HISTÓRICAS     

 El retrato de Fauchard: adivinanza 

Fauchard había posado para su paciente Le Bel, quien lo pintó excepcionalmente bien. No era un gran pintor. Quizá su modelo tenía una prestancia que ayudaba. El duro buril del grabador Scotin, que reprodujo el enorme cuadro para ilustrar la obra madre de la odontología, no logró borrar la dulzura de la mirada y la sonrisa de ese hombre que se veía seductor, inteligente y bondadoso. Lo que no se entiende es por qué el grabador transformó la elegancia de los encajes del cuadro en algo más sencillo, como de entrecasa, puños sencillos, camisa abierta. El óleo medía casi un metro por un metro y los descendientes lo conservan con el mismo marco pesado de la época. El retratado lucía una peluca del estilo Luis XIV, que ya no estaba de moda, ni le gustaba a Fauchard, que prefería el pelo atado por detrás en la nuca. El grabado de Scotin invierte la imagen y muestra al padre de la odontología moderna sosteniendo los dos volúmenes de Le Chirurgien Dentiste con la mano derecha. En el original, es la mano izquierda la que sostiene el libro y la derecha señala la biblioteca que está detrás, la rica y querida biblioteca de Fauchard, quizá marcando que había respetado a los viejos maestros.

Fauchard, que se casó con la pequeña Elizabeth Duchemin (unos 15 años), un año después de la primera edición de su libro, se divertía planteándole una adivinanza. Decía: “si en el grabado del cuadro de J. Le Bel que ilustra mi libro yo estoy sosteniendo los dos tomos, ¿cómo es que aparezco en las páginas terminadas antes de que se editara el libro? Y si fue hecho el grabado antes de terminar el libro, ¿cómo es que aparezco con los dos volúmenes en la mano?”

 

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