Manual of Operative Dentistry(1896)

Por eso es tan importante que el lector esté preparado para leer. No cualquiera puede leer cualquier libro, asombrosamente, aunque la gente cree que sí. Hay un proceso lector. Y un lector debe formarse desde niño … para que cuando el lector llegue a los libros que te cambian la vida y la cabeza (aquellos que te pueden demoler certezas, amores, lealtades, tronos, religiones, dioses, héroes), esté lo bastante "vitaminado" para poderlo encajar sin que eso lo destruya o lo perturbe. Arturo Pérez Reverte

 

El único libro que puede estar en esta sección es el Manual de Operatoria Dental, de G. V. Black, por cumplirse este mes el centenario de su fallecimiento.

No necesita ni comentarios ni elogios superfluos.

Pero es un placer incluir el siguiente artículo – adelanto del que será publicado en el número dedicado a Black en la Revista del Museo de la Facultad de Odontología de la Universidad de Buenos Aires – para que cada odontólogo conozca al hombre completo que fue Black.

 

G. V. Black, un hombre completo

“árboles” “flores” “cielo” 

G. V. Black (últimas palabras)

No dejó morir en el al hombre; no dejó perecer en él los brotes de arte, poesía y ciencia como habían muerto ya en miles y  miles de hombres.  E. F. Schewe

 

Entró un caballero . . . me saludó con una sonrisa en el rostro, brillantes los ojos, y un cálido apretón de manos 3 Era Greene Vardiman Black, decano de Northwestern, “padre de la odontología científica”, rememorado con reverencia hoy, a 100 años de su muerte, y apreciado en su época por su natural bondad y  carácter sereno.

G. V. Black fue un hombre completo.

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De ese músico, pensador, escritor, amante de la naturaleza, hombre de familia, maestro de su logia masónica, cazador, constructor de barcos, navegante, disertante de filosofía, miembro de sociedades literarias tratará este homenaje a un gran hombre con conciencia de que hay vida más allá del complejo maxilofacial.

Sus orígenes.- Hombre de rancia estirpe, con un apellido de remoto origen anglosajón, aplicado a alguien de cabellos negros, o que vestía de negro, o hasta quizá deshollinador. Los primeros Black, Blacke, Blake, aparecen en Lincolnshire, aun anteriores a los normandos. Fueron convertidos al cristianismo por Paulinus, primer obispo de York, hacia 628, d.C. Los Black pioneros llegaron a EEUU en la primera mitad del s XVII y se asentaron en la costa este, área a la que Black llegó cuando vino al mundo.

Greene Vardiman Black nació el 3 de agosto de 1836. en Illinois, cerca de Winchester, hijo de Mary y William, que era granjero y ebanista).  “Su bisabuelo, el Capitán William Black, fue uno de los primeros oficiales en rehusarse a jurar obediencia a la corona británica.”

Su juventud.- Allí en la granja familiar, donde pasó sus primeros años, nació su interés por la naturaleza. Estaba convencido de que ir al colegio era una pérdida de tiempo: podía aprender más en una hora en los bosques que en una semana en la escuela.

Sin embargo, a su manera, trabajó en la granja: cuando lo enviaban a arar una parcela, araba una fila y después se pasaba un buen rato estudiando las aves, las plantas y los animales, y luego araba otra fila de vuelta.  Repetía: “¿Para qué perder el tiempo en la escuela cuando hay cosas tanto más importantes que hacer?”

Es un haragán y un  simplón, pensaba la familia.  Menos la madre que captaba sus inquietudes y lo llevaba consigo a participar en la cocina.

Los vastos bosques lo vieron pasar con la caña, el rifle y la mirada dispuestos. Observando  la vida salvaje aprendió sus secretos y cómo develarlos. “En el laboratorio de la naturaleza adquirió los métodos del pensamiento claro y de la deducción lógica.”3

Una anécdota lo demuestra. Un medico oculista lo interrumpió cuando trabajaba en su consultorio y le dijo “Esto lo saqué del ojo de un enfermo, ¿me puede decir qué es?”Y le puso un frasquito en el escritorio. Días después volvió el medico a la consulta de Black y le preguntó: “¿Ya sabe qué es?” Sin levantar la vista de la boca del paciente, le contestó: “Sí, es la primera articulación de la tercera pata del insecto de las papas.”

En esos primeros años al aire libre, en las cercanías del predio familiar, el cazador que fue podía encontrar de todo, pavos, zorros, lobos, con cuyo contacto diario se generaría uno de sus múltiples y sobresalientes rasgos, su devoción a la vida natural.

“Su amor por la naturaleza se convirtió en la religión de una vida dedicada a la ciencia”. "Árboles - flores - cielo" fueron las últimas palabras que emitió antes de convertirse en parte del  infinito misterio.”

Sus estudios.- En 1852, a los 17 años, Black se fue a Clayton, Illinois, a vivir con su hermano, once años mayor,  el Dr. Thomas G. Black, médico exitoso, para estudiar medicina con él. Estuvo allí de I853 a 1856, y quizá hubiera seguido, de no ser por dos razones.

La primera, que en 1857 conoció al Dr. J. C. Speer [Spear, Spears], dentista en la población vecina de Mt. Sterling,  que se convirtió en su tutor de odontología.

La segunda, y fuerte razón, fue que se enamoró de Jane Coughener, con quien se casó.

Estudió con Speer varias semanas, hasta que sintió que había aprendido todo lo que él podía enseñarle. No se sabe si se incomodó el hermano por haber Black preferido el “oscuro oficio de la odontología” -- en el concepto de la época.

http://projects.galter.northwestern.edu/gvblack/gvb-photos/GVBOperatory.jpgEs curioso que, a pesar de la falta de una educación formal, haya ganado los títulos de D.D.S. (Doctor en Cirugía Dental), M.D. ('Doctor en Medicina), Sc.D. (doctor en ciencias), LL.D ('Doctor en Leyes).

Su actividad posterior.- En 1857, se instaló en Winchester, Illinois, y fue el primer dentista del condado. Y toda una curiosidad.  Su vida allí fue un éxito. La gente resultó amistosa y su vida de hogar fue todo lo que podía desear.

Hasta que llegó la Guerra Civil. Black se incorporó al ejército unionista.  Sufrió una herida en la rodilla, y debió permanecer largo tiempo en un hospital de Louisville, Kentucky. 

Después de esta experiencia, se trasladó en  1863 a Jacksonville. Illinois, ciudad de 10.000 habitantes, con academias, colegios e instituciones estatales, rica en sociedades literarias y científicas. Sólo dejó esta ciudad, en 1897,cuando fue nombrado titular de Operatoria Dental en la Escuela Dental de la Northwestern. Conservó el cargo hasta su fallecimiento.

En 1863, falleció la esposa por tuberculosis, tras haberle dado un segundo hijo, tras la muerte del primero. El pequeño fue a vivir con los abuelos y el hogar de Winchester quedó deshecho.

Conoció en Jacksonville a Elizabeth Davenport, que había sido estudiante en la Academia Femenina local, dedicada a las artes liberales.  Se casaron el 14 de septiembre de 1865. 

Elizabeth Black era una mujer excepcional de maneras refinadas, personalidad agradable, amable dignidad, con gran intuición, tacto y devoción, excelentes cualidades para acompañar a un hombre de no menos gentil y mesurado trato, con quien supo compartir el tiempo de ocio. 

Un amigo comentó sobre el ambiente familiar: “A la mesa, los temas científicos desaparecían, y sólo disfrutábamos el buen rato de una conversación general en familia.  En todo ello había un aire de refinamiento.”

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Su tiempo de “ocio”.- Su tiempo de ocio nada tuvo de ocioso, sus actividades recreativas fueron casi tan abarcadoras como sus logros profesionales.

Black no fue hombre de una sola faceta. Se interesó, detallada y minuciosamente, por todo cuanto lo rodeaba. De sus conferencias, incluidas las que no se publicaron, se desprende que observaba las nubes, los árboles, la fauna. Estuviera en los bosques cazando o en los ríos pescando, algo siempre captaba que podía coinvertir en interesantes los lugares comunes.3 Estudió todo, embriología, bacteriología, meteorología, histología, patología, mineralogía, metalurgia, zoología, astronomía.

Amó la música. Tocaba el contrabajo, el pícolo, el chelo, la corneta, el piano y el violín. En la iglesia, cantó en el coro con hermosa voz de tenor y ejecutó el órgano, “en un alto nivel, pese a carecer de estudios especiales.”3

Los invitados a las veladas en su hogar,  agasajados por Black y sus hijas, podían encontrarse con que el dentista tocara el violín en una serenata de Schubert, ejecutara un rico repertorio de viejas canciones, o se sumara en violoncelo al piano o a las voces de las hijas, según contó Dunning,2 en 1910, en la cena de homenaje por los 75 años de Black, a la que concurrieron 400 dentistas de todas partes del país.

Dominó idiomas. En francés y alemán alcanzó niveles que le permitieron dar conferencias en esas lenguas en Francia y Alemania; también manejaba el latín.

Pintó y dibujó. Como artista, el Dr. Black tuvo méritos pictóricos suficientes como para que  la gente pudiera admirar los paisajes plasmados por él que decoraban las paredes de su hogar, así como excelentes retratos en tinta.

Esa habilidad para el dibujo permitió que sus trabajos estuvieran ilustrados por su propia pluma. Se técnica para la ilustración convive con una elevada minuciosidad. Los primeros dibujos publicados fueron una cantidad realizada por él en 1871, para ilustrar un trabajo del Dr. T. L. Gilmer sobre fracturas de los maxilares.

Sus vacaciones de verano también salieron de la vulgar monotonía. Con uno o más miembros de su familia, o con amigos, partía lejos de la civilización, a los bosques para acampar, a las montañas para cazar y pescar, o al lago Michigan para navegar.

Diseñó y construyó él mismo una balandra aparejada para atravesar los Mackinac y aguas concurrentes todos los veranos durante quince años. Al barco lo llamó Microbe. Lo  equipó con todo lo necesario para su buen gobierno en los grandes lagos, con la minuciosidad y perfección que ponía siempre. Por el Mississippi navegó hasta New Orleans.

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Los hijos del Dr. Black recordarían muchas vacaciones, a medias, en las que la familia salía al campo, munida siempre de algunos frascos o cajas para de vuelta a casa transportar lo que recogiera de las lagunas o charcos para su estudio microscópico, o mariposas o insectos, que podría examinar con la lupa y después montarlos.

Black escribió. Contó y publicó sus viajes, y además dejó manuscritos aún no publicados que  contienen muchos incidentes muy interesantes de sus viajes.

Black escribió y fue un ejemplo viviente de cómo se debe escribir un trabajo científico, un relato histórico, un cuento o los viajes que tan vívidamente narró.

El hábito a destacar consistió en leer sus artículos científicos a un amigo lego, de la sociedad literaria. Si el lenguaje usado velaba el significado al amigo, lo reescribía hasta que resultara inteligible para ese camarada.

Esto explica la extraordinaria claridad de sus escritos, notoriamente carentes de cualquier  ambigüedad o aburrimiento. ¡Ah, cuánto hay para aprender de G. V. Black!

Su interés por las bellas letras hizo que, mientras vivió en Jacksonville,  nunca faltara a  las tenidas semanales de la sociedad literaria local,  si estaba allí. También leyó disertaciones en ellas.*

El final.- En la vieja granja en que había pasado buena parte de su infancia, G. V. Black, un hombre completo, falleció el 31 de agosto de 1915. Se vio bendecido por acabar sus días en el viejo hogar, la casa que él y sus hermanos habían ayudado a su padre a construir.2 Hasta los ladrillos habían sido cocidos en casa y la madera serrada de árboles del área.2

Sus restos fueron enterrados en Jacksonville, donde había pasado 35 de sus años más activos. 

Para cerrar este paseo breve por la inmensa vida de un gran hombre, corresponde un comentario de él que se hizo en el banquete homenaje de la Sociedad Dental de Chicago, en 1910:

“Fue bueno, generoso, querible y en todos los sentidos una buena persona.” “Es raro que un hombre de tan indiscutible genio deje tal impresión en sus amigos”.

Esto lo señaló en su discurso el Dr. Dunning, aquel estudiante que visitó a Black – mencionado al principio – quien quedó marcado por tanta amabilidad de un decano que casi ni lo conocía, que le pasó el brazo por los hombros, que lo llevó a visitar las instalaciones, diseñadas por Black mismo, para terminar en un cuarto donde le mostró todo el equipo y especímenes, y siguió charlando con él mientras volvía a su labor.

La amabilidad de su sonrisa y de sus modos, y su evidente deseo de poner cómodo a su interlocutor dejaron una impresión que no menguó con los años y que la posteridad debe conocer y reconocer.2

*Apéndice.-Todos los logros de Black estuvieron acompañados por una increíble producción de literatura, nada conectada con la odontología. Como muestra van unos pocos títulos sin publicar de lo mucho que escribió:3Conferencias de química zoológica; El hombre y el desarrollo de las artes,  La base de la moral,  El progreso de la civilización. Las relaciones prácticas entre observación y pensamiento; Los Productos de deshecho del pensamiento; La influencia del hombre medio en la formación de las castas sociales; Saliendo a navegar, Comedor de hombre (cuento)

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