HISTÓRICAS     

  Los dientes del Ratón Pérez

El cuento del Ratón Pérez nació de un pedido de la Reina María Cristina, quien encomendó su creación como regalo para su niño, el Rey Alfonso XIII, con motivo de la caída de un diente, a los ocho años de edad (hacia 1894). Fue un jesuita jerezano, el Padre Luis Coloma, el encargado de redactarlo, difundido más tarde por las adaptaciones al cine de sus obras Pequeñeces (1949, Juan de Orduña) y Jeromín (1953, Luis Lucia).

La primera edición del cuento data de 1902, con una reedición ilustrada en 1911. El Ratón Pérez permitió la fijación de la tradición y el regalo bajo la almohada de una moneda (en el cuento, de oro) a cambio del diente caído constituye una compensación por el duelo de la pérdida. Esto vale para la mayor parte del ámbito cultural hispanoamericano, con alguna excepción que se verá.

En este
cuento, se habla del maravilloso viaje iniciático del pequeño Rey Buby (apelativo que la Reina Madre utilizaba con su hijo), tras haberse transformado a su vez en un ratoncito, para conocer de la mano del Ratón Pérez cómo vivían sus súbditos, algunos de ellos muy pobres, como el niño Gilito. En este viaje, Buby aprenderá valores como la valentía, el cuidado de sus súbditos y la generosidad.

 El Padre Coloma desarrolla así su historia:

El rey niño Buby I colocó su diente debajo de la almohada, como es costumbre hacer, y esperó impaciente la llegada del ratoncito. Ya se había dormido cuando un suave roce lo despertó. Incorporóse de un brinco, sobresaltado, y vio delante de sí, de pie sobre la almohada, un ratón muy pequeño, con sombrero de paja, lentes de oro, zapatos de lienzo crudo y una cartera roja, terciada a la espalda.

Buby consiguió convencer y acompañar a Ratón Pérez en su misión nocturna, para ello fue transformado en ratón. El Ratón Pérez saltó sobre su hombro y le metió por la nariz la punta del rabo, estornudó estrepitosamente el Reyecito, y quedó convertido, por el mismo esfuerzo del estornudo, en el ratón más lindo y primoroso que imaginaciones de hadas pudieran soñar: Era todo él brillante como el oro, y suave como la seda, y tenía los ojitos verdes y relucientes como dos esmeraldas.

En su extraordinario viaje, Buby descubrió que había niños muy diferentes, que pasaban hambre y frío pero que también eran sus hermanos porque todos eran hijos de Dios. Además, se encontró con el temido Don Gaiferos, gatazo enorme, cartujano, cuyos erizados bigotes subían y bajaban al compás de su pausada respiración...

Y sigue la historia en que

el Padre Coloma con este pequeño rey quiso sembrar la idea de que todos los hombres somos hermanos: ricos y pobres, buenos y malos, y que todos merecemos ser compensados por igual ante nuestras pérdidas.

N de la R: Algunas variantes y un par de chistes en ESENCIAS, en misceláneas

 

                              Horacio Martínez

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