HISTÓRICAS     

 

 

                                                                                                       

 

 

El porvenir es de Dios, pero el pasado es de la historia. Dios ya no puede influir en la historia; en cambio, el hombre aún puede escribirla y transfigurarla. Juste Dion (citado por Leonardo Padura)

 

La Historia, ¿para qué sirve?

Dr. Horacio Martínez

… aprenda a reflexionar largamente sobre algo antes de juzgarlo, no quiera parecer docto, mas séalo, ame las enseñanzas de los sabios y procure tenerlos siempre ante los ojos como espejo de su propio rostro.  Hugo de San Víctor, Didascálicon, L III, c. 13

La Historia de la Odontología se inicia muy lejos del primer torno, la primera obturación, o cualquier otra técnica o dispositivo registrados en papeles con letras. La arqueología odontológica está exhumando información no escrita.

El instante en que, con una espina, una púa o algún otro recurso, un remoto antecesor nuestro  vació una cavidad de caries, ¿fue consignado por escrito? ¿O cuando quitó un trozo de carne cruda de entre los dientes?

Transcurridos crones, hoy usamos tecnología que no inventamos, pero indagar sus orígenes debiera ser curioso, divertido e instructivo. El conocimiento del pasado abre una perspectiva, que tiene que ser amena, hacia el futuro.

La historia no es desechable como basura en los cestos del olvido. La utilidad inmediata que pretende el niño, y más de un odontólogo, es un falso concepto. No asimilamos toda junta la información necesaria para una tarea inmediata. Sumamos los datos pasados, agregamos nuestro propio aporte y ahí sí estamos listos para actuar.

Sin la historia en general, sin la historia de nuestra ciencia, estaríamos sin cesar reinventando la rueda o descubriendo el gusano de las caries (el de Hammurabi - 1700 aC). El filósofo George Santayana lo dijo: “Quienes no conocen la historia están condenados a repetirla.”

 

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 (Y ni hablar de la importancia de la historia clínica y familiar para el diagnóstico.)

La Historia sirve para recordarnos – por si hiciera falta – que “las verdades médicas de hoy serán la charlatanería de mañana.” Jacques Maritain, Filosofía de la historia.

La Historia no es sólo “útil”, es esencial. Vale la pena adentrarse en ella, aun reconociendo que no existe  historia no ideológica, libre de todo mensaje. Como dijo Rebecca West: “cuando la  política entra por la puerta, la verdad vuela por la ventana.”

Conociendo la historia de la astronomía, de Copérnico o Galileo en adelante, consignada en libros, no necesitamos un telescopio ni viajar nosotros mismos al espacio (exceptuados los escépticos de siempre). Sin necesidad de nuestro propio desplazamiento físico, la historia de cada ciencia nos evita trasladarnos al infinito espacio, a las profundidades marinas o a las pequeñeces del invisible átomo que nos permite tomar una tomografía computada.

Sólo un “bueno para nada” no está interesado en el pasado. Sigmund Freud

Se ha dicho que el hombre no aprende de su pasado y que es el único animal que tropieza dos veces en el mismo obstáculo. Santayana discrepaba: las personas sabias pueden aprender de los errores ajenos y  no repetirlos.

Somos historia, escribió P. J. Corfield, nacemos como variante de una matriz genética, llamada “genoma,” que es producto de la evolución todo a lo largo de la vida entera de la especie humana. James Joyce: “La historia es una pesadilla de la que estoy procurando despertarme.” Pesadilla, sueño o vida pasados construyen nuestra historia.

Porque me place

Los científicos – y los buenos historiadores – buscan el conocimiento por la fruición, el placer de descubrir, de entender, de comprender,” señaló Ricardo de Costa. No se pregunta el  científico de raza para qué sirve su inmersión en ciencias básicas de apariencia inútil, con aspecto de mero juego, pero lo hace, disfruta, se divierte, y se gana un Premio Nobel.

La historia no es una ciencia, por cierto, aun cuando aplique métodos científicos; pero cumple la función social de educar, o, por lo menos, debiera cumplirla. Si no nos educa, el estudio de la Historia es inútil, escribió G. M. Trevelyan. La perspectiva que otorgan el conocimiento nuevo y la experiencia ayuda a ver y comprender el pasado, y viceversa

Mucha gente desdeña la historia porque se da cuenta de que puede llegar manchada por intenciones o prejuicios ideológicos o tachada por la errada manera de enseñarla. El anticuado método de memorizar reyes, batallas y cantidad de muertos era mortal e inútil para los pobres estudiantes.

Porque no me place

La Historia es aburrida. Así piensan muchos. Así pensaba yo. Todas las materias son aburridas para el estudiante secundario, cuando se le pide apenas que las repita de memoria. Y lo son, realmente… Hasta que llega el profesor que dicta su especialidad con amor por lo que enseña y por los que estudian. La Historia tiene más sentido que la mera enumeración de reyes, la Historia es una disciplina con vocación científica. Pero si viene cargada de largas listas  de nombres y fechas sin la aventura de la historia, o el color de la vida cotidiana, termina anulando cualquier chispa que podría haberse encendido en el alma.

El carácter lúdico del conocimiento es uno de los fundamentos más sólidos y permanentes de la actividad intelectual. Mi objetivo es la Historia como un placer, como un medio agradable y útil de usar el tiempo libre… Uno de los fundamentos de la actividad intelectual consiste en el placer derivado del conocimiento, dijo bien Pedro Paulo A. Funari.

Una Historia que plazca

Todo tiene un precedente histórico, aun el Big Bang, seguramente. Nada surge de la nada. Si se rasca la capa superficial de los hechos develados,  se encuentran mantos inferiores, y se puede seguir profundizando hasta llegar al convencimiento ineluctable de que se está ahondando en un aljibe sin fondo. Porque la historia, si tiene un comienzo, está mucho más allá no sólo de los documentos escritos, sino más allá de la misma prehistoria.

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Herodoto de Halicarnaso, Padre de la Historia, es el autor de la primera descripción del mundo antiguo

En una sociedad de seres que se hunden en lo fácil, la lectura trivial, la televisión, los pasatiempos avasallantes y degradantes de la computación y anexos, el papel del historiador ha de ser   atraerlos dándoles Historia con formato de relatos de piratas, ladrones, criminales, amenos galos o lo que sea necesario para que el estudiante se divierta y se interese en el conocimiento de la verdad del pasado -- ¿por qué no?

El conocimiento de la historia no es ni más ni menos que una memoria colectiva construida crítica y cuidadosamente. Como tal, puede hacernos a la vez más sabios en nuestras elecciones públicas  y con mayor riqueza humana en nuestras vidas privadas. William H. McNeill

Una Historia que plazca, que eduque, que prepare para el futuro, que permita conocer mejor la vida,  al ser humano, y que aporte alegría y la felicidad de aprender por el mero gusto de conocer siempre más, será útil, servirá.

La historia nos abre la escondida senda por donde se han ido los muchos acontecimientos que en el mundo han sido, para tenerlos siempre ante los ojos como espejo del propio rostro, para pasear el saber hallado como espejo en que mirarse, y, no menos, para disfrutar y para que otros disfruten el placer que acompaña y corona la búsqueda y los hallazgos.

[Éste es un adelanto de la publicación del trabajo que se hará, sobre papel, en la Revista del Museo de la FOUBA, dirigida superlativamente por el memorioso y diestro Prof. Dr. Orestes Walter Siutti]

 

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