HISTÓRICAS     

                 

 

             A la ristra de dientes: un negocio

Buen nombre para un negocio instalado en el consultorio odontológico. ¿Por qué no? ¿No es un negocio para algunos dentistas y para todos los mercaderes de la salud? La venta de productos dentarios en el s XVllI, en Francia, representó una apuesta económica segura. La gran mayoría de los dentistas, por no decir todos, fabricaban productos que vendían directamente o por intermediarios, mercaderes, boticarios u otros dentistas. Vendían también cepillos de dientes y collares anodinos y chupetes. Mas no solamente productos dentarios, pues vendían igualmente orvietan, remedio universal qu podía servir para todo igual que para paliar la odontalgia, por el opio que contenía. Aun cuando sabemos que el orvietan tuvo un gran número de fórmulas, de permisos para venderlo, de fabricantes, de distribuidores y, naturalmente, de inspectores encargados de verificar las autorizaciones. Hoffmann redujo sus componentes a ¡sólo 26!, disminuyó a la mitad la cantidad de opio y le dio el nombre de fantasía de orvietan supremo.

Lo que vendían los dentistas, y era parte importante de sus ingresos, era esencialmente: (a) dentífricos, en polvos, soluciones u opiatos (fórmula de electuario, confeccionada con el polvo dentífrico y miel, así llamada por los tiempos en que contuvo opio); un texto de la época advertía: “hay que estar en guardia contra los dentífricos que venden ciertos dentistas, pues los confeccionan con piedra pómez pulverizada, alúmina calcinada y otras materias duras y muy ácidas, que más bien destruían los dientes cuando se usaban con frecuencia; (b) elixires (mezcla en alcohol, contra odontalgias y también escorbuto); (c) los dichos collares anodinos (es decir, que calman el dolor), chupetes y el orvietan.

Pierre Dionis, 1733, responsable de dar las autorizaciones de venta del orvietan, anduvo en arreglos con ilegales operadores empíricos, no dentistas como decía la ley,  o con el comerciante Regnard a quien Dionis le dejaba en consignación el orvietan para que lo vendiera.

                             Horacio Martínez

 

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