Fauchard

 

En el Siglo XVIII, llamado también de la Ilustración o de las luces, aparecieron  las primeras mujeres dentistas de la historia con nombre conocido, en Francia e Inglaterra, al menos.

En 1719, ejercía en París mademoiselle Rezé, que escribió un librito [quizá más un folleto de educación para la salud y publicidad], el primero de autoría femenina, titulado Disertación apologética, donde se anunciaba un “Bálsamo universal que calma cualquier absceso o mal de dientes” probado nada menos que por el mismísimo rey Luis XIV. (De 1728 es El cirujano dentista, de Pierre Fauchard.)
De 31 dentistas autorizados que ejercían entonces en la capital de Francia, dos eran mujeres: mademoiselle Calais —Marie Madeleine— y mademoiselle Hervieux.

Mademoiselle Calais fue discípula del famoso dentista Claude Geraudly (o Gerauldy), que atendió a Felipe V cuando era duque de Orleans, e incluso a la emperatriz de Rusia.

Marie Madeleine Calais nació en 1714 y obtuvo el título de “Experta para los dientes” en 1740, después de vencer grandes inconvenientes, sólo salvados gracias al favor del cirujano del rey, La Peyronie.

Para que el precedente no cundiera, los dentistas varones lograron que el gobierno evacuara una ley, en 1755, que cerraba el paso a las mujeres en el Arte Dental.
Sin embargo, haciendo caso omiso de dicha ley, en 1758, El Mercurio, de París, incluía un anuncio de mademoiselle Gerauldy, sobrina del mismo Claude Gerauldy, en el cual se titulaba “Única privilegiada del Rey”, esto es, con patente real, y proclamaba que “atendía diariamente en su casa, rue D’Orleans, barrio Saint Honoré, vis a vis de L’Hotel de la Providence, donde ofrece:
Primero: un elixir que fortifica los dientes que se caen y hace crecer las encías.

Segundo: una opiata que limpia y hace crecer los dientes.

Tercera: una esencia que aplaca y cura sobre la marcha los dolores de dientes.

Los precios están marcados en cada botella, sobre cada pote y sobre cada bote (Mercurio, abril-II-1758, p. 210) (citado por George Dagen, Histoire de l’art dentaire, París, 1926, p. 221)

Además de éstas, según refiere Michel Dechaume (Histoire ilustre de l’art dentaire, p. 242) hubo otras dentistas en esa época; entre ellas, las señoras Desclaux y Ranscourt, que emigraron a Londres en 1744 y 1750, respectivamente.

Inglaterra
La primera mujer dentista en Inglaterra durante el siglo XVIII fue la viuda del doctor Povey, que en 1719 (el mismo año que mademoiselle Rezé publicó su libro en París) se hizo cargo de la consulta dental de su marido a la muerte de éste.
En Inglaterra también, en 1754, Henry Fielding (1707-1754) el autor de Tom Jones (obra cómica maestra publicada en vida de Fauchard, 1749). se disponía a viajar a Portugal por motivos de salud, donde falleció, acompañado de su esposa a la cual en ese momento le sobrevino un terrible dolor de muelas. Una sirvienta le recomendó los auxilios de cierta mujer “gran eminencia en el arte dental”, la cual la ayudó a salir del trance.
En el siglo XVIII, según John Menzies Campbell, historiador de la odontología, ejercían en Inglaterra al menos 14 mujeres, una de las cuales, la señorita Raymon, practicaba el trasplante dentario en York, sacándoles los dientes a los pobres para ponerlos en la boca de los ricos [costumbre no sólo de esa época, real o simbólica]. (El ensayista inglés Charles Whitlock (1801-1873) aún maldecía a las mujeres sacamuelas, a las que llamaba “charlatanas afroditas” y “profesionales con enaguas”.)
Otra dama, la señorita Lewis, cuyo marido era también dentista, anunciaba que realizaba sus trabajos en el domicilio de sus pacientes femeninos, siempre y cuando fuera avisada con tiempo suficiente.

Yapa:

El siglo anterior, el XVII, en España, la literatura del Siglo de Oro  no omitía el tópico de las desdentadoras de difuntos, como se ve en La pícara Justina, publicada en Medina del Campo, en 1604, atribuida primero al médico toledano Francisco López de Úbeda y luego al dominico vallisoletano Baltasar Navarrete.

Pues bien, la Pícara Justina era amiga de una de esas desvalijadoras que acudía a los patíbulos, y “la primera noche traía todos los dientes que podía; la segunda, la soga, y la tercera hacía conjuros al pie de la horca”.

La madre del “Buscón llamado Pablos”, de Quevedo, llevaba terciado al pecho un bien surtido collar de muelas.

Menciones parecidas dejaron en sus obras Ruiz de Alarcón (La cueva de Salamanca), Lope de Vega (El caballero de Olmedo), Lucas Fernández (La égloga o farsa del nacimiento de nuestro redentor Jesucristo), etc.

 
 El Dr. Julio González Iglesias, Profesor de Historia de la Odontología Universidad Alfonso X el Sabio, Madrid; Miembro de Honor de AMUDENES, Asociación de Mujeres Dentistas de España, es autor de una obra dedicada a las mujeres dentistas, de la que incluimos (cruelmente retocado), un fragmento.

 

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