TEATRO DEL MES

 

Un texto machista: Las boludas, por Dalmiro Sáenz

Cuando se inició la sección para la odontóloga, la intención de ambos directores fue tener una odontóloga a su cargo. Pero no la encontramos, falta de tiempo, nada de entusiasmo, en fin, que al final quedó en manos de un machista con intenciones de redimirse, pero cada tanto sale la bestia de adentro y por eso hoy van palabras poco feministas en su sección, nada odontológicas, y nada propias (porque son ajenas). Y redondeamos con la cálida recomendación de esta obra teatral, consagrada, pero de título poco apto para “pacapto,” aunque muy en boga. En vez del comentario del teatro que deben ver, les incluimos un texto del propio autor. La obra es para verla.-

  En estos países como el nuestro, dice Dalmiro, con esas pampas carentes de civilizaciones anteriores, en las que nunca un arado va a chocar contra un mármol, las rubias escasean. Escasear es formar parte de la aristocracia de lo poco. Sin embargo, en los países rubios ninguna mujer se tiñe para ingresar en la aristocracia de las morochas, lo cual prueba que las palabras que usted acaba de leer carecen de fundamento.

No es fácil escribir sobre una rubia, se mueve mucho. Pero hablar con una rubia puede ser fácil, aunque muchas veces no valga la pena. Me refiero a una rubia auténtica, no a las rubias teñidas. Las rubias teñidas son otra cosa, son diosas capaces de colocar el cielo de oro de las princesas sobre sus cabezas, como Dios había colocado sobre su piel de mucama los preciosos pómulos de la raza.

Toda contradicción es admirable, emana generalmente de una protesta. Cuando un bebito recién nacido larga su primer llanto nos hace escuchar la primera protesta de la nada ante la prepotencia de la vida. Cuando una mujer se tiñe el pelo, oculta bajo la tintura la protesta que la acumulación del agravio de los años y la memoria le han infligido.

No ser rubia es una actitud; serlo, también lo es. La grandeza del ser humano se manifiesta cuando no permite que su ahora sea igual a todos sus ahoras. Ser rubia teñida es un acontecer, es una forma de mirar el futuro con la nuca, es vengar a todas esas rubias boludas que merodearon en su pasado de boluda. Ser rubia teñida es recordar esa memoria de futuro de su antes, cuando recordaba cosas todavía no sucedidas y que ahora tampoco van a suceder. Pero lo importante no es el suceder sino el ser sucedida, dijo una vez una rubia llamada Mireya, sin saber que no basta con ser sucedida: hay que ser acontecida. El acontecer es obra de uno mismo, no obra de ese Dios que nos creó o fue creado por nosotros.

Cuando una morocha se tiñe de rubia, acontece. Inventa un sol extranjero en su pelo, genera un alba nada sigilosa, deja de estar, ahora es. Su mirar se hace pueril, pero el mirar de los que la miran parece el mirar de un profesor de estrellas o de un traductor de flores.

Las rubias no son para buscar, son para encontrar. Son también para olvidar. Como uno se olvida del aire quieto, a menos que ese aire sea movido por el viento y llene el velamen de los barcos y levante la vista de los hombres en las cubiertas y altere las cejas de los capitanes y, muchas veces, la historia. Olvidar a una rubia es más fácil que olvidar a una morocha y olvidarnos de olvidar a una rubia o a una morocha es el secreto de esos presocráticos que tenían todo el pasado por delante.

Se está representando en Buenos Aires.

Todos los viernes a las 21 hs. se presenta “Las Boludas”, de Dalmiro Sáenz, protagonizada por  Iamna Chedi y Alejandro De Gasperi, con dirección de Florencia Goldstein, en el Espacio Urbano, Acevedo 460. Entrada $60 // Informes – Reservas: 4854-2257 // Facebook: Las Boludas Teatro // Trailer: http://www.youtube.com/watch?v=Tf8m9_wb5wg

 

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