Lector romano

(De una imagen en Pompeya)

 

Los enemigos íntimos de la democracia. de Tzvetan Todorov

(Traducción de Noemí Sobregués - Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2012)

 

En este libro, para dentistas con alguna vocación política y por el interés común, leí este par de frases:

Una democracia donde la economía, el Estado y el derecho dejan de ser los medios para el desarrollo de todos forma parte de un proceso de deshumanización….  En lugar de una revolución política o tecnológica, buscaría el remedio a nuestros males en una evolución de la mentalidad que permitiera recuperar el sentido del proyecto democrático y equilibrar mejor sus grandes principios: poder del pueblo, fe en el progreso, libertades individuales, economía de mercado, derechos naturales y sacralización de lo humano.

Con la dimensión de un libro de bolsillo su contenido es de tal magnitud que exige concentración en la lectura, aunque no como para asustarse. El análisis es tan brillante como útil, tan sencillo como necesario al conocimiento. Entre los enemigos de la democracia, destaca el ultraliberalismo actual.

Considerando la controversia entre Pelagio y S. Agustín, que a una fe absoluta en la voluntad humana opone una capacidad limitada del hombre para liberarse de las ataduras, Todorov se inclina hacia lo agustiniano. Tiene presente que la mera voluntad humana, por los límites propios, nos lleva irremediablemente al desastre. De ahí la necesidad de superar los individualismos y luchar en conjunto por el interés común a todos los odontólogos. 

 

 

 

 

 

 

El individualismo, para Todorov, es un defecto en el que hoy incurren claramente todos los neoliberales que en el mundo son, contra el que la libertad debe encontrar límites en las leyes, en la regulación de las sociedades, en el interés común.

Para cerrar, dos párrafos que entiendo muy significativos de una entrevista que le hicieron a T T con motivo de este libro:

La dominación neoliberal destruye el frágil equilibrio de los fundamentos de la democracia, que son la libertad individual y la preocupación por el interés común. En la última década se ha desarrollado una ideología nueva que rompe con eso. Pretende que el único rol del Estado sea desmantelar todas las legislaciones que protegen a los trabajadores para darles lo que se les antoja a los reyes de la economía.

Si el poder político se pone a las órdenes del poder económico estamos perdidos. Nos estamos volviendo igual de radicales que el totalitarismo comunista, ese en el que todo está dominado por el interés colectivo y no queda nada para la iniciativa personal. Nuestro sistema es igual de radical, pero al revés. Está dominado por el interés personal y ninguna intervención del Estado trabaja en nombre del interés común. Eso que llamamos el Estado de bienestar. Pero los gurús dicen que aquello es mejor para la economía. Como si las personas no importaran.

 

 

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