Diccionario de la Real Academia Española

Es poco académico, pero es cierto: “’garrá lo libro que no muerden” o “’garrá el mataburros que no mata”.

Mucha gente no se imagina las sorpresas que puede deparar el diccionario. Por mi parte, descubro cada vez que abro sus páginas cuán mucho es lo que ignoro. Prueben, mis queridos lectores, a abrir las páginas del DRAE al azar y maravíllense ante el universo que desconocemos.

A veces, a nosotros, odontólogos, las definiciones no nos sirven para nada, salvo para alardear de cultos. Otras, podrían servir para enriquecer un poco el paupérrimo lenguaje que usamos en forma oral y escrita.

Para muestra de la inutilidad práctica, un botón muy al caso del tema del mes:

verso (del lat. versus).

1. m. Palabra o conjunto de palabras sujetas a medida y cadencia, o solo a cadencia. U. también en sentido colectivo, por contraposición a prosa. Comedia en verso.

2. m. Versículo de las Sagradas Escrituras.

3. m. coloq. Composición en verso. U.M.en pl

 

Poderoso caballero / es Don Dinero

Sentencia burlona ésta del escritor español Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645). El poema comienza con esa frase y todas las estrofas rematan igual. Cuatro centurias ¡y nada ha cambiado!

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Pero, en fin, mientras siga el siglo con sigilo en esta senda, adaptarse o morir en el intento.

Viene al caso seguir con las palabras de un corresponsal nuestro en México, el Dr. Manuel Farill, autor de un libro reciente, cuyo comienzo ya publicó Universo Odontológico (La Mercadotecnia sirve, pero tiene sus requisitos. Parte I).

Señala el docto mexicano que “si lo que hemos hecho hasta ahora no nos ha dado resultado o el resultado que deseamos y esperamos, es el momento de empezar a hacer cosas nuevas.”

El poderoso caballero justifica su poder en  la mujer y el hombre de la odontología porque, si bien “nuestra profesión es muy digna y respetable, y nos debe permitir vivir con más que decoro … cuando  nosotros y nuestras familias ya no tengamos problemas económicos urgentes, podremos dedicar parte de nuestro tiempo, conocimientos y trabajo a arreglar los problemas importantes de nuestras comunidades que no han sido resueltos hasta ahora por los sectores públicos.”

“Una vez que tengamos resueltas nuestras necesidades, seremos libres de regalar nuestro trabajo a quien nos dé la gana. O regalar nuestro trabajo, pero recibir a cambio los costos en que incurrimos al brindarlo. “

 Decía el Dr. Ignacio Chávez : “…yo pienso que la moral médica empieza allí, justamente en prestar al enfermo el servicio mejor que la medicina ofrezca; en responder a la confianza del enfermo, que se entrega, con los elementos más eficaces que la medicina tenga. Que el límite de la capacidad de ayuda que presta el médico sea el que hayan alcanzado los conocimientos de su tiempo y no el otro, situado muy atrás, que le fije su ignorancia” (Chávez, I., “La moral médica ante la medicina de nuestro tiempo”, México, D.F., mayo de 1964, en Chávez, I., Humanismo médico, educación y cultura, Ed. El Colegio Nacional, México, 1978).

“La odontología que solamente  atiende, extrae y repone y endereza los dientes enfermos ya no existe o pronto desaparecerá, dando lugar a una estomatología comprensiva, completamente científica, holística, que exige y exigirá aún más, de nuestro esfuerzo, de más estudio, de más conocimientos y dedicación, de aprender otras lenguas, de trabajar en equipos multidisciplinarios… ¿Les suena a un futuro lejano? Yo les garantizo que antes de 15 años lo vamos a estar haciendo. Los que escojan no hacerlo serán los empleados de quienes lo adopten.”

“No basta con ofrecer servicios de “buena” o “adecuada” calidad. Estamos hablando de ofrecer siempre odontología de excelencia. El público deja de acudir a buscar los servicios de los charlatanes, que nunca se harán viejos en ninguna profesión. Si ustedes conocen a algún charlatán viejo, es porque se convirtió en charlatán de viejo.”

“Una práctica aumenta mensualmente un número determinado de pacientes nuevos, porque toda práctica tiene una tasa de desgaste, en su número de pacientes. Esta tasa nunca es menor al 25% de los pacientes anuales. Si nuestra práctica mantiene año con año el mismo número de pacientes, en realidad (debido a la mencionada tasa de atrición) se achica, se disminuye. Entonces, para crecer verdaderamente, tenemos que tener tasas mayores al 30% de aumento anual en los pacientes nuevos. Conformarnos con dos o tres pacientes nuevos al mes es estar achicándonos. “

“Retener a los pacientes existentes es más valioso que estar “cazando” constante  nuevos pacientes. Es risible ver a médicos y dentistas ya experimentados “buscando” nuevos pacientes [con recursos no siempre muy limpios]. ¿Y los antiguos pacientes? ¿Por qué no han regresado con ellos?”

“Caso malo es cuando los pacientes no regresan porque ni los llaman, ni a ellos se les ocurre… o ya están atendiéndose con otro dentista. Como hay sobreoferta de servicios odontológicos, siempre hay alguien dispuesto a bajar sus honorarios con tal de tener algún paciente, y peor si nuestros pacientes no notan nuestra buena calidad. “

“ El peor caso es cuando antes de desertar, han hablado mal de su ex dentista, ya que resulta que un paciente que se va descontento se lo dice a 20 personas. Uno satisfecho a secas no se lo dice a nadie (¡Atención¡).  En cambio uno que ha quedado muy satisfecho sólo se los confiesa a ocho. ¡Mundo injusto!”

“Por otra parte, está comprobado que la mercadotecnia interna (aquella que practicamos con personas que ya son pacientes nuestros) es mucho menos costosa que la publicidad externa, llámese Sección Amarilla, página web, anuncios en revistas, o lo más caro, anuncios en diarios importantes o  por radio y televisión.”

 

[En fin, si poderoso caballero es Don dinero, a marketinear sea dicho y, con versos de Góngora, ¡ande yo caliente, y ríase la gente!]

 

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