Historia de la lectura

Una historia de la lectura, de Alberto Manguel

El autor nos cuenta más profusamente que Cyril Connolly -- el de The unquiet grave – , pero no tan profundamente, sus inicios en la lectura, los libros que le han acompañado, el vicio compartido con otros lectores o el vicio solitario, cada lectura que le llevó a otra y ésta a otras. El libro resulta una joya por sus ilustraciones y porque no tiene desperdicio. Si usted es un lector que se precia de serlo, debe leer esta repujada joya. (Si es consumidor de best-sellers, absténgase. O iníciese en un mundo fascinante ). Es una obra con más de 600 páginas,  gran número de láminas, ilustraciones, retratos y fotografías en un papel de gran calidad donde se convierte la lectura en un acto en el que participan casi todos nuestros sentidos. 

Ofrece una suerte de guía de lectores de todos los tiempos y sus historias: san Ambrosio, uno de los primeros practicantes de la lectura en silencio, Diderot y sus ‘novelas picantes’ con poderes terapéuticos, Borges y su gusto por convertir a cualquiera persona cercana en su herramienta de lectura… ‘Una historia de la lectura’ es una exquisita fusión de estudios clásicos, historia, psicología, memorias y anécdotas fascinantes.

Alberto Manguel habla de los inicios de la escritura, de las tablillas de arcilla de Sumeria, del poder de los escribas, de los reductos de saber en que se convirtieron los monasterios durante el oscurantismo de la Edad Media. Recorre — no muy ordenadamente — las primeras bibliotecas (Babilonia, Alejandría, Constantinopla), donde el ruido de los rollos debía de provocar enorme estruendo.; con el frágil papiro; el códice —fajo de páginas encuadernadas—, que confiere al cuaderno una nueva sensación de totalidad y que se atribuye a Julio César; el pergamino, antecedente del papel, que aparece en el siglo XII. Incluye  la revolución Gutemberg, la lectura como acto social, la traducción de textos y hasta los ladrones de libros. Todo muy interesante y expuesto de manera clara y poco farragosa, lo que hace muy atractiva la lectura del libro.

Cuenta el valor de la lectura en voz alta: la del autor para que su texto le revele sus luces y sus sombras, para emocionar al público lector (Dickens era maestro en tal rito) o para promocionar el libro (desde las lecturas que narra Plinio, que duraban hasta cuatro días, hasta la actual lectura anglosajona de una novedad editorial.

Manguel , con convincentes y reveladores argumentos, nos muestra la importancia del lector en ese proceso de creación que es la escritura. El lector es su destino y a la vez su origen. El lector “auténtico” debe exigir calidad, no debe entrar en ese comercio en que la literatura y la edición se están convirtiendo en esta sociedad de consumo.

Considera que en toda creación escrita (literaria o no) el lector es el destino y la vez su origen. Nos invita a ser lectores auténticos, comprometidos, exigentes, insatisfechos y reivindica la acción privada de leer, no sólo como herramienta de saber.

Escribió: Quizá pudiese vivir sin escribir. No creo que pudiera vivir sin leer.

 

Biografía.- Alberto Manguel nació en 1948 en Buenos Aires, reside en Canadá. Es escritor, traductor, editor, crítico literario y colaborador habitual de importantes diarios y revistas.

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De la mano de una multitud de citas el lector reencuentra a los miembros de esa familia muy poco numerosa que adora la lectura y que se reconoce cuando habla de un vicio cada vez más solitario en estos tiempos del homo videns y del creciente analfabetismo literario.

Disfrutemos la manía de la imaginación y el pensamiento.

[Helena Béjar y Miguel Ortiz aportaron el meollo de esta nota]

[terminando esta propuesta de lectura, leí la nota que incluyo a continuación, de una crítica literaria a la cual sigo con gusto, Silvia Hopenhayn , es del miércoles 18 de abril de 2012 y otra de Loreley Gaffoglio del 24 de abril]

 

 

 

A los ocupados lectores

Por Silvia Hopenhayn  | Para LA NACION

 

La agenda de hoy debería cambiar de objeto. Ya no se trata de una novela o de un autor. La ambición es mayor y responde a un deseo fundamental para que los libros sigan existiendo: la lectura. Se titularía, pues: "Leer en agenda".

Hay una cita que sirve de excusa: el encuentro internacional "Cómo seguir leyendo", que comienza el próximo lunes en la Feria del Libro. Se trata de tres conferencias magistrales sobre la lectura en el siglo XXI, que dictarán, sucesivamente, Alberto Manguel (autor de varios libros sobre el tema, como Historia de la lectura , en el que combina historiografía, pasión y curiosidad literarias); el chileno Carlos Peña, y el especialista en tipografía Rubén Fontana. A esto se agrega la visita de uno de los escritores que más promueve la lectura en Francia, a su manera incisiva y gratificante, Daniel Pennac, autor de la exquisita novela La pequeña vendedora de prosa , entre muchas otras de igual calibre.

La conferencia de Manguel lleva en su extenso título la siguiente consigna: "Cómo seguir leyendo cuando parece que nos falta tiempo". Esto abre algunos interrogantes con respecto al tiempo, la memoria y la lectura. Si nos falta tiempo, significa que se lo podría tener? Pero, ¿es posible "tener" tiempo? ¿Qué diría Funes al respecto, adepto a la Naturalis Historia , de Plinio el Viejo, que consta de treinta y siete tomos? El filósofo Derrida, por su parte, escribió un libro titulado Dar el tiempo , haciendo referencia al "don". ¿Leer acaso implica tomárselo? ¿No sería la lectura un acto de comunión, en el que al tiempo se lo brinda? Quizás eso dependa del lector. Pennac recomienda, en su distendido manual de lectura Como una novela , que si al cabo de pocas páginas el libro nos aburre, pues mejor abandonarlo que sentirnos obligados a leer una historia que un desconocido nos quiere contar y no nos interesa en absoluto.

A su vez, escritores de distintas épocas, jugando con sus propios gustos, han postulado candidatos a lectores de variado carácter. Es célebre el final de un poema de Baudelaire en Las flores del mal : "Hipócrita lector, mi semejante, ¡mi hermano!". Severo Sarduy prefirió atisbarlo y lo llamó "hipotético lector". Luis Chitarroni (quien hoy en la Feria recibe el premio al mejor editor del año, otorgado por la Cámara del Libro) ligó ambos postulados y creó su "hipocrático lector". César Aira, en la contratapa de su propia novela Ema, la cautiva, se dirige al "ameno lector", para entrar en confianza y contarle el descubrimiento de una nueva pasión.

Volviendo a la inminente conferencia de Manguel, y por el atractivo interés que suscitan sus itinerarios, quisiera remitirme a una clasificación más remota, pero no por eso menos ajustada. Es la que propone Cervantes en la introducción a Don Quijote , al usar una palabra que hoy en día cambió radicalmente de significado, pero merecería recobrar su estatuto. Una palabra que en la época de Cervantes era más un "don" que una "falta". Así comienza uno de los más bellos inicios de la literatura universal: "Desocupado lector".   

 

 

 

| En la Feria del Libro, para LA NACION

Martes 24 de abril de 2012 - Loreley Gaffoglio

 

La 38» Feria del Libro abrazó anoche uno de sus puntos más altos y vibrantes con la conferencia magistral del escritor, traductor y editor argentino-canadiense Alberto Manguel, encargado de inaugurar el ciclo "Cómo seguir leyendo", la primera de tres ponencias sobre la experiencia de lectura en el siglo XXI: "Por qué el faraón rechazó el regalo del dios o cómo seguir leyendo cuando parece que nos falta el tiempo"

 

Manguel durante cuatro años fue el encargado de leerle ficción a Borges, tuvo una fecunda asociación con el editor de Galerna, Daniel Schavelzon, y trabajó como lector profesional de otras editoriales de prestigio, como Gallimard y Les Lettres Nouvelles en París.

 

"La palabra debe dejar que las ideas que transporta sigan su corriente, que ejecuten falsas maniobras, que caigan en contradicciones y reveses, que cometan errores. Sin esa fluidez, sin esas indecisiones y retracciones y nuevos inicios no hay pensamiento vivo, no hay creación intelectual, no hay arte" "Ser lector -prosiguió- significa asumir un poder extraordinario: el poder mágico de encontrar en esa biblioteca universal palabras para nombrar nuestra propia experiencia."

 

"Toda sociedad se define a sí misma a través de prescripciones y fronteras. La tarea de los poetas [de los artistas en general] es transgredir esas fronteras e ignorar esas prescripciones, incitar a revisar las versiones oficiales y cuestionar los dogmas", afirmó.

Para las sociedades de consumo, dijo, "un verdadero lector es un mal consumidor, porque puede reflexionar sobre lo que lee, y quien reflexiona no compra las imbecilidades que el mercado nos ofrece".

Para las sociedades totalitarias, prosiguió, "el lector es un mal ciudadano porque puede cuestionar la autoridad narrativa". Y puso como ejemplo Los versos satánicos , de Salman Rushdie, libro condenado por el Corán sin ser leído. Y, para sorpresa del auditorio, sumó al Quijote , prohibido por la dictadura de Pinochet, "porque promulgaba una defensa de los derechos del individuo".

 

Le atribuyó al "verdadero lector" un tipo de poder especial: el de descubrir en palabras ajenas "nuestros propios temores, pasiones y dichas" y "el de entrever, en todo aquello que el lenguaje no llega a nombrar, la intuición de una realidad que nunca entenderemos por completo, pero que, sin embargo, es la nuestra".

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