(cómo no recomendar este libro, si de Fauchard se trata, (Emilio Bruzzo) :Fauchard, dentista de la ilustración y enamorado.

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Adiós a Pierre Fauchard, con Cándido o el optimismo, de Voltaire, y muchachas jugando con sus monos

 

Pierre Fauchard fue un buen lector: parte de su biblioteca aparece en el grabado archiconocido que se conserva de él. Fue miembro apropiado de una sociedad que podía imaginar filosofías y perversiones, con el rey como  ejemplo. Probablemente antes de fallecer (1761), leyó la novela , Cándido o el optimismo – la recomendada de este mes –,  que Voltaire publicó en 1759. Incluimos un grabado correspondiente a uno de los pasajes pícaros. Repito una cita que ya usó Universo para Micromegas:

“…dos muchachas completamente desnudas eran corridas por dos monos, a los que Cándido mata, tras lo cual fueron abrazados muy tiernamente por las dos muchachas”

 

El principal inconveniente de la novela de ideas estriba en que el novelista debe escribir acerca de gente que tenga ideas que expresar, lo cual excluye a casi un noventa y nueve por ciento de la raza humana.

 Aldous Huxley

 

Voltaire (1694-1778), o François-Marie Arouet, frecuentador del Café Procope, al igual que Pierre Fauchard y por la misma época, fue un hito sustancial de la Ilustración [ver digresiones],

Cándido o el optimismo surge en su madurez, de su experiencia vital y de sus razonamientos estimulados por las lecturas, y, para beneficio nuestro, todo con un humor ácido que deleita a quien no teme a la irónica verdad de la realidad. En una novela corta, de apenas 100 páginas, plantea las preguntas claves para el ser humano.

Estilo, pensamiento y personajes

El estilo de Voltaire es ágil, a la vez que sencillo y claro, sin dificultades para el lector apresurado de nuestros tiempos. Con cruda ironía, con un humor negro devastador, Voltaire pinta este mundo hostil, de efímera felicidad, repleto de desgracias y tragos amargos por el que  Cándido pasa sin perder su optimismo. Optimismo que ante la fatalidad que lo acosa resulta completamente absurdo.

Hay tres personajes claves:

- El preceptor y filósofo Pangloss. Alrededor de él y de sus principios educativos gira una historia que esconde el pensamiento de Leibniz, punto desde el que Pangloss declara: “Las cosas no pueden suceder de otro modo, porque estando todo hecho para un fin, todo lleva necesariamente hacia el fin mejor”. Es decir, el mundo en que vivimos es el mejor de todos los mundos posibles; todo lo que ocurre ha de ocurrir, así es un mundo totalmente equilibrado, de armonía universal. Todo goza de una perfección que escapa a la vista de mortales como los lectores.

En base a su creencia dc que el mundo es perfecto puesto que Dios es perfecto, Pangloss afirma que todo sucede por algún motivo. En caso contrario, Dios no hubiera creado los fenómenos destructores ni permitiría que acaecieran las “aparentes” desgracias (de las que, por cierto, está repleto el libro).

- La antigua baronesa es una vieja que en su infancia y juventud nadó en la abundancia y en los placeres de la vida. Pero su suerte se trunca siendo joven y pasa penurias mil. A su vejez llega a la conclusión de que lo normal es la desgracia, por lo que no hay que quejarse de ser desgraciado. Va más allá del estoicismo para caer plenamente en el fatalismo.

- Cándido, el protagonista, es intermedio entre los dos anteriores. En su infancia fue educado por Pangloss y cree en la perfección del mundo a pesar de la crudeza de la realidad. Sin embargo, progresivamente, se va debatiendo, cada vez con más vehemencia, entre el idealismo que le dicta su mente y la despiadada realidad que le golpea de continuo y que, prácticamente, lo deja sin aliento y sin esperanzas. Termina sintiendo que el mundo tiene muy poco de bondad y el futuro muy poco de predecible. Y se impone el instinto de supervivencia que tan desarrollado tenía la vieja.

Cándido acaba encontrando la tranquilidad de espíritu (no la felicidad) en la austeridad, en la sencillez, en el trabajo. Todo lo demás (entre ello, “filosofar”) es ocioso, tiempo que se pierde en reflexionar en las causas y en las consecuencias (precisamente lo que hace Pangloss) cuando lo que verdaderamente importa es vivir, disfrutar de los placeres sencillos y aceptar sin más las desgracias venideras, sin pararse a considerar si son justas o no (es irrelevante que la providencia divina esté detrás de ellas o no). La vida es una lucha que no tiene fin hasta la muerte y sólo tenemos una vida para vivir, así que... ¡a vivir! Éste parece ser el último consejo que nos ofrece Voltaire en su novela.

El filósofo francés deja totalmente en ridículo todo optimismo exagerado, el optimismo que se empeña en mantener que todo es magnífico cuando todo es pésimo. Una auténtica epopeya del desencanto y de la fatalidad, una sátira despiadada por su humor cruel – humor al fin – del falso optimismo.

 

Otro personaje es el senador Prococurante a quien Cándido considera una prueba de que existen algunas personas felices. Pero en verdad padece  una infelicidad proveniente de haberlo tenido todo sin llegar a der feliz. Alcanza algún atisbo de satisfacción en la libertad, en poder decir lo que piensa sin tener en cuenta lo que piensan los demás.

Este personaje expone el pensamiento volteriano:

-Desde su anticlericalismo, realiza una demoledora crítica de la religión (especialmente de la católica) y de la autoridad eclesiástica, especialmente a través del suceso de la Inquisición.

- Plasma con naturalidad y enorme crudeza el horror de la guerra.

-El mundo perfecto de Pangloss (El Dorado) es utilizado por Voltaire para criticar el colonialismo y para convencer de todo el mal y sinrazón que supone la jerarquía (tanto civil como eclesiástica) y el dogmatismo.

-Como seguidor del pensamiento del filósofo inglés John Locke y del liberalismo, Voltaire muestra muy poca estima por la monarquía y defiende la igualdad entre los hombres con un personaje (Martín), rotundo y pragmático, que declara: “¿Qué importancia tiene saber con quien se cena, si lo que realmente importa es que la cena sea buena?”.

 

Resumen

…apto para enterarse, aunque sin disfrutar el humor volteriano. Si los colegas quieren, pueden gozar en castellano de esta joyita en; http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/fran/voltaire/candido.htm

 

Cándido se cría en un castillo en la Westalfia, donde  escucha las explicaciones de su preceptor Pangloss. Cándido es expulsado del castillo por haber besado a la hija del barón: la señorita Cunegunda.

Una vez fuera del castillo de Thunder-ten-tronckh conoce a unos búlgaros, que lo invitan a compartir una cena con ellos, por haberse convertido en el héroe de los búlgaros tras citar una frase de Pangloss “todo va del mejor modo posible”. Poco después es encarcelado y azotado por ellos mismos, y está por ser ejecutado cuando el rey de los búlgaros lo absuelve por entender que es un joven metafísico que ignora las verdades de ese mundo.

Escondido, Cándido presencia una batalla de los búlgaros y  trata de refugiarse en una aldea, y se entera de que había sido incendiada por los propios búlgaros y debe huir rápidamente. Escapándose de la guerra, llega a Holanda, pide y consigue  ayuda de varios señores de los castillos.

 

Cuando tropieza con un mendigo y le da una limosna, éste  resulta ser Pangloss, en un estado deplorable. Cándido lo lleva a la casa de un anabaptista para que le curen sus heridas. En un  castillo habita su amada Cunegunda, que había sido atacada y herida por los búlgaros. Al cabo de dos meses de estancia en casa del anabaptista Jaques, viajan los tres a Lisboa por necesidades del anfitrión.

Naufragan. Solo tres, al parecer, logran salvarse. Pangloss, Cándido y un bruto marinero. Cuando llegan a las costas de Lisboa enfrentan un terremoto, una gran catástrofe y Pangloss y Cándido ayudan a socorrer a los habitantes.

Culmina esto con Cándido azotado en un ritual que supuestamente serviría para que la tierra no temblase más. Pangloss fue ahorcado. Luego de esta terrible ceremonia Cándido se aleja arrastrándose y, en el camino, conoce a una vieja, quien le ofreció atención y albergue durante un tiempo. Por la vieja, encuentra a Cunegunda, quien había sido violada y torturada. Cándido y Cunegunda se cuentan sus historias y desventuras. (A Cunegunda la habían matado a la madre, al padre y al hermano. Un capitán búlgaro que se indigno al ver violar a Cunegunda, mató al violador y la toma como prisionera de guerra. Un judío que sentía gran atracción por ella la rescata, y acaba siendo compartida entre el judío y Monseñor el inquisidor.)

Cuando el israelita vuelve asu casa, ve juntos a Cándido y a Cunegunda, entra en cólera y propone un pleito a Cándido, que lo gana. A la madrugada del día siguiente, Cándido sin vacilar da muerte al inquisidor. Inmediatamente, la vieja aconseja huir a caballo hacia Cádiz. Paran en una hostería de Avacena.

En Badajoz son despojados de sus bienes y tienen que vender un caballo para poder seguir a Cádiz. Allí se estaba equipando una flota para combatir contra los jesuitas del Paraguay; los tres se embarcaron hacia América. Por discusiones entre Cándido y Cunegunda, sobre sus desdichas y si sería mejor el nuevo mundo, la vieja se siente obligada a contarles su historia, para que se den cuenta de que no son los mas desdichados.

 

La vieja contó que hasta los principios de su adolescencia había vivido en un palacio, puesto que era hija del Papa y de una princesa. Contó lo bella que era y que su prometido la había engañado con otra mujer, por esto la madre decidió alejarse del lugar por un tiempo. Se embarcaron hacia Gaeta pero en el camino fueron abordados por unos piratas turcos, los cuales las desnudaron; luego la vieja fue llevaba como esclava a Marruecos en compañía de su madre. En una guerra civil en dicho país, su madre murió y ella fue violada; después de huir entre los cadáveres que habían quedado como saldo de esa guerra, la vieja fue encontrada por un hombre blanco.

El hombre, que la lleva para que la asistan, resulta ser un maestro de la infancia. Llevada a Argel y vendida al rey, contrae una peste africana. Va pasando de mano en mano entre mercaderes de distintos países y, finalmente, es llevada a la frontera de Azov que estaba siendo invadida por los rusos. Desesperados los soldados por no tener qué comer, deciden comer una nalga de cada mujer, que es como la vieja dice haber perdido una porción de su nalga. Luego, en Rusia, trabaja bajo azotes, pero al cabo de dos años puede huir hacia Alemania. Terminó sirviendo en casa de Isacar, el judío, donde conoció a Cunegunda y luego a Cándido.

El viaje a América los lleva a Buenos Aires, a la casa del gobernador, con quien se casa Cunegunda. Al día siguiente, arriba un pequeño navío del cual baja un franciscano, quien había robado las joyas que tenía Cunegunda. Cuando el fraile quiere vender algunas piedras precisas, el joyero las reconoce como pertenecientes al gran inquisidor. Ahorcan al franciscano, quien antes confiesa el robo. Sin embargo, un rumor les avisa que está por desembarcar un funcionario tras los asesinos del inquisidor. Cándido debe separarse de la vieja y de Cunegunda.

Cándido había traído de Cádiz a un criado, llamado Cacambo, nacido en Tucumán, y ambos se dirigen al Paraguay, lugar que Cacambo ya conocía. Cuando llegan al primer puesto fronterizo, Cacambo pide hablar con el comandante, y son bien recibidos. Como Cándido era alemán, el comandante (que era hermano de Cunegunda) quiere hablar con él.

Cuando Cándido le cuenta que sus planes son casarse con Cunegunda, el hermano lo llama insolente, y lo golpeó con su espada. Cándido desenvaina la suya y da muerte al comandante. Cacambo le hace poner a su amo las ropas del difunto para que no los reconozcan.

Mientras estaban descansando, los dos fugitivos, oyen unos gemidos, al parecer de mujer. Eran dos muchachas completamente desnudas que corrían como perseguidas por dos monos. Cándido mata a éstos, cuyos cuerpos son abrazados muy tiernamente por las dos muchachas.

Van a Cayena, colonia francesa. En el camino mueren sus caballos y se les agotan las provisiones:; tienen que vivir de la naturaleza. Suben a una canoa que encuentran a la orilla de un río y logran llegar a un lugar habitado: El Dorado. Allí, os niños juegan con tejos de oro y las vestimentas tienen piedras preciosas. Recogen todo lo que pueden. Entran en una hostería y son muy bien atendidos. Cuando los dos viajeros, después de un mes, deciden partir, parten con cien corderos cargados con diamantes y oro.

La historia sigue con muchas más peripecias, tras las cuales, Cándido puede casarse con Cunegunda y propone que el huerto que había comprado, lo cultivaran entre todos.

Finaliza la novela con estas palabras:

 porque cuando fue colocado el hombre en el paraíso del Edén, fue para labrarlo, ut operaretur eum, lo cual prueba que no nació para el sosiego.

-Trabajemos, pues, sin argumentar -dijo Martín- que es el único medio de que sea la vida tolerable.

Toda la compañía aprobó tan loable determinación. Empezó cada uno a ejercitar su habilidad, y la granjita rindió mucho. Verdad es que Cunegunda era muy fea, pero hacía excelentes pasteles; Paquita bordaba y la vieja cuidaba de la ropa blanca. Hasta fray Hilarión sirvió, pues aprendió a la perfección el oficio de carpintero y paró en ser hombre de bien. Pangloss decía algunas veces a Cándido:

-Todos los sucesos están encadenados en el mejor de los mundos posibles; porque si no te hubieran echado a patadas en el trasero de un magnífico castillo por el amor de Cunegunda, si no te hubieran metido en la Inquisición, si no hubieras andado a pie por las soledades de la América, si no hubieras pegado una buena estocada al barón y si no hubieras perdido todos tus carneros del buen país de El Dorado, no estarías aquí ahora comiendo confite de cidra y pistachos.

-Bien dice usted -respondió Cándido- pero tenemos que cultivar nuestra huerta.

 

 

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