El colmillo

 

El autor de este poema, casi cuento breve, Ernesto Schoo, es periodista y escritor, crítico de arte y de espectáculos, autor de canciones, de poesías, de novelas, y de cuentos. Esta poesía suya puede calificar como de humor negro, la sonrisa no blanqueada de abril. La poesía es divertida y está bien llevada, pero no me convence Schoo como poeta; un cuento hubiera estado mejor. Opine usted, crítico lector.

Lléguese hasta la cuarta estrofa…  y entérese del sorpresivo final:

 

Luna del suburbio, pecosa y fulera,

Juntito al baldío se pone a brillar,

Y a una sombra larga que en la esquina espera

Detrás de la tapia se la oye cantar:

Yo nací entre tangps y copas

En una familia de lustre bacán,

Mi santa viejita pasaba falopa,

Mi padre era chorro, mi hermano rufián.

Yo estaba regando malvones,

Del lindo canario gustaba cuidar,

Y en mi cielo feliz de ilusiones

Con un novio solía soñar.

Pero un día aquel taura maldito

Por mi senda florida cruzó

Y encendiendo mi corazoncito

Para la milonga nomás me llevó.

Después del bailongo salimos afuera,

Vení muchachita te voy a besar.

Me llevó de un brazo abajo’e la higuera

Y me hundió el colmillo en la yugular.

Siete novios desde entonces tuve,

A todos temblando besé en el zsguán,

No hay nada que hacerle, la sangre me sube,

Los muerdo en el cuello, y chau galán.

Las vecinas al verme murmuran,

“Su beso maldito a siete enterró.”

La culpa no es mía, los novios no duran,

Es este colmillo que los reventó.

 

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