La página de la odontóloga

El papel cada vez más preponderante de la mujer dentro de la odontología nos lleva a considerar la creación de esta sección exclusiva por y para las colegas

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       dic/10

 

Dentista y madre soltera exitosa

 

 

 

 

Cuando la Dra. Rochelle Hackley salió graduada de la Escuela Dental de la Universidad de Maryland, se encontró, como la mayoría de los recién recibidos, frente a duras decisiones para financiar su instalación.

Su primer consultorio, no precisamente ideal, estuvo en los suburbios de Washington, D.C. Pese a las limitadas dimensiones y visión del lugar, emprendió la labor con espíritu de éxito.

Comenzó por encarar el futuro con ánimo de empresa familiar: la madre como gerente contadora; la hermana como administradora, y su hijita, Brianna, de 4 años, atendida por todas ellas. De algún modo, esto ayudó a que los pacientes se sintieran parte de la familia, ampliada.

Habría de influir mucho en el porvenir de la actividad profesional el hecho de que sus pacientes eran de todas partes del mundo, religiones y  culturas, por estar tan próxima a la capital. Pero, en la diversidad, todos querían lucir una hermosa sonrisa. El lema de su consultorio pasó a ser: "Una sonrisa es igual en todas las lenguas."

Todo esto, su dedicación y su capacidad la llevaron a tener un ritmo de crecimiento de 40 pacientes nuevos por mes. Necesitó extenderse a los cuatro años.

Quería un consultorio amplio que reflejara su interés por la estética, su fuerte vínculo con la familia y una ventana a la diversidad del mundo.

Con todas las dificultades de financiación imaginables, emprendió la construcción de un consultorio en una ubicación estratégica; en Bethesda, con vecinos como Lord & Taylor, Bloomingdale y Borders Books & Music en un colosal centro de gran tránsito, y con familias de elevados ingresos.

Incluyó siete consultorios, desarrollados en una vasta superficie y en condiciones de mantener en alto su lema: "Una sonrisa es igual en todas las lenguas." Esto aparecía en cada consultorio, escrito en ocho idiomas. Y cada uno estaba dedicado a un continente y los pacientes ayudaron a esta diligente mamá (soltera y orgullosa) a decorar cada ambiente con recuerdos traídos de todas partes.

África, Australia, Asia, Antártida y Europa fueron las primeras, seguidas pronto por Norte América y Sud América. El consultorio Antártida, aislado, no era el más concurrido y se usó como sala de descanso o de recuperación o de tranquilización. La recepción estaba adornada por un enorme mapamundi, en el que los pacientes nuevos podían clavar un alfiler en su lugar de origen.

Previsora, la Dra. Hackley proveyó masajes en el sillón, anteojos de realidad virtual y considera incluir reflexología. Como buena mamá, reservó un espacio para su hija y para compartir con ella, incluido lugar de juegos, pizarra para dibujar y escribir, DVD, TV y PC. Y una pared de cristal, para poder cuidarla todo el tiempo.

No agregamos a la envidia (sanísima) de las colegas argentinas, todo cuanto prosperó y las ampliaciones y contrataciones. Podríamos decir, que a esta dentista y mamá soltera le fue bastante bien.

Esta frase recibe en ingles el nombre de understatement, con varias traducciones al castellano y ninguna totalmente satisfactoria. Podríamos describirla diciendo que es una manera de “quedarse corto”, de decir lo que se piensa exagerando “para abajo” (la exageración “para arriba” se llama hipérbole).

Para ilustrar a las colegas, damos una definición: figura del lenguaje en la que quien escribe o habla deliberadamente hace que una situación aparezca como menos importante o grave de lo que es.

En The Catcher In The Rye, de J. D. Salinger, su adolescente protagonista Holden Caulfield dice: “Tengo que hacerme una operación, nada serio, un pequeño tumorcito en el cerebro.”

Y de una de las colegas tan hot que tenemos hoy, un odontólogo que la conocía, dijo: “Sííí, está bastante bien.”

                                                                      H. M.

 

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