HISTÓRICAS     

     La Real Sociedad Científica

La amigable sociedad científica que hoy formamos en Internet es mucho más amplia y de rápidos contactos que las primeras, pero bien estaría rememorar éstas en tiempos en que los valores están totalmente subvertidos y olvidados. (Véase en nuestro SITIO JOVEN una nota al respecto.) En una época en que publicar responde a la frase yanqui publish or perish, es decir, no siempre para comunicar sino para engrosar el currículo, podríamos rever ese origen que honró al ser humano..

A principios del s.XVII, en Europa, los científicos y amantes de la ciencia comenzaron a reunirse para intercambiar sus conocimientos en una suerte de “congresos” avant la lettre. En Roma, por ejemplo, Galileo, ese muchacho caprichoso (e pur si muove), participó de la Academia dei Lincei, fundada por nobles inquietos. E igual en Florencia, en París (con Descartes y Pascal) y en Inglaterra, donde germinó un par de grupos.

En 1645, destacados científicos se reunían semanalmente con un gran matemático, John Wallis, inspirador de algunas de las concepciones matemáticas de Isaac Newton. Otros lo hacían con Robert Boyle, químico de teorías aún hoy vigentes, además de  filósofo y físico. Christopher Wren, astrónomo, geómetra y arquitecto creador de la Catedral de San Pablo, en Londres, se integró al primero. Y dio una conferencia inaugural cuando ese grupo fundó la Royal Society, el 28 de noviembre de 1660. La siguió la Académie Royale des Sciences, fundada en 1666.

Carlos II, con algunas reticencias ideológicas, dio nombre a la nueva sociedad inglesa: The Royal Society of London for the Promotion of Natural Knowledge. Ésta se desarrolló bajo la profunda influencia de Francis Bacon -punto de partida de la ciencia basada sobre hechos y no teorías u opiniones o dictámenes de filósofos- quien había ya propuesto algunas décadas antes que se formara una sociedad de científicos.

El primer secretario de la Royal Society fue Henry Oldenburg, un hombre considerado difícil por haber, por ejemplo, contribuido a la discordia entre Hooke con Newton, y con Huygens, y Newton con Leibnitz; Boyle lo llamó “mercachifle de filosofía”, y fue, sin embargo, el primer director de las Philosophical Transactions de la Royal Society. Comenzó como centro de recepción y difusión de la correspondencia científica entre los miembros de la Sociedad, que pasó a ser fácilmente centro de informes cuya serie recibió el nombre mencionado, verdadero núcleo enciclopédico de los conocimientos y técnicas de la época. Con tales Transactions quedó sentada la pauta de que el científico ha de dar a conocer sus progresos en un trabajo intelectual.

La publicación de las investigaciones requirió la adopción de un lenguaje que pudiera ser compartido, como el de las matemáticas. Desde un principio, en las publicaciones de la Sociedad, se enfatizó que lo importante es ser claro, ordenado y conciso. Sus miembros fueron exhortados a que informaran sus observaciones “sin amplificaciones, digresiones o hinchazón de estilo: volver a la primitiva simplicidad y brevedad, cuando el hombre podía aportar tantas cosas en igual cantidad de palabras.” Y ponían énfasis en que “todos los miembros escribieran de una manera desnuda, natural, con expresión positiva, claros los sentidos, con facilidad que se acercara a la sencillez matemática.”

Con el tiempo, se produjo la explosión informativa, porque se publica mucho más que lo humanamente legible y aparecieron publicaciones destinadas a resumir los informes para facilitar la divulgación y aplicación de los conocimientos. En lo nuestro, existió Oral Research Abstracts (a la que perteneció uno de los directores de Universo) y todavía sigue en pie Dental Abstracts (ambas de la ADA) y las revisiones de la literatura, tan útiles. Desde esta revista digital procuramos hacer nuestro aporte para despejar el ambiente y para ayudar al clínico, por lo cual damos esencias, sinopsis y otras secciones donde la información aparece condensada y simplificada. Así seguimos escribiendo la historia, en píldoras digeribles.

                                Dr. Horacio Martínez

                                Dr. Emilio Bruzzo

 

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