HISTÓRICAS     

  Utopía histórica

Tomás Moro, nacido en 1478 , fue un renombrado humanista, que desde muy niño había mostrado sus dotes de excepcional inteligencia. Con Nicolás Holt, aprendió francés, latín, griego y música. En 1509, cuando ascendió al trono de Inglaterra Enrique VIII, Moro escribió un poema alusivo. Llamó con él la atención del rey y le fue presentado por el cardenal Wolsey. Pronto el difícil carácter del soberano se dejó seducir por la recia personalidad del humanista y a partir de entonces las conversaciones fueron cada vez más frecuentes y más estrecha la amistad. 

                                

El rey le encomendó diversas misiones diplomáticas a Francia y los Países Bajos, donde concibió Utopía. Fue  presidente de la Cámara de los Comunes y llegó a Gran Canciller en 1522; en este cargo sirvió al monarca diez años, hasta que precipitó su caída un capricho real: el divorcio de Catalina de Aragón que debía facilitar la legalidad de la unión del soberano con Ana Bolena y que Moro no quiso aprobar ni estuvo de acuerdo con el Cisma consiguiente. 

Dimitió en 1532, obligado por las constantes presiones de Enrique VIII quien buscaba su respaldo, por su reconocida condición de hombre honrado, teólogo y legista. Ante la negativa,  que consideró una insolencia inaudita, lo encerró en la torre de Londres pero no pudo doblegarlo. Lo sentenció a cadena perpetua y a la confiscación de sus bienes. Finalmente, fue ahorcado y luego decapitado para exhibir su cabeza en el puente de Londres (camino al Teatro del Globo, lugar habitual de exhibición de cabezas de traidores). Fue beatificado por mártir de la fe católica y el 19 de mayo de 1935, Pío XI lo proclamó santo (apenas 400 años después de su muerte).

                                   

Publicó muchas obras, algunas de ellas polémicas y fue amigo epistolar de Erasmo de Rótterdam. Pero la obra que lo consagró para la posteridad fue Utopía, para cuya consideración (incluida la medicina) invitamos al lector a la sección de DIGRESIONES.

 

                                              Horacio Martínez

                                             VOLVER