TEATRO DEL MES

 

El Dragón de oro (Der goldene Drache) de Roland Schimmelpfennig

 

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Los lados oscuros del mundo globalizado, con toda la explotación del proletario y del inmigrante ilegal, codicia y brutalidad aparecen en escena con amarga comicidad, presentados por Roland Schimmelpfennig, contra un fondo de inmigración y odontología ilegal.

RS muestra cómo en estos tiempos todos estamos estrechamente interrelacionados (ver poema de Niemöller, unas líneas más atrás), aunque parezca que el destino de un ayudante de cocina chino, con dolor de muelas, no nos tiene por qué interesar.

Sin embargo, un pelo suyo puede terminar en nuestra sopa, e incluso hasta un diente…

 Si Schimmelpfennig se preguntó cómo escribir sobre el mundo paralelo de los inmigrantes, que confinados a las catacumbas del bienestar, se ocupan de nuestro bajo vientre, ya sea como culí de restaurante o esclava sexual, encontró la manera de responder mediante una serie de cuadros breves sobre la falta de derechos de los inmigrantes ilegales, que no pueden ir al médico cuando los atormenta un dolor de muelas; ni a la policía, cuando son obligados a prostituirse o incluso maltratados hasta la muerte por un “cliente”.

La historia está centrada en un restaurante chino-vietnamita de comida rápida, "El dragón de oro". Allí, en la diminuta cocina, entre hornillos de gas, a un joven chino sin autorización de residencia le es extraído con un alicate un diente que le provoca enormes dolores. Y ese diente pasa, a través de una sopa tailandesa, en la que cayó por equivocación, a la boca de una azafata, cliente habitual del restaurante, donde los vecinos compran platos rápidos para llevar a casa.

Dolorosamente conocido se nos presenta el destino de la hermana del sufriente culí, que cae en brazos del amigo de un comerciante de productos alimenticios, que sólo busca un poco de exotismo. Lamentablemente sin la más mínima consideración. Y algo tan delicado se rompe naturalmente bastante rápido.

Cuando el joven chino se desangra después de la operación con el alicate, es envuelto en una gran alfombra con un dragón y se lo lanza al río. Desde allí nada de regreso a casa, a China, muerto y sin la hermana que había venido a buscar.

En Buenos Aires, en el Teatro Beck

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La mujer que quería otra cosa

El viernes 22 de agosto a las 20.15 hs. se estrenó “La mujer que quería otra cosa”, de Andrea Urman, autora joven primeriza que parece ducha y veterana maestra.

Desde el cielo de los artistas, Ibsen, Strindberg y Chejov  contemplan admirados a su discípula y le prometen (o ella promete) una exitosa carrera. Universo se complace en invitarlos  e insistir en que no se la pierdan. Es más, si recibimos un número satisfactorio de respuestas comentando las notas de gremiales, pagaremos gustosos una pareja de lectores dos entradas para que no se la pierdan.

Como dice Mariano Dossena,  “Un gran desafío y placer presentar esta revelación de nuestra dramaturgia”. Es como un Maupassant teatralizado con fuertes toques de Bolaño y un trasfondo de Benedetti.

Vaticino que esta “Nora” será nombrada dentro de muchos años como hoy lo es su  antecesora ibseniana. Además, podrán apreciar un elenco de pareja calidad y la muy sobresaliente actuación de la peluquera protagonizada por Maria Viau, (con Ana Maria Castel, Roxana Randon, Lucas Merayo y Emiliano Tressols), todos con la diestra  dirección  de Mariano Dossena, a quien ya hemos celebrado en estas páginas.

 

 

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