HISTÓRICAS     

           Dentífricos, saburra y sarro

 

Cuidado con las marcas de dentífricos. No vaya a ocurrirles lo del pobre Paco. ¿Recuerdan que se ahorcó? Es que el hermano, el Manolo, lo mandó a la farmacia a comprar Kolynos. Y – agregó – si no lo tienen… Colgate 

Ya los antiguos egipcios (3000-5000 aC) habrían usado su propia marca de alto perfil: ceniza de pezuñas de bovinos, mirra, cáscaras de huevos, pómez y agua (para hacer pasta probablemente añadida en el momento de usarla). 

En Grecia las hicieron más abrasivas con hueso molido y conchas marinas. ¡Sí que quedaban limpitos! Y en Roma añadieron carbón y corteza de árboles.

Alrededor de 500 aC, a ojo, China e India hicieron sus dentífricos agregando sabor con ginseng, hierbas, menta y sal.

El budismo y el islamismo pusieron mucho énfasis sobre la limpieza, en general, y de los dientes en particular.

Hacia 1000 dC, los persas avisaron de los peligros de usar fuertes  abrasivos para la higiene dental. Un músico persa, Ziryab, que también diseñaba moda, inventó un tipo de pasta, que se popularizó en todo el Islam hispano. Los ingredientes no nos  llegaron, pero reportan que era "funcional y de gusto agradable." Otras recetas persas involucraban partes animales desecadas, hierbas, miel y minerales.

En el s XVIII, incluyeron ¡polvo de ladrillo, vajilla y alfarería aplastados, y caparazones de crustáceos! Mejoraron con bicarbonato de  sodio, combinado a veces con azúcar, y también bórax a fines del siglo para producir espuma. Los ricos se los aplicaban con cepillos y los pobres con los dedos… cuando lo hacían.

Con el tiempo incorporaron glicerina para obtener una pasta más paladeable. Estroncio para la sensibilidad, y Peabody introdujo jabón en 1824 y John Harris tiza en 1850. En 1866, la Home Encyclopedia británica recomendaba carbón pulverizado. En 1873, la paste fue fabricada masivamente, en tarros y de grato aroma. En 1892, el Dr. Washington Sheffield, de Connecticut puso el dentífrico en un tubo. Después vinieron detergentes sintéticos y emulsivos como lauril sulfato de sodio. Y cambios en el material del tubo, que pasó de plomo a aluminio, papel con plástico y, finalmente, plástico solo.

Placa

Hubo progresos más de carácter científico y preventivo ya contemporáneos, que se conocen bien por publicidad o por estudio. Todos apuntan a prevenir por eliminación de la “limosidad” descrita por Pierre Fauchard. Esta limosidad, o placa microbiana, o biofilme, fue mencionada por el español Francisco Martínez en El Coloquio, en 1557 (El diente secreto, Horacio Martínez). Aconsejaban ellos opiatas - sin opio, claro - pese a que opiata es el electuario que lleva en su composición opio; electuario es una mezcla de compuestos disueltos en azúcar o miel, no muy aconsejable, ¿no?

 

Sarro

 

Todas las civilizaciones conocieron el sarro, o tártaro, u odontolito, o tova, en el español de Quevedo; diferenciado por Jacques Croissant de Garengeot , s. XVII, llamó tártaro al sarro blando (saburra) y tuf calcaire (piedra calcárea) al duro y consolidado. El “limo (placa) endurecido hace el sarro. Paracelso, 1493-1540, lo había llamado “piedra de los dientes”, o Zahnstein.

Bunon reniega: “Ni aguas, ni polvos, ni opiatas pueden disolver el tártaro cuando se incrusta en los dientes.” “Estropean el esmalte y causan tremendas irritaciones en las encías” (Cuidados fáciles para la limpieza de la boca y conservación de los dientes,1760)

  Pierre Fauchard, en El Cirujano Dentista (1728), dedica un capítulo al tartre y al tuf calcaire, o piedra calcárea, y da tres causas: 1) alimentos depositados entre los dientes y junto a la encía, el limo o limosidad que luego se seca; 2) el aire exhalado; 3) la saliva cargada de sales y materias terrosas. Se deposita por capas, dice, como sedimentos, más en la mandíbula que en el maxilar superior. Se previene con una vida adecuada, evitando las causas que lo producen y limpiándose los dientes cuando haga falta.

Para cerrar con una maldad este repaso semi-histórico, va esta sugerencia:

Con un instrumento punzante, lima de uñas, cortaplumas, o lo que tenga, perfore varios agujeros en el tubo de dentífrico de un incauto. Cuando la víctima apriete el tubo, asegúrese de tener una cámara a mano para registrar la cara que ponga. ¡Y corra después!

 

 

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