Solar, por Ian McEwan

 

Ian McEwan

 

En Solar, Ian McEwan se toma al cambio climático con humor y en tono de comedia, de grotesco, diría yo, y se vale de las peripecias de un Premio Nobel de Física, Michael Beard, quien sería capaz de descubrir cómo producir energía sin dañar el ambiente sin agravar la capa de ozono; pero en su vida personal es un egoísta, bebedor y mujeriego compulsivo, una metáfora de cómo dilapidamos la generosa dádiva de la Naturaleza sin importarnos un bledo los hijos y nietos que pusimos en el mundo. Dijo William Sutcliffe, del Financial Times: “Basta instalarse a leer Solar para que surjan dos rasgos notorios, que es una obra sorprendentemente lograda, posiblemente la mejor hasta hoy, y segundo, que el libro contiene una sorpresa realmente chocante, que no trata del cambio climático, sino que se trata de una comedia. […] Es a la vez divertida y seria, liviana y densa, moralmente comprometida e irónicamente distante, y bien merece su lugar en la gran racha de ficción burbujeante que se inició con Enduring love.”

Así, McEwan se tomó con humor al cambio climático y escribió esta “nave de los locos” que Anagrama publicó a principios de 2011. “En realidad, las novelas dedicadas a ser divertidas a cada paso me parecen bastante opresivas”, explica. “Pero la comedia en un sentido más general, sí. Te permite jugar alrededor de los límites del realismo. Puedes ser un poco más dinámico, tirar un poco la casa por la ventana en lo que se refiere a la trama y ser un poco menos sobrio en la valoración de lo posible”.

Puedo asegurar que he reído y sufrido con este Nobel que me evoca a un Jacques Tati y a un Mr Bean, con la figura del gordo Oliver Hardy. Extraño Don Juan valleinclanesco que seduce y ama y hasta se casa cinco veces, navega amoríos y se hunde en comida chatarra, alcohol y sexo indiscriminado. McEwan define a su atribulado protagonista como "egoísta, bebedor, mujeriego compulsivo, mentiroso, infiel, cobarde y canalla". Un ejemplar que, a pesar de todo, consigue conquistar a las mujeres, que lo ven como "un genio que necesita ayuda" y que puede ser reformado [bueno, todas sueñan con transformar a su hombre].

Beard, después de recibir el Nobel, se paga su elevado nivel de vida con conferencias y tareas de asesoría para empresas. Siente que todo se derrumba cuando su quinta esposa inicia una relación extramatrimonial y él cae en celos que lo conducen a la humillación. Ella lo abandona. Y Beard acepta la invitación a un viaje al Polo Norte, como le ocurrió a Ian McEwan, en 2005, con un grupo en el que se mezclaban los científicos y los artistas para presenciar de primera mano el cambio climático. “Me encantó ese viaje”, comenta. “Mientras los escultores y los pintores se dedicaban a lo suyo, yo hacía caminatas con quien quisiera venir conmigo”.

Pensaba, a pesar de todas las bonitas palabras y las buenas intenciones expresadas en ese viaje y declamadas en reuniones, que “a lo mejor la naturaleza humana era cómicamente incompetente para ocuparse de ese problema.” La muy sonada conferencia de Copenhague confirmó sus dudas. “A los líderes mundiales les resultaba inaudito que la ciencia los convocara. Por eso pensé que si alguna vez me ponía con este proyecto, querría escribir sobre un tipo con muchos defectos. Alguien imposible o imposiblemente egoísta”. En efecto, en Solar muestra al Beard como un ser humano que, inmerso en un egoísmo como el global, lleva a su entorno muy cerca de la desaparición.

(Para dar un toque mundano a esta reseña, diré que del boom literario de la década de 1980, fue el autor que más tardó en estar entre los autores más leídos del país, pero hoy en día es sin duda el más popular, en buena parte gracias a Expiación, de la que se vendieron más de dos millones de copias, y se hizo Atonement (en inglés), película británica de 2007, dirigida por Joe Wright y protagonizada por James McAvoy y Keira Knightley.)

McEwan señala que aunque Solar trate sobre el cambio climático, no debemos olvidar que es una novela. “La mejor manera de informar a la gente sobre el cambio climático es a través de la no ficción. Existe una extensa bibliografía de obras extraordinarias sobre el tema. Pero lo que quería lograr comunicar era la sensación de lo difícil que va a ser esta tarea. Una vez dicho esto, e incluso después de Copenhague, sigo siendo optimista. El descenso de la producción de petróleo y el aumento de su precio, que será muy doloroso, nos presionará un poco. También pienso que la gente es mucho más adaptable y flexible de lo que piensan los gobiernos. Y luego está la nueva tecnología. Quién sabe, a lo mejor los grandilocuentes sueños de Michael Beard y míos sobre la fotosíntesis artificial, que no es imposible, acaban salvándonos a todos”.

 

                                                                                  Horacio Martínez

 

 

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