HISTÓRICAS     

¿Cuánta cocaína consumíamos en tiempos coloniales los dentistas?

 

Eran otros tiempos los de consumir gotas de cocaína para las odontalgias. Anteriormente las drogas, como la cocaina o la marihuana, tenían uso medicinal, que irónicamente es ahora el uso que menos se les da a estas sustancias

Era cuando la ciudad de Buenos Aires contaba (1810) con apenas 35 000 habitantes, entre ellos 8 médicos y 22 cirujanos, una cantidad que resultaba exagerada de acuerdo a los cronistas. Existían un Colegio de Medicina, la Casa de Niños Expósitos y dos hospitales, el de Belén o de San Pedro Telmo y el de la Caridad, para mujeres. ¿Y existirían ya dentistas que recetaban las gotas y se venderían en todas las droguerías en nuestras tierras así como en las del Norte?

 

Cuando los padres no sabían cómo tranquilizar a un bebé, incluso a un recién nacido, o simplemente no les apetecía dedicarle su valioso tiempo, la Stickney & Poor Spice Co de Boston ponía a disposición de nuestros irresponsables antepasados una mezcla de opio y alcohol conocida como elixir paregórico. Las dosis indicadas, según edad máxima, eran estas: "Hasta cinco días, 3 gotas. Hasta dos semanas, 8 gotas. Hasta cinco años, 25 gotas. Adultos, una cucharadita". El producto utilizaba como base alcohol alcanforado de 46º, y cada onza contenía unos 117 mg de opio, equivalentes a 12 mg de morfina, por lo que las intoxicaciones opiáceas eran un riesgo potencial. Eso sí, los niños dejaban de llorar...

Hoy en día nos parecería una locura vender y anunciar medicamentos  con componentes como heroína, cocaína y otras drogas, incluso con radioactividad. sin embargo, no siempre ha sido así. Hubo un tiempo en que se tomaba el petróleo crudo como medicina porque como sabía mal debía de ser buena.

heroina bayer

Eran comunes: Heroína de Bayer - Vino de coca  - Vino Miariani (de coca) -  Maltine (con coca)  - Tabletas de cocaína para profesores y oradores  - Gotas de cocaína para el dolor de muelas  - Ópio para bebés recién nacidos. A un punto tal, en que el Papa León XIII no vacilaba en declarar que las consumía con beneficio y gusto, y obsequió una medalla a su creador..

 

                    

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