HISTÓRICAS     

   OÍR CON LOS DIENTES

Los pacientes, esos seres que no suelen tener nada de pacientes, más bien lo contrario, suelen quejarse de que el torno les sacude los sesos, y, sobre todo con nuestros viejos instrumentos, tenían su cuota de razón: los dientes son sensibles a las vibraciones, en particular los superiores.  De ahí que ya en 1550, Jerónimo Cardano –físico, matemático, jurista- fue el primero en proponer que oyéramos... con los dientes. En su libro De subitilate (de invenciones ingeniosas, sutilezas) afirmó que el sonido puede llegar al centro auditivo si se muerde un palito de madera dura.

La justificación racional llegó 50 años después: Capivaccio dijo que el sonido viaja por la maderita, a través de los dientes hacia los huesos del cráneo y de ahí al cerebro. El sordo genial que fue Beethoven acostumbraba apoyar una regla en el piano cuando procuraba captar sus propias composiciones. Tuvo buen dentista o buenos genes, por suerte para su oído; dicen que tenía una excelente boca, dientes resplandecientes y poderosas mandíbulas para moler nueces.

En 1928, en los Estados Unidos fue patentado el Dentiphone, que, mediante una varilla metálica transmitía a los dientes el sonido captado por una trompeta. Aporte de la odontología a una mejor audición. Quizá por esta vía se destapen los oídos de quienes no oyen la queja de los profesionales venidos a menos.

                                                                                             

 

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