HISTÓRICAS     

  Los hermosos dientes de San Martín

No me han cansado hablando de los dientes de San Martín como lo vienen haciendo con los de Washington. Me permito deducir que los dientes del prócer argentino no llamaban la atención, que tenían la belleza de la salud y de la naturalidad.

Por si algún lector no tiene presentes los dientes postizos de Jorge Wáshington, ya de entrada le diré que no eran de madera, como se anduvo murmurando. Tampoco los próceres eran de madera, ni de bronce, sino de carne y hueso… y dientes, claro está.

Cuando George Wáshington, a los 57 años, llegó a la presidencia de USA (1789) le quedaba un solo diente en la boca, un premolar inferior izquierdo. Debió usar varios juegos de dentaduras de marfil de elefante o colmillos de morsa.

Para terminar de aclarar la cuestión del material del comedor artificial, recientemente se reunieron investigadores en Baltimore para realizar escaneos con láser a las prótesis que se conservan en el Museo Nacional de Odontología, sito en esa ciudad. Procuran dar una imagen total más exacta de ese prócer local que medía casi 1,90 m.

“Era el más atlético de los fundadores del país, el más aventurero, un hombre de acción,” dijo James C. Rees, director de la casa de Washington en Virginia. “Además, no era aburrido como supone mucha gente.” [Por lo que tengo oído, a los que aburrió fue a sus dentistas, a quienes escribía cartas de continuo sobre la cuestión de sus prótesis.]

Pese a sus retratos que lo muestran muy seriote, habría sido buen bailarín y jinete. El problema es que empezó a perder los dientes a los 24 años y siguió a un ritmo de uno por año. Los cuatro juegos de dentaduras que presenta el Museo están hechos de oro, marfil, plomo, dientes humanos y animales (eran comunes componentes los de caballo y burro).

El detalle llamativo es que cada juego tenía un mecanismo de resortes que unía por la parte lateral posterior ambas dentaduras y tendía a mantenerlas separadas, presionadas contra los rebordes maxilares. Es decir que Wáshington debía apretar intencionalmente las mandíbulas para no ser un boquiabierta (with all due respect). Si se relajaba, ¡pop!, la boca se le abría. El retrato del billete de un dólar se ve así porque debe apretar los dientes, no por amargado.

"Poor George had two teeth in his mouth

The day the votes came in.

The people had a President,

But one afraid to grin."

[“Pobre Jorge, dos dientes en la boca

El día de la votación.

El pueblo tuvo presidente

Con miedo de sonreír.”]

Los dientes postizos que usaba fueron realizados por uno de los más prominentes dentistas norteamericanos de la época, el Dr. John Greenwood. Donado un juego a la Universidad de Maryland en Baltimore, fue prestado al Smithsonian en 1976 y de allí fue robado del depósito, probablemente por su contenido de oro.

Cerremos con un regreso al gran prócer argentino.

 

Máximas para mi hija Merceditas

 

En 1825, el general José de San Martín decidió escribir una serie de normas para dirigir la educación de su hija Merceditas. En ellas se encuentran las virtudes civiles del Libertador, y se puede advertir el amor, respeto hacia el prójimo, etc.

 

o      Humanizar el carácter y hacerlo sensible, aun con los insectos que nos perjudican. Sterne dijo a una mosca abriéndole la ventana para que saliese: "Anda, pobre animal, el mundo es bastante grande para los dos.”

o      Inspirarle amor a la verdad y odio a la mentira.

o      Inspirarle gran confianza y amistad, pero uniendo el respeto.

o      Estimular en Mercedes la caridad a los pobres.

o      Respeto hacia la propiedad ajena.

o      Acostumbrarla a guardar un secreto.

o      Inspirarle sentimiento de respeto hacia todas las religiones.

o      Dulzura con los criados, pobres y viejos.

o      Que hable poco y lo preciso.

o      Acostumbrarla a estar formal en la mesa.

o      Amar el aseo y desprecio al lujo. 

 

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