TEATRO DEL MES

El centroforward murió al amanecer

 

Acudan nuestros lectores inquietos a ver cómo Agustín Cuzzani pinta con filosa sátira la dura lucha por la recuperación de la libertad individual y de la justicia social en un sistema de desmesurada injusticia y cruel desigualdad.

Con su escepticismo y amargura, Cuzzani transforma sátiras como ésta en farsas burlescas, atrapantes, y crea el género de la farsátira donde asoman algunas características del expresionismo.

Contrapone teatralmente una situación descabellada, absurda, a una situación verosímil no por cierto cotidiana. Cuzzani, como pocos autores modernos, trata en sus obras los serios problemas sociales mediante el catártico recurso del humor. Me recuerda a Aristófanes, a Fo, a Brecht con su humor negro y cruel – que él mismo define como ánimo burlón.

Prueba de lo antedicho es El centroforward murió al amanecer (1955) donde se produce el ajusticiamiento del futbolista Arístides “Cacho” Garibaldi. Verosímiles el ambiente y el público de la ejecución. Farsesca la colección de personajes que acumula el satirizado magnate multimillonario Lupus (lobo, lobo del hombre): Hamlet, King Kong, Westerhausen, un físico despistado, o la danseuse Nora. El gran empresario – el represor –  se apodera de esos seres humanos y los deshumaniza, ya no se pertenecen, ya son mercancía. 

Al final de la obra y con la soga al cuello, Cacho experimenta una epifanía y proclama que no morirá:

No importa que haya lobos que quieran comprar la sangre y se apoderen de la alegría y la felicidad del hombre. Yo he luchado. He probado mis fuerzas y estoy seguro. Eso... no muere.

 El hombre libre seguirá viviendo en otras personas que, como él, no se dejen embaucar por un mundo corrupto. Mundo en el que Cuzzani caricaturiza cuerpos del estatus como jueces, guardianes, abogados o rematadores. En forma evidente diferencia entre lo bueno (los pobres) y lo malo (los ricos), un pueblo pisoteado al que Cuzzani quiere llegar al con una historia conmocionante.

Cacho, el héroe popular, pierde en un mundo dominado por la corrupción, pero mientras lo ajustician (¿justicia?) la gente contempla la luz del amanecer, de un nuevo día, de un futuro que ansía mejor.

La obra tiene tanta vigencia hoy, en un mundo de capitalismo salvaje, como cuando la escribió Cuzzani. Todo eso transmite la brillante adaptación y dirección del excelente director que es Adrián Cardoso. Supo, además, reunir un elenco que dentro del notorio tono farsesco tan bien logrado consigue emocionar al espectador pese al distanciamiento brechtiano perseguido. Todos los actores, multiplicados en varios papeles diversos, son una muestra del más alto nivel alcanzado por el teatro en nuestro país.

 


 

Ficha Técnica:

Autor: Agustín Cuzzani (1924-1987) -abogado de profesión- es un dramaturgo que proviene del Teatro Independiente (primera obra estrenada por el pionero inolvidable, Onofre Lovero) en la década de los cincuenta en la Argentina.

 Interpretes: Martín Tecchi (Arístides “Cacho” Garibaldi),  Diego Freigedo (Hamlet, Rodríguez y el rematador), Pablo Juan (Lupus),Laura Rossi (bailarina Nora); Raúl David Hochman (el carpintero, un abogado, el Profesor y el verdugo), Miguel Ángel Trotta (Vagabundo), Marcela Chiesa (la tía Dominga, una turista y Sra. Cannis), Bruno Shmidt  (Presidente, King Kong y el detective) y Javier Maldonado (el Guardián, un detective, un hincha, y un acreedor);

Voces en off: Walter “Gol” Saavedra y Gladys Benítez; Escenografía: Magdalena de la Torre; Vestuario: Pablo Juan; Música: Diego Cardoso; Fotografía: Gabriel Reig; Diseño Gráfico: Silkap; Comunicación Visual; Asistencia integral: José Palomino Cortez; Producción Ejecutiva: Florencia Montanucci, Lorena Basar, Adrián Cardoso;

Producción General: La Domènica;

Asistencia de Dirección: Basia Fiedorowicz;

Dirección: Adrián Cardoso.

Prensa: Silvina Pizarro


 

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