Cuento del mes (marzo 2012)

 

 

“Los muertos”, de James Joyce

 

 

Reunión navideña del filme de John Huston “Los muertos”

(o “Desde ahora y para siempre”, en la R Argentina)

 

El diario El País de España publicó (viernes 20 de agosto de 2010), en su Suplemento Cultural Babelia, una clasificación jerárquica con los mejores cuentos del Siglo XX, donde figura este “cuento del mes.

"The Dead,"(Los muertos) es el último y más largo de los cuentos de la colección Dublineses, quizá la más accesible de sus obras, pieza maestra de James Joyce. Es considerado uno de los cuentos más bellamente realizados  en idioma inglés y hasta en cualquier idioma. Es el ejemplo más sobresaliente de los retratos críticos e irónicos que puntó de la vida cotidiana del Dublín de fines del siglo XIX.

Temas principales

Todo tiene una aparente sencillez, con una fiesta donde los personajes se definen por acciones pequeñas, por aspectos físicos como la forma de llevar el pelo, el gesto que se le ha quedado con los años, la manera de inclinarse o de bajar los ojos. Los diálogos son los de una fiesta cualquiera, desordenados, el discurso interrumpido por el ofrecimiento de una bebida, por el saludo de un conocido, por el baile… Y al mismo tiempo se cumple con el protocolo que ordena la celebración, trinchar el ganso, repartir el pudín, saludar y despedir. Una fiesta es necesariamente un momento de los más vitales; sin embargo, el efecto expresivo del frío, la oscuridad y la nieve que caen fuera dan un aspecto fantasmal y como de suspensión a lo que ocurre dentro.

El título señala el tema mayor subyacente, aunque los  críticos sigan discutiendo a qué se refiere exactamente (plural, singular; femenino, masculino, ambiguo en inglés). Para algunos se refiere solo a los mencionados como muertos. Para otros, "muertos" son todos en la fiesta (quizá exceptuando al protagonista Gabriel), y por asociación, todos en Irlanda.

Otro tema, debatido, es la ambigüedad que rodea la  epifanía de Gabriel, en la conclusión de la historia, que se cierra con su afirmación de que debe iniciar su viaje hacia el oeste, que ha sido asociado con la muerte, aunque recientemente prevalece un punto de vista por el cual significaría una renovación en la mirada a la vida.

Lo mismo con la nieve, que en alguna lecturas sería la mortaja que cubre a Irlanda, y en otras representa un blanqueamiento universal, vida renovada y conciencia  expandida.

Un tema trascendente para JJ es la parálisis moral y espiritual de todos los irlandeses. Todo Dublineses tendría una significación mayor que la originariamente atribuida y se está examinando el significado simbólico, la unidad estructural y la base autobiográfica. "Los muertos," en particular, ha merecido un intenso interés de los que hallan esa importancia temática en el final  del cuento, en la presentación del despertar espiritual de Gabriel.

El tema de la muerte se refuerza por constante mención o insinuación. Así, Gabriel bromea al disculparse por su tardanza diciendo que su esposa tardó  "tres mortales horas" en vestirse. La tía de Gabriel declara que es su sobrino preferido, por ser hijo de la hermana muerta. En la pared en la casa de la recepción hay un cuadro de Romeo y Julieta (muertos ambos por amor). Pese a que Joyce muestra la calidez, la confraternización, y el calor de la Navidad, por estas imágenes ronda la sombra de la muerte por detrás del brillo.

En un nivel más profundo, Joyce expresa con una metáfora su visión de Irlanda misma como un país de muertos, donde los recuerdos están más vivos que el presente. Los muertos asumen un gran poder sobre los vivos, hay más finales que comienzos y la vida no es más que un camino hacia la muerte.  Los muertos no son sólo aquellos que están realmente muertos, sino también, aquellos que no han sabido vivir con pasión, que no han sabido disfrutar, es decir, que no han sabido vivir con la mente en que la vida no es eterna.

Gabriel dice en su discurso: …, siempre en reuniones como ésta hay pensamientos tristes que vienen a nuestra mente: recuerdos del pasado, de nuestra juventud, de los cambios [cambios, muertes, algo que queda en el pasado], de esas caras ausentes que echamos de menos esta noche. Nuestro paso por la vida está cubierto de tales recuerdos dolorosos, y si fuéramos a cavilar sobre ellos, no tendríamos ánimo para continuar, valerosos, nuestra vida cotidiana entre los seres vivientes. Tenemos todos deberes vivos y vivos afectos que reclaman, y con razón reclaman, nuestro esfuerzo más constante y tenaz.[…] Mejor pasar audaz al otro mundo en el apogeo de una pasión que marchitarse consumido funestamente por la vida [Esto dicho por Gabriel, al conocer la muerte de amor de un joven, narrada por Gretta.]

Gabriel, instrumento central en la polifonía del cuento, experimenta cambios que comienzan con él siendo el esperado de sus tías, las ancianas anfitrionas de la fiesta, que delegan en él, por su saber, el mantenimiento del orden. Y, de repente, pasa a ser un hombre que pasa la fiesta pensando en el discurso que dará en lugar de tener en cuenta a su tía que canta o las conversaciones; un  hombre consciente de su ropa, de sus frases, del impacto de sus palabras en los otros, de la inferioridad cultural del resto de los asistentes.

Este personaje que esquiva hacer un viaje al oeste de Irlanda, de donde es su mujer, a las raíces de su país, que prefiere recorrer el continente europeo, es el que va a sufrir un cambio, vivir una epifanía; los hechos lo van a forzar ante el espejo para que se vea tal cual es, pese a que intentó evitarlo en todo momento. Si ve algo exterior que le parece  mal, se arregla él su corbata y su chaleco.

 

Resumen (pero mejor lea el cuento)

La acción transcurre durante la Epifanía en la reunión que organizan Julia y Kate Morkan, tías solteronas de Gabriel Conroy. Gabriel, docente y crítico  literario, inclinado más a la cultura continental que a la de su país, Irlanda. Llega a los festejos con una actitud de  desdén por el provincialismo de sus tías y de sus invitados, aunque procura disimularlo. Su egocentrismo se pone de manifiesto varias veces y, sobre todo, con Miss Ivors quien, como bromeando, le reprocha su lealtad a Inglaterra al publicar críticas en el diario probritánico Daily Express, y le dice "West Briton." Calificativo usado contra los irlandeses que simpatizaban con Inglaterra. Gabriel lo toma como un ataque personal e intenta redimirse con el discuros que finalmente será un despliegue consciente de retórica y estereotipos. Casi al término de la reunión, Bartell D'Arcy, un reconocido tenor, canta una vieja canción irlandesa, "La muchacha de Aughrim."

Más tarde, en el hotel, el prestigioso y actual Gresham, Gabriel pregunta a su bella esposa  Gretta, del oeste de Irlanda, qué fue que la distrajo de la conversación general, Gretta le revela que en sus tierras, siendo muy jovencita, conoció a un joven llamado Michael Furey. Éste, tísico, murió tras haber dejado su lecho de enfermo por ir a cantarle esa canción a su ventana bajo la lluvia la noche antes de que ella dejara Galway por Dublín. Gretta murmura, "Creo que murió por mí." Gabriel toma conciencia de su propia pequeñez y de que nunca amó a Gretta como lo hizo Furey. Ella se queda dormida, después de haber estado ahogada en llanto y él piensa, al cierre del cuento, mientras mira por la ventana del cuarto y ve la nieve sobre Irlanda: Su alma se difuminó lentamente mientras la nieve caía lentamente, suavemente, sobre el universo, lentamente como en su último descenso, sobre todos los seres vivientes y los muertos..

 [En el idioma original, hallarán la versión completa en: Dubliners (Twentieth-Century Classics). Hay edición económica en castellano.]

De este cuento, John Huston hizo una fidelísima e inolvidable película, llamada en España Los muertos y en la Argentina Desde ahora y para siempre, protagonizada por la bella Angélica Huston. Lo mejor que he visto en adaptaciones al cine: perfecta. Se hizo asimismo una comedia musical (1999), con Christopher Walken y un elenco excepcional, denominada James Joyce’s The dead, que ganó el Tony Award.

James Joyce's The Dead

                                                H. M.

 

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