Teatro del mes (abril 2012)

 

      La señorita Julia, de August Strindberg

 

Es ésta una de las mejores puestas de la Señorita Julia de las muchas realizadas en Buenos Aires. Marcelo Velázquez ha sido muy fiel fiel a las indicaciones y al espíritu del autor. Dejó intacta la sustancia y aun la escenografía y el vestuario, impecables. Condensada y fiel la versión de Enrique Papatino.

Autor: August Strindberg (1849-1912), padre comerciante, madre ex sirvienta, actor, periodista, bibliotecario; ateo al escribir esta obra, después convertido al cristianismo; misógino extremo (aunque casado).

Texto: La Señorita Julia (1888)  es su obra teatral más famosa, plena de innovaciones estilísticas. Naturalista, un paso más allá del realismo, con referencias explícitas a hechos naturales, como la menstruación y otras funciones corporales. Escenografía detallada por el autor, sin candilejas, sin maquillaje. Pero con detalles expresionistas y alusión frecuente a simbologías (pinzón y su muerte), danzas populares rituales (no mostradas en esta versión); omnipresencia del Conde, padre de Julia, y sus botas.

Tema: Lucha de clases, factores genéticos y ambientales en colisión, colapso de barreras sociales en el futuro – que el sexo pretende superar y tropieza con la imposibilidad real de lograrlo en ese entonces.

Personajes: Tres en escena en esta representación.

Julia: odia a los hombres, aunque le atraen como la llama a la polilla, inexorablemente. Traspasa barreras de clase y se entrega al sirviente, sin lograr en verdad quebrar los límites entre ella, hija de un Conde, y el valet – en el fondo, despreciado, por hombre, y por sirviente. Transgresora frustrada, termina quitándose la vida. La actuación de Josefina Vitón (maquillada) no excava en profundidad sus ambivalencias y contradicciones, sus deseos casi de ninfómana y su aristocracia distante. Pero logra transmitir sus tensiones y lo irremediable de su lucha.

Juan: Bebe vino, propio de la clase alta, y rechaza la vulgar cerveza. Es un sirviente que se ilusiona con trepar en la escala social, por ejemplo, poseyendo a Julia. Ha tenido educación y ha rozado ambientes elevados, que le dan un barniz de cultura, capa bajo la cual aparece al rasparlo una ambición carente de coraje, sumisa a la voz del amo. Gustavo Pardi transmite de manera excelente todos los registros, con absoluta naturalidad, y verosimilitud. En esta versión, la acción pasa por él, es el centro, es el movedor aun inmóvil e incapaz de moverse hacia donde desea. Incita a Julia a un suicidio que el director optó por no ponerlo con claridad natural.

Cristina: criada, cocinera, acepta su papel inferior y no pretende nada y juzga moralmente la degradación de Julia. Lo muestra al recoger y oler el pañuelo de Julia, para terminar doblándolo como mucama. Paula Colombo es una Cristina por demás sobria, a quien se le debía haber marcado su condición de mujer del pueblo que no aspira a nada – o nada más que a tener su hombre.

 

Funciones: viernes a las 21 hs. (a partir del 1 de abril, todos los domingos a las 19 hs.)

      En La Sala El Extranjero, Valentín Gómez 3378. Informes: 4862-7400. Entrada $60.

 

                                                     VOLVER