HISTÓRICAS     

   Cómo pinta la odontología  

E                         

En la lengua de los argentinos, se dice  

“cómo pinta algo” para referirse a qué 

perspectivas tiene ese algo. La historia 

de nuestra profesión, tomándolo en otro 

sentido, podría conocerse por cómo pinta

 la odontología el pintor (o el escritor) 

de determinada época. 

Por ejemplo, Rembrandt van Rijn (1606-1669) pintó la boca de sus contemporáneos, incluida la propia y la de su madre, total o parcialmente desdentada.

Esta observación pictórica coincide con la arqueológica, pues los cráneos de esa época muestran claramente la falta de cuidados profesionales y personales. La ausencia de higiene bucal se manifiesta en dentaduras de gente de poco más de 30 años con depósitos de tártaro (sarro) que llegan a 2-3 mm de espesor. Hacia los 40 años, la pérdida de hueso alveolar genera dientes muy móviles, que además están muy gastados por las mismas razones que el hombre de Lepcis Magna (ver U. O.) y tantos otros que consumían alimentos con material abrasivo.

En cambio, las caries eran mucho menos frecuentes en los Países Bajos y los maxilares desdentados pueden atribuirse a la caída de los dientes que se habían aflojado. (Colegas, este material tiene vocabulario simplificado para el público que se acerque a satisfacer su curiosidad “biensana”.) Hacia fines del siglo XVII, la abundancia de azúcar que llegaba de las Indias Occidentales y de las refinerías locales produjo efectos devastadores.

Otros retratistas captaron la edentulación en cantidades de sus obras pictóricas y grabados, como fue el caso de Adriaen Brouwer (1605-1638, el mejor de los menos conocidos, para mi gusto), David Teniers, el Joven (1610-1690, longevo como pocos de entonces), Adriaen van Ostade (1610-1684), Philips Konninck (1619-1688) y Nicolás Maes (1634-16993). Coincido con Peck y Peck (1980) en que bien puede denominarse a los Países Bajos de esa época como “capital de los hidratos de carbono”, a lo cual se agrega el otro vicio importado que fue el tabaco y las manchas identificatorias que dejaron en las dentaduras.

Jan Vermeer, quizá el más grande de todos, reconoció el genio de A. van Leeuwenhoek y lo habría hecho sujeto de uno de sus 27 cuadros conservados. Así, el primero en describir las bacterias de la boca y la constitución de la mucosa bucal habría quedado consagrado para la posteridad.

De los escritores hemos hablado en otro lugar, pero por sus claras menciones a las dentaduras estragadas se debe citar a Shakespeare, Cervantes, Quevedo, Góngora, por ser los más descollantes.

¡Hasta la próxima historieta!  

 

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