TEATRO DEL MES

 

“¡Como gustéis!”

 

Fue un placer ver al público reír con Shakespeare, como él hubiera querido, como le complacía que reaccionara su público.

Fue un placer oír al público reír con Shakespeare, cuando no lo hacen engolado, gracias al director Jorge Azurmendi en su puesta auspiciada por la Fundación Shakespeare Argentina y que se estrenó en el marco del Congreso Internacional “Shakespare en la Argentina”, en conmemoración al aniversario número 450 del nacimiento del autor. Fue “como les gusta” a los espectadores.

Fue un placer compartir con el público la risa y el “dolor” en esta comedia jocosa de sus meditaciones sobre el amor y el despotismo y los abusos del poder o sobre la búsqueda de la identidad con alusiones bastante claras a una supuesta felicidad en la vida retirada.

El público ríe con Shakespeare, en un texto filosófico, y a la vez musical y poético, con  enredos y un ritmo cambiante que de lento pasa a rápido y termina aun con mayor velocidad cuando aparece el deus ex machina (Himeneo).

Es una comedia donde puede pasar cualquier cosa, sin que Shakespeare se moleste en explicarla — como el exilio del duque o el odio de hermano mayor a menor.

Lo que quizá le resultó divertido al poeta fue, según Isaac Asimov, “presentar escenas tan vívidamente homosexuales hechas de modo que no resultaran ofensiva en el mundo isabelino.”

 Los personajes están magníficamente representados por la bellísima Maia Francia, en Rosalinda (que no tiene por qué envidiar las actuaciones de Vanessa Redgrave o Rosalind Russell), por el lorquiano y brillante Gustavo Pardi, en Orlando, y un elenco muy parejo en calidad. Sobresalen Divina Gloria, como Audrey, Mariano Mazzei, como el melancólico Jaques, Florencia Otero, como la prima Celia y Julián Pucheta, el bufón Touchstone, que está muy bien actuado, sin los amaneramientos y exageraciones habituales. Importante, porque es un personaje clave en el mensaje del Cisne de Avon: es la “piedra de toque” que juzga la calidad de los otros o de lo que dicen o piensan. Asimov escribió que “es por el encuentro con el ingenio de un tonto que se juzga la sapiencia de un hombre.” El público ríe con el Bardo y su Touchstone.

(Un reproche menor al Director: flojos los personajes masculinos representados por actrices.)

Hay mutaciones inexplicadas, como la del duque que en camino a una batalla se convierte en religioso por las palabras de un eremita. Todos terminan  encontrando en sí mismos, otro muy diferente. Se encuentran siendo quizá como a cada uno le guste. Este mensaje  explica el título, no mencionado, que pide a los espectadores que sean “como les guste”, o, como en la traducción castiza “¡Como gustéis!” O que la escribió al gusto de la plebe. Un viaje teatral a veces divertido, a veces doloroso (no demasiado) para llegar a descubrirse el (¿definitivo?) ser.

Coincido con el público que festejó entusiasta un monólogo que dice Jacques, el cortesano melancólico, que estuvo muy bien desplegado. Este vocero filosófico y cínico, contemplativo y observador profundo pinta así nuestra vida.

" El mundo entero es un teatro, y todos los hombres y mujeres simplemente comediantes. Tienen sus entradas y salidas, y un hombre en su tiempo representa muchos papeles, y sus actos son siete edades. Primero, es el niño que da vagidos y babea en los brazos de la nodriza; luego, es el escolar lloricón, con su mochila y su reluciente cara de aurora, que, como un caracol, se arrastra de mala gana a la escuela. En seguida, es el enamorado, suspirando como un horno, con una balada doliente compuesta a las rejas de su adorada. Después, es un soldado, aforrado de extraños juramentos y barbado como un leopardo, celoso de su honor, pronto y atrevido en la querella, buscando la burbuja de aire de la reputación hasta en la boca de los cañones. Más tarde, es el juez, con su hermoso vientre redondo, rellene de un buen capón, los ojos severos y la barba de corte cuidado, lleno de graves dichos y de lugares comunes. Y así representa su papel. La sexta edad nos le transforma en el personaje del enjuto y embabucado Pantalón, con sus anteojos sobre la nariz y su bolsa al lado. Las calzas de su juventud, que ha conservado cuidadosamente, serían un mundo de anchas para sus magras canillas, y su fuerte voz viril, convertida de nuevo en atiplada de niño, emite ahora sonidos de caramillo y de silbato. En fin, la última escena de todas, la que termina esta extraña historia llena de acontecimientos, es la segunda infancia y el total olvido, sin dientes, sin ojos, sin gusto, sin nada. "

Marlowe y Shakespeare escribieron: “¿Alguien amó alguna vez que no haya amado a primera vista?” Así amé esta representación. Concuerdo con ellos.

 

           Como les guste”, de William Shakespeare, se estrenó el miércoles 18 de junio, en el Teatro La Comedia. Rodriguez Peña 1062. Tels. / Informes: 4815-5665. Entrada $130.-

 

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