HISTÓRICAS     

  Hasta los reyes…  

 

Según como lo describió en su diario el marqués de Calvière, el rey Luis XV había sido de niño una criatura alegre, juguetona y generosa. Cuando leí esas páginas, me reí al encontrarme con una anécdota muy de nuestra profesión. Una vez el pequeño monarca se había mostrado excepcionalmente triste y, escribe el ex paje marqués, cuando le insistieron mucho, reconoció que tenía dolor de muelas y no osaba confesarlo por temor al arrancador de dientes. Sabiendo esto, se puede comprender más íntimamente la anécdota siguiente del rey.

Luis XV fue un padre amantísimo, interesado siempre por la salud de sus hijos; por ello, no cuesta mucho imaginarse cuánto  habrá sufrido cuando el Delfín, que tenía nueve años, padeció un absceso maxilar, con un flemón que los cirujanos debieron abrirle dos veces por la mejilla. Era una operación muy dolorosa sin anestesia, y los gritos de dolor lastimaron igualmente al rey que los oía y se puso pálido a punto de suponerse que iba a ser necesario atenderlo a él también. Esta historia la supe por quien fue larguísimos años dentista del rey, Jean-François Capperon, casi contemporáneo mío.   H. M.

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