La enfermedad y sus metáforas,  por Susan Sontag

 

 Susan Sontag

                                                                                        

La escritora estadounidense Susan Sontag escribió un libro imprescindible sobre la “metaforización” de la enfermedad: La enfermedad y sus metáforas, en 1978. La motivó por su propia experiencia con el cáncer de mama.

Sontag entiende la metáfora no sólo como una figura del habla, sino  como un mecanismo significativo de conocimiento, para comprender el mundo. S.S. fue una de las primeras autoras modernas en señalar que la enfermedad adquiere significado mediante el uso de la metáfora [de la cual ya se ocupará U.O.]

Las fantasías inspiradas por la tuberculosis en el siglo XIX y por el cáncer en el siglo XX y el sida son reacciones ante enfermedades consideradas intratables e incomprendidas (de repente, los dentistas empezaron a ponerse barbijos y guantes), cuando  la premisa básica de la medicina es que todas las enfermedades deben curarse.

De acuerdo con Sontag, “aunque la mixtificación de una enfermedad siempre tiene lugar en un marco de esperanzas renovadas, la enfermedad en sí (ayer la tuberculosis, hoy el cáncer) infunde un terror totalmente pasado de moda.”

En un principio se le asignan los horrores más hondos (la corrupción, la putrefacción, la polución, la anomia, la debilidad); de ahí la metáfora y de ahí a atribuir ese horror a otras cosas.

“Así como se usan otros conceptos o cosas para describir la enfermedad, la enfermedad se usa como una metáfora.”  Se dice que algo es enfermizo —para decir que es repugnante o feo. En francés se dice que una fachada decrépita está lépreuse. Y es que hay una relación de espejo entre el discurso metafórico aplicado a la enfermedad y la misma enfermedad.

Las metáforas de enfermedad pueden ser usadas para describir el desorden, caos o corrupción, como al  decir del comunismo que es ‘un cáncer de la sociedad.’ Es frecuente identificar el desorden social como una enfermedad. “Se proyecta sobre la enfermedad lo que uno piensa sobre el mal.”  Y se proyecta a su vez la enfermedad sobre el mundo”. Así, el Diccionario de Uso del Español de María Moliner define cáncer en su tercera acepción,  como “mal moral que progresa en la sociedad sin que se le pueda poner remedio.”

Otro ejemplo es la palabra apestar, que originalmente significaba contagiar o contraer la peste bubónica, y que ahora tiene adicionalmente otros significados con connotaciones negativas (corromper, viciar, fastidiar y oler muy mal).

[Todo esto, y más, conectado a la definición oficial de metáfora:

1. f. Ret. Tropo que consiste en trasladar el sentido recto de las voces a otro figurado, en virtud de una comparación tácita; p. ej., Las perlas del rocío. La primavera de la vida. Refrenar las pasiones.

2. f. Aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación (con otro objeto o concepto) y facilitar su comprensión; p. ej., el átomo es un sistema solar en miniatura. (DRAE)]

Una de las metáforas más recurrentes en el discurso moderno de la enfermedad es la de la guerra. Según Susan Sontag, “las células cancerosas no se multiplican y basta: ‘invaden’. Como dice cierto manual, ‘los tumores malignos, aun cuando crecen lentamente, invaden’. A partir del tumor original, las células cancerosas ‘colonizan’ zonas remotas del cuerpo, empezando por implantar diminutivas avanzadas (‘micro-metástasis’) cuya existencia es puramente teórica, pues no se pueden detectar”.

Metáforas de enfermedad.-

A lo que antecede, el Dr. Carlos D. Tajer agregó los siguientes párrafos que cierran el tema. O que lo abren para los colegas que quieran asociar estas meditaciones a las enfermedades bucales – aparte del cáncer – como podrían ser la caries o la periodontitis. Véase su trabajo más extensamente en gremiales.

Susan Sontag, en su libro La enfermedad y sus metáforas, exploró la mirada sociocultural de la tuberculosis y del cáncer. La preocupaba la estigmatización de quien padecía la enfermedad. Frases como “si tiene un cáncer, es por algún conflicto psicológico” y “si padece tuberculosis, es por su claro carácter tísico”.

Los pacientes devienen culpables de las enfermedades que padecen, casi delincuentes [más de un colega se ensaña con el carioso o piorreico que, se supone, no se cepilla bien]. Esta crítica es sustancial y sólida, pero adolece de una limitación. Las metáforas se asocian con determinados estados emocionales con repercusión biológica, se relacionan con las enfermedades. Es  comprensible evitar estigmatizar y culpabilizar al padeciente, pero hay que mantener una mirada abierta a la comprensión de la relación entre emociones-cultura y enfermedades.

 

 

 

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