HISTÓRICAS     

 

 

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Los proletarios del torno en 1810

 

El contenido de esta historia pertenece, esencialmente, a un excelente trabajo del

Dr. Juan Manuel Castro, publicado en la Revista del Museo (FOUBA), en junio de 1995.

 

 

En la gran aldea del siglo XVIII, en esa Buenos Aires romántica, la de mujeres con altos peinetones y amplios miriñaques, de miradas ruborosas ocultas detrás de los abanicos. De caballeros de paletó y galeras, de capas y embozos. De casas coloniales con verjas de hierro forjado, de grandes patios con cestas de flores. De saraos brillantes, donde imperaban el “rigodón'' y los “lanceros' De carruajes con troncos enjaezados. De reuniones donde la cortesía, la espiritualidad y el buen decir se conjugaban sin alardes. Donde junto a ese mundo se encontraban también los mestizos, esclavos, los negritos faroleros, la vendedora de pastelitos y quesillos o dulces de cuaresma. Los vendedores ambulantes de percales y otras mercaderías que ofrecían con alegres cuartetas o gritos destemplados.

 Dama Porteña

 

 

A muchos años de esa época, apreciamos el conglomerado de una población que, en 1778 era de 24000 habitantes, con casi 16000, blancos, la salud estaba en manos de  9 médicos, 2 cirujanos extranjeros con 5 sangradores (3 españoles y 2 mulatos) y 43 barberos (30españoles, 9 mulatos, 2 negros, un mestizo y un indio). EI Virrey Cevallos, en 1777 exige por bando Ia presentación de títulos a médicos, cirujanos y boticarios.

En 1780, durante el virreinato de Vértiz, se crea el Protomedicato, institución de antigua data en México y Perú, que fue abolida en 1822; consistía en una especie de registro de todos aquellos que podían ejercer el arte de curar en todas sus formas, limitando así el charlatanismo y acordando licencia para ejercer a médicos, a cirujanos, sangradores y boticarios, previo examen o presentación de licencias.

En 1801, organizó los primeros cursos de medicina. EI primer protomédico hasta 1816 fue el Dr. Miguel O'Gorman, un prócer de la medicina argentina.

Los sangradores y barberos fueron en ese concierto nuestros antepasados odontológicos, junto con algunos dentistas extranjeros que sentaron sus reales en estas tierras.

El sangrador de oficio ocupó en la medicina colonial un capítulo importante y se los consideró hasta socialmente bastante bien.

Tenían varias funciones, como se pueden ver aclaradas en el diploma de sangrador otorgado a Juan Bautista Terrada por el Protomedicato, en 1871 , que decía: “´por ser hábil y capaz en la teoría y en la práctica de dicha arte, lo mismo en el modo de sajar, poner ventosas y sanguijuelas y sacar dientes y muelas''.

Moda

A partir de 1780, se otorgaron mochas habilitaciones similares y también se trató de prohibir la actuación de charlatanes y barberos, tanto es así que en un momento los sangradores de oficio amenazaron al Protomedicato con exigir la devolución de lo pagado por sus legalizaciones, si no se perseguía a los competidores sin título.

Los barberos hacían competencia, considerada desleal, a los que poseían la autorización. Era bastante común ver en las vidrieras de peluqueros ristras de dientes y muelas, como propaganda de su experiencia. Anotamos que una parte de los barberos eran esclavos.

 En este panorama aparece la primera licencia acordada a un profesional Dentista para ejercer en el Río de la Plata, y dice: “En vista de los documentos presentados, se le concede licencia para ejercer su profesión, mientras resida en ésta, a Don Gabriel Ronsil, cirujano romancista y dentista, teniendo entendido y con la precisa condición de haber de enseñar a todos los que se lo pidieran, el método de sacar dientes y muelas, como también limpiar, plomar y curarles en sus diversas enfermedades de que está instruido y de las que tanto se carece en todas partes.

Firmado: Don Miguel O’Gorman

Montevideo. 26 de febrero de 1782''.

 

La práctica de la odontología durante la época colonial – dice Bagur - se limitó a las extracciones y a una variada, compleja y a veces risueña medicación. Se utilizaban  juiciosamente las propiedades de algunas yerbas medicinales y algunas recetas curiosas, con pases de magia a través de los charlatanes. Es casi imposible deslindar lo usado por los médicos y sangradores de oficio y los conocimientos populares impregnados por el poder de los astros, plenilunios y horóscopos, que influían en la vida diaria de Europa.

 

Se aunaban las supersticiones medicinales con la cura de palabras. rogativas a Santa Apolonia, pases mágicos, panza de sapo macho, etc.

De un recetario muy popular en su época (Recetario del Dr. Mandoutti), se pueden transcribir algunos consejos:

Color de dientes: toma harina de cebada y sal blanca, partes iguales, y te refriegas con ello los dientes una vez al día y los pone blancos.

Dolor de muelas: cebolla mojada con vinagre y sal, refriega las muelas y dientes que duelen.

Muelas ahujereadas: lávate con aguardiente fuerte y después hecha al ahujero un poquito de apio y al punto se quita" Peinetones

Junto a estas recetas hay otras que se refieren a las bondades de la yerba mate, atribuidas al jesuita Asperger, de los palillos del árbol Sangre de Drago (mondadientes), que se exportaron inclusive a Europa.

El famoso Ungüento de Liniers era un licor vendido en la botica de Don Pedro Gutierrez Bueno que tenía múltiples aplicaciones, pues tanto se ponía en el caño de la nariz opuesto al diente que doliera, como se podían hacer enjuagatorios o si no ponerlo directamente en el agujero de la muela, lo más cerca posible del nervio que la nutre.

Ya en plano diferente comienza a actuar el dentista, hace exodoncia, prótesis y dentistería; tiene ideas sobre ortodoncia, conoce algo de patología bucal, los problemas de la dentición; da importancia a la higiene ducal, todo ello sobre bases anatómicas y fisiológicas.

Instrumental con que contaban nuestros antecesores.

Para sacar muelas y dientes disponían de unas pinzas especiales, llamadas Pelícanos o el gatiIlo, o la famosa llave de Garengeot,  que podríamos con un extremo móvil, que se podía adaptar al tamaño de lo que tenía que extraer. De más está decir que con ese instrumental lo que se lograba era tomar la muela, encía y hueso, pegando un arrancón más o menos hábil y diestro.

Otra función de mucho éxito de los colegas de antaño era el limado de aristas y bardes cortantes, hechos con unas limas de mano de diversos tipos y tamaños; operación que según relatos era molesta en sumo grado.

 

Es extraordinaria la variedad de dolores clásicos; se vendían en boticas, relojerías, tiendas, etc. una gran cantidad de dentífricos v elixires; en una palabra, es “el primer remedio indicado en todas las inflamaciones''

 

El segundo dentista del que existe documentación, que se instala permanentemente en Buenos Aires y Montevideo es Don Benito Ramírez. Ofrecía dientes postizos no de cadáveres, destacando la ventaja de usar los de animales pues resguardan el esmalte aunque no se los saque para comer ni dormir''. Ejerció la profesión durante largo período y de quien, en la Gaceta Ministerial del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, encontramos el siguiente anuncio: “Aviso al público; se halla en esta ciudad un profesor dentista, que con la mayor delicadeza y finura quita los dientes, muelas y raigones, por más difícil que sea su extracción y con muy poca incomodidad del paciente.” Etc etc.

En 1823, aparece Santiago Antonio, dentista y relojero… Pero la historia de los proletarios del torno de 1810 llega hasta aquí… Por ahora…

Yapa proletaria: En el libro Historia de la vida privada en la Argentina,  Mariquita Sánchez cuenta, por ejemplo, que era común ver a los pobres con los pies desnudos;así surgió lachancleta: "La gente humilde andaba descalza (...) Los ricos daban los zapatos usados a los pobres y estos no se los podían calzar, entonces entraban lo que podían del pie y arrastraban lo demás".