HISTÓRICAS     

  Usuras dentarias 

Micheline Ruel-Kellermann emprendió un viaje a través de los siglos, desde el despertar de la conciencia, para conducirnos a lo largo del desgaste (“usure”, nunca “abrasión”, dice) de los dientes, en cuanto se debe al efecto del frottement des dents entre elles lors de la mastication, frase que no necesita traducción. Desde Aristóteles se piensa que ese desgaste es compensado con la erupción ininterrumpida de los dientes, concepto que perdura hasta justo después de Fauchard.

Aun cuando, desde Hipócrates y Galeno, que definía el diente como un hueso privilegiado, los escritos reconocen los desgastes y los frotamientos, sólo en el Siglo de las Luces reconoce con claridad la relación de causa y efecto. Algo antes, Ambroise Paré aún mantenía que los dientes tienen un crecimiento continuo, por el frotamiento y por el uso y los alimentos abrasivos (como les sucedió a los egipcios con el pan). Se lo lee asimismo en el Dictionnaire Universel de James (1746-1748), traducido del inglés por Diderot. El prócer odontológico inglés, John Hunter, en su Historia natural de los dientes humanos sigue convencido de que los dientes crecen desde el nacimiento hasta la vejez.

Rabelais, en su Pantagruel, cuenta cómo rechina los dientes uno de los gigantes de Loup-Garon y, de sí mismo, hablando con Carpalin, dice: “Además, estoy constipado del vientre y no puedo c.... sin apretar bien los dientes.” Con esto estaba marcando este médico escritor la existencia del frotamiento diurno, su valor emocional y su carga de agresividad.  Lo mismo dijo Héroard, médico de Louis XIII, en el diario donde consignó todas las minucias de su pequeño paciente y conectó el hábito con manifestaciones de excitación, de agresividad: “de pronto entra en cólera y rechina los dientes...” Dos contemporáneos de Fauchard, Bunon y Bourdet atribuyen al rechinamiento una gran cantidad de males y este último marca el gran ruido que se produce al frotar los dientes en el sueño, los que quedan destruidos a veces hasta la raíz. Igual experiencia cuenta Honoré Gaillard Courtois, quien expone el caso de un médico que había gastado los dientes hasta las encías y padecía gran sensibilidad al frío y al calor. Es una pena que como tratamiento usara un hierro al rojo. Mahon, en un paso previo a la relación entre boca y carácter, dijo que hay casi siempre ocasión de creer en los bruxómanos como gente de cierta delicadeza del sistema nervioso. Es un paso hacia la psicosomática del rechinamiento.

Aristóteles sostuvo que “por los dientes se puede pronosticar la vida, el carácter, las cualidades y los defectos”, como lo afirmó también Plinio. Quizá por eso el filósofo Jamblique no aceptaba discípulos sin antes revisarles la boca. Y el artista Charles Le Brun, creador de notables dibujos, acentuó en ellos la expresividad de la cara, con acento puesto en la boca.

En 1775, Johan Caspar Lavater, un pastor protestante de Zurich, hace un sistema de esa investigación del alma por la fisonomía, donde los dientes entran como clave en su análisis. Merece que transcribamos algunas líneas textualmente: “la boca es a un tiempo asiento de la sabiduría y de la locura, de la fuerza y de la debilidad, de la virtud y del vicio, de la delicadeza y de la rudeza del espíritu humano; asiento de todo amor y de todo odio, de la sinceridad y de la falsedad, de la humildad y del orgullo, de la verdad y del disimulo [...] el mal estado de los dientes se debe, ya a una enfermedad, ya a una mezcla de imperfección moral [...] quien no cuida sus dientes, que no se molesta en atenderlos, traiciona con esa sola negligencia sentimientos que no hacen honor al carácter.”

  A comienzos del s. XIX, Jopseph Lemaire insiste en la importancia del tema y Francois Maury se destaca por proponer una especie de placa de alivio, de protector, por medio de un trozo de tela u otro elemento suave que evite el hábito (Traité complet de l ‘Art du dentiste 1828). Un siglo más adelante, la psicoanalista Marie Bonaparte afirma que “se frotan los dientes cuando se quisiera morder y no se puede.” Hoy el estrés viene a coronar estos conceptos de usura dentaria.

 

                       Horacio Martínez

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