La página de la odontóloga

El papel cada vez más preponderante de la mujer dentro de la odontología nos lleva a considerar la creación de esta sección exclusiva por y para las colegas

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   diciembre 2011  

La discriminación de la mujer en Egipto

 

Y no sólo en Egipto.

Desde las generaciones más antiguas persiste en la tierra del Nilo la discriminación hacia la mujer. Hay problemas que preocupan a las mujeres egipcias: una es la Mutilación Genital Femenina, que está fuertemente establecida en ese país y se practica con la mayoría de las chicas de entre siete y diez años, con musulmanas como con cristianas… … la constitución egipcia establece la igualdad de sexos y el mismo tratamiento a los no musulmanes.

 

Según la Justicia, las mujeres solteras menores de 21 años deben conseguir el permiso de sus padres para obtener el pasaporte y poder viajar- musulmana, copta, o de cualquier religión- y las mujeres casadas deben tener el consentimiento de sus esposos. Sólo los hombres pueden conseguir la ciudadanía y así, en algunos casos, los niños nacidos de madres egipcias y padres sin nacionalidad egipcia no pueden obtener la nacionalidad. Si bien ante la justicia el testimonio femenino tiene el mismo valor que el de un hombre y no existe una prohibición legal para que una mujer ejerza las labores de juez, la verdad es que esa práctica para la mujer ni existe.

Otro problema: preocupa a los egipcios el comercio vinculado a la danza del vientre. Es la actividad que más consumen los turistas europeos y que deriva en el negocio de la prostitución. Los viajeros no toman al baile como una actividad artística, típica de esta zona, sino que van a ver mujeres semidesnudas que sacuden la cadera y creen que pueden acostarse con ellas.

 

Más allá de las leyes, hay problemas sociales que no radican en el velo sino en la manera en que se percibe a las mujeres, se las ve como un objeto. Si una mujer es violada, ella es la responsable de lo que le sucedió, muchas veces se protege al victimario. La idea de que la mujer es solamente un cuerpo es parte de un discurso ideológico. El velo es una cosa material; lo peligroso es un complejo sistema de valores en el cual la mujer es vista como un objeto, al que se le debe imponer cómo se viste, si se saca o si se deja el velo. Lo más peligroso no es lo que llevan sobre la cabeza sino lo que hay dentro: el velo peligroso es el que cubre la mente.

La mujer que llega a Egipto se sorprende cuando las guías de turismo le advierte los “riesgos” de una viajera por ser mujer; y entre ellos, ponen especial énfasis en el peligro de contraer matrimonio con un hombre egipcio ya que, llegado el caso, él tendrá todos los derechos sobre ella y le será complicado irse del país, sobre todo si llegan a tener hijos. Recuérdese el caso de Gabriela Arias Uriburu, la mujer que se casó con un jordano, quien hace más de nueve años se llevó a los tres hijos para su país - que también se rige por las leyes del Islam- y ella nunca pudo sacarlos de allí y volver a verlos.

La reciente revolución

No hay revolución sin la participación decidida de las mujeres. Durante semanas de proceso revolucionario en Egipto, las mujeres tomaron un papel activo en las protestas callejeras, y las imágenes difundidas dieron un golpe de gracia a esa vieja visión machacada desde los medios racistas y sexistas occidentales, de una mujer árabe ignorante, pasiva, sumisa.

Nawla Darwiche y Mona Ezzat, dos feministas de El Cairo, de la Fundación de la Nueva Mujer, militantes de izquierda, entienden que son las mujeres del sector popular – que además de sus tareas domésticas deben cumplir con jornadas laborales –  las que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad y con un mayor peso de esa opresión secular.

Nawla comenta:

El 30% de los hogares más pobres son capitaneados por mujeres. Hay mucha desigualdad en el trabajo, en las fábricas se paga mucho menos a las mujeres, la mayoría está sin siquiera contrato, sufren mucho acoso sexual… por ejemplo, un caso muy grave de acoso son las enfermeras son vistas como propiedad del doctor. Hay muchos líos con los permisos de maternidad, no hay facilidades para los niños de las mujeres trabajadoras, a veces las mujeres son despedidas apenas se casan. Estamos lanzando una campaña por los derechos laborales de las mujeres, ayudando también a formar sindicatos independientes en industrias que tienen hombres, pero donde existe alta concentración de mujeres.”

 

La violencia sexual como mecanismo represivo

 

Egipto es el país desde donde nació el concepto de civilización, término que acabó saqueado, arrebatado y pisoteado, y que si bien proclama la igualdad entre los seres humanos (dícese hombres y mujeres), la discriminación estuvo desde el principio y se sigue sustentando con la opresión, con la mutilación genital femenina y la imposición de ciertas normas, más allá de la simple imposición del velo y de símbolos religiosos.

Pese a todo, las mujeres no se han cruzado de brazos, aceptando en silencio estas injusticias. Las mujeres han estado en las luchas populares egipcias desde un comienzo. Tuvieron una acción muy viva en las huelgas que estallaron en el 2006 y que continuaron hasta el 2010. Dice Mona: “las mujeres lideraron esas huelgas, y estando las mujeres en la calle, ¿cómo podrían los hombres permanecer en casa?” El precio que pagaron por su lucha no fue poco. Aparte del gas lacrimógeno y la violencia policial que tuvieron que aguantar, las dirigentes obreras sufrieron vejámenes sexuales promovidos por las autoridades y la patronal para quebrar la resistencia de las obreras.

Aparte del extendido acoso sexual, existen diferencias salariales con sus pares hombres, múltiples problemas de salud relacionados a las condiciones laborales y al hecho de que las mujeres casi nunca reciben promociones en el trabajo.

Debido a la estigmatización que sufre la mujer víctima de violencia sexual por parte de una sociedad marcadamente patriarcal y machista, la mayoría de estos casos, como regla universal, no son denunciados. Sin embargo, algunas mujeres se atrevieron a denunciar sus casos y eso permite entender cómo el acoso fue un arma en la lucha de clases. Un caso emblemático es el de las obreras Wedad Demerdash y Ámal al Said, de la industria textil: fueron atacadas frente a sus familias por matones: les removieron el velo, las golpearon, insultaron, manosearon y las amenazaron con violarlas si no abandonaban las protestas que realizaban con sus compañeras de trabajo.

Salwa el Hosseiny, una joven de 20 años denunció torturas eléctricas y golpes cuando fue capturada por un agente de civil el 9 de marzo. Luego, fue llevada con decenas de otras mujeres a un recinto militar, donde fue desnudada, azotada, su vagina inspeccionada y filmada, en un supuesto “test de virginidad”. La idea de este macabro ejercicio, era acusar a las manifestantes de prostitución. Mientras las mujeres eran “inspeccionadas”, a los soldados se les permitía observar y sacar fotografías personales.

Estos ejemplos son apenas la punta del iceberg de una práctica arraigada en la fuerza pública egipcia, que consiste en utilizar la agresión sexual hacia las mujeres como un mecanismo más de control de la población.

“… los jueces son muy parciales en los casos de violencia o violación,” dice Nawla.

Aún cuando sean las mujeres de extracción popular las más vulnerables al acoso y la discriminación, no sólo las mujeres de clase trabajadora enfrentan diversas formas de discriminación: Hay profesiones que están prohibidas para las mujeres (de hecho o de derecho), como por ejemplo les está vedado ser juezas en el Consejo de Estado, un organismo similar a la Corte Suprema.

 

Los desafíos de la “transición”: Otra fuente de preocupación para las mujeres, tras la revolución reciente, es la amenaza que implica, desde su perspectiva, el posible avance de ciertos sectores del islamismo político al poder en las elecciones, pues detrás de las caras respetables de los Hermanos Musulmanes.

 

La cuestión del velo: En los medios occidentales, frecuentemente se habla del “velo” como el símbolo último de la opresión de la mujer árabe. Tres formas diferentes de velo (burka, niqab y hijab) se meten en el mismo saco, cuando transmiten códigos muy diferentes entre sí. Las sociedades no musulmanas, mostraron un gran desconocimiento del complejo universo valórico y cultural del cual el “velo” es tan sólo un elemento, y en países con gran inmigración árabe (como Francia, Holanda, Dinamarca o España), el debate ha adquirido ribetes francamente racistas,

Originalmente, el velo es un tema religioso, pero para muchas mujeres se vuelve un tema social, porque portar el velo da libertad para moverse en Egipto, ya que hay barrios populares a los cuales no se puede ingresar sin el velo. Si una quiere trabajar, o estudiar, el velo es una ayuda. El velo puede ayudar a la movilidad social, por ejemplo, a las escuelas de los Hermanos Musulmanes se debe asistir, necesariamente, con el velo.

Mona, que usa el hijab agrega: “Es importante entender que el velo [ie., hijab, un velo que cubre la cabeza pero no el rostro] no siempre refleja una actitud religiosa de la persona que lo lleva, hay mujeres que usan el velo porque les gusta, otras porque no quieren ser diferentes a sus amigas, otras usan el velo y disfrutan de una cerveza. Otra cosa es el niqab [un, velo que cubre todo el cuerpo y la mayor parte del rostro, revelando tan sólo los ojos], que sí es religioso, y esas mujeres van a mezquitas especiales a buscar esposos o los buscan en avisos de matrimonios musulmanes.

El problema de las viajeras

El problema que deben enfrentar las mujeres viajeras es el concepto que los hombres egipcios tienen de ellas. A menos que estén casadas, las ven como fáciles y deseosas de tener relaciones sexuales con ellos y desde el punto de vista social, a las mujeres extranjeras se las considera en el mismo lugar que a las prostitutas. Hasta les enseñan a gritar ante el acoso o manoseo en la vía pública con expresiones como Áram! –maldito- o sibnee le wadi -no me toque-, frases que harán avergonzar a los acosadores, pues tocar a una mujer egipcia por la calle constituye una blasfemia para el Islam.

Es inusual una mujer caminando sola por la calle pasadas las seis de la tarde. Si ocurre, entre cuadra y cuadra las propuestas no se hacen esperar: dos ofertas de casamiento cada 200 metros. Claro que el casamiento no es de  amor eterno, sino de mantener relaciones sexuales sin problemas legales ni religiosos.

Los lugares de esparcimiento “internacionales” son reflejo clave del contraste cultural y del lugar de las egipcias en su sociedad. Mientras las turistas europeas se pasean en bikini y tienen un conjunto de egipcios detrás intentando mantener algún tipo de relación con ellas, las egipcias deben permanecer tapadas a la sombra cuidando a sus hijos o viendo como ellos se divierten en la pileta con los padres.

Es que la ley en Egipto sigue los mandatos del Islam (el noventa por ciento de su población es musulmana sunnita, y el 10 restante es cristiana copta), que incluye la poligamia… Eso sí, el hombre debe comprometerse a mantener de forma equitativa a sus (hasta) cuatro esposas, con las que puede convivir todos juntos o en casas separadas.

 

Resumido de: José Antonio Gutiérrez D. (Portal Libertario) y de Daiana Rosenfeld

 

 

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