HISTÓRICAS     

       La boca de Robespierre

                             Maximilien de Robespierre

Maximilien François Marie Isidore de Robespierre, partícipe sobresaliente de la Revolución Francesa, ideología de libertad que heredamos,  por su boca nos convoca.

Robespierre era pálido, joven, grave, de mirada fría y labios delgados y de sonrisa difícil por un tic nervioso que le afectaba la mejilla. Se empolvaba, se enguantaba, se cepillaba y se abotonaba bien el traje celeste que no tenía ni una arruga. Usaba culote de nankín, medias blancas, jabot plisado, y zapatos con hebilla de plata. (V Hugo, Quatre Vingt Treize)

 Una boca herida:  No revisaremos aquí su papel destacado en la Revolución de 1798 ni el menos meritorio posterior. Las multitudes no suelen ser fieles, tienen poca memoria y Robespierre, “casado con la guillotina,” no se ganó precisamente su simpatía. Un día, a eso de las dos de la mañana, los guardias nacionales, tropas de la Convención lo fueron a buscar y detener en el Hôtel de Ville.

Robespierre se pegó un tiro de pistola en la mandíbula sin lograr matarse. Dicen que la boca es un lugar preferido para quienes se quitan la vida con un arma de puño.  

Una boca suicida:  Y aunque con el tiro en la boca no tuvo éxito en el suicidio, esa misma boca lo llevó al ajusticiamiento, esa boca que se lo buscó al pronunciar un discurso en el que en vez de defenderse de las acusaciones optó por la agresión oral. De esa boca salieron quejas sin disimulo, amenazas de extremada violencia y acusaciones de “traidores” a los asambleístas que lo enjuiciaban. Fue un verdadero suicidio oratorio. El  comportamiento de Robespierre muestra claramente que su  carácter melancólico empeoró francamente en los últimos meses de su existencia y que su conducta era ya indiscutiblemente suicida. Lo redondeó afirmando: La muerte no es un sueño eterno … La muerte es el comienzo de la eternidad. Ése es el espíritu con que se dispuso a morir quien había enviado a tantos inocentes a la muerte.

Una boca martirizada:  La herida de Robespierre, coinciden las descripciones, fue un martirio previo a la muerte: los cirujanos militares requeridos para curarlo antes de matarlo, constataron una herida a un dedo de la comisura labial izquierda y que el maxilar inferior de ese mismo lado estaba hecho trizas (y que el resto de la mandíbula se sostenía apenas del otro costado. Robespierre sangró abundantemente y la sangre le manchó su hermoso frac azul celeste. De la boca, le retiraron con una pinza los dientes desarraigados y fracturados; contuvieron lo mejor posible la sangre que seguía manando en abundancia y le acomodaron un vendaje que mantuviera más o menos lo que le quedaba de maxilar. Los dientes quedaron sobre la mesa.

 Una boca poco amorosa:  La boca de Robespierre, según Chateaubriand, emitía una voz metálica, estridente, y era común escuchar el estridor de sus dientes, pero se las componía para endulzarla con arte y disimulaba el tono tan agudo natural. Su boca no conoció el amor carnal y sí el odio de acusador público del Tribunal de París. 

Esto tiene que ver con el problema sexual de Robespierre, en sus tres aspectos: la impotencia psíquica, la misoginia y la defensa contra la homosexualidad latente. Murió virgen.

Pero su boca conoció los placeres de la comida: fue un gourmand renombrado.

 Un mentón muy fuerte:  Los historiadores que describieron su fisonomía coinciden en afirmar que tenía una expresión persuasiva, con un mentón muy fuerte, aire talentoso y gesto como generoso y crédulo. De la boca misma, dijeron que estaba dibujada, con las quijadas crispadas y los labios fruncidos, apretados (ver ilustración). Lo atribuyeron a la hostilidad reprimida que le inspiraban los demás convencionales.

De la historia personal de este hombre nacido en 1758, se podrían recoger las dificultades orales infantiles, el mutismo del padre borrado de su vida cuando aún estaba en el vientre de la madre, dificultades con el pecho materno, la falta de amor carnal, el exceso de amor por la comida. La madre murió de parto del quinto hijo, cuando él tenía 6 años.

 

 

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