Animales literarios

                                          [los libros]…amables compañeros en el viaje de la vida.

                                                                                               Leonardo Padura

 

Este mes, querido lector, después de esta frase joya de Padura que me encantó, le propongo más de un libro, y para seducirlo transcribo lo sustancial de un agudo artículo de la  brillante estudiosa y crítica, Silvia Hopenhayn: Animales literarios.

El perro más listo del mundo  "Los animales son los sueños de la naturaleza", escribió Silvina Ocampo. Hoy hay mascotas por todas partes y de distintas especies.

La soledad de las ciudades incita a una domesticada convivencia, señaló Poe en un cuento al que puso epígrafe de La Bruyere, "Ay, esa infelicidad del hombre de no poder estar solo".

Hablar con un gato se ha vuelto una costumbre tan arraigada como el soliloquio conhttps://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTId7s0PzgGTntkWq9zaJEfFZ-IzYcXAtvuBvjuanNDLLhXWUmFAYvozebV auriculares.  Llevar a un perro de copiloto forma parte de este nuevo escenario.

¿El hombre se animaliza o los animales se están humanizando?

¿Es una cuestión de amor, de soledad o maltrato?

Los animales son figuras recurrentes. Ya estaban en los mitos, la Biblia y las fábulas. La primera fábula proviene de los griegos, la del ruiseñor, contada por Hesíodo en Los trabajos y los días. Luego se difundieron las célebres fábulas de Esopo, y Horacio las viró a la sátira; [U.O. propuso ya la lectura de El asno de oro, de Apuleyo] en el Renacimiento, Da Vinci compuso todo un libro de fábulas que se volvieron relatos populares con La Fontaine en el siglo XVII, recobrando un tono inquietante en la intensa pluma de Ambrose  Bierce a fines del siglo XIX.*

En el siglo XX, Kafka se encargó de propagar los animales más rastreros: topos, ratas, escarabajos. Bichos privilegiados de las hendijas y las grietas, como si escabullirse fuera el único modo de andar en tiempos de guerra y opresión.

En época de totalitarismos, George Orwell escribió Rebelión en la granja (1945), donde los cerdos de este autor se vuelven déspotas y corruptos, homologables a la dictadura estalinista. Más cerca del presente, Stephen King, siempre alerta a las incubaciones del miedo en todas sus formas y fantasmas, escribió Cementerio de animales, a pesar del repudio que manifestó su esposa Tabita, que trató de impedir su publicación por considerarla demasiado tremenda (objeción que obviamente el agente literario de King desatendió).

Por su parte, Clarice Lispector hundió su garra de escritora en el dilema animal. En el cuento "El crimen del profesor de matemáticas", a la hora de ponerle un nombre al perro elige el humano y primordial nombre de "José". Y así lo justifica su personaje: "Te di el nombre de José por darte un nombre que te sirviera al mismo tiempo de alma. Nos entendíamos demasiado. Tú con el nombre humano que te di, yo con el nombre que me diste y que nunca pronunciaste sino con una insistente mirada".

*Varios cuentos de Bierce están relacionados con animales. Aceite de perro figura entre los diez mejores. Puede leerlo al final de este número de U.O. Ojo, es terrible. Como buena parte de su obra.

 

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