HISTÓRICAS     

        Adiós a Pierre Fauchard,

primero en nombrar los dents à tenon o dientes a espiga, pivotes, pernos, postes, Richmonds, etc

 

Pierre Fauchard , universalmente reconocido como el padre del arte dentario, incluyó en su obra « Le chirurgien dentiste ou Traité des dents » una explicación de como realizar diversos tipos de prótesis entre las que estaban los dientes a pivot. [Ver en gremiales lo que sobre el papel de Fauchard escribió el Dr. José Agustín Zerón y Gutiérrez de Velasco,] Dieciocho años después, se edita, también en París, el primer texto dedicado sólo a la materia de la prótesis dental: Essay d’Odontotechnie, de  Claude Mouton, aunque dirigido no a sus colegas sino al público.

 

Paréntesis (sólo para curiosos y bien hablados)

 

La historia de los pivotes, pernos, postes, Richmonds, dents à tenon, dientes a espiga, etc., corre pareja con el viento que sopla por las mentes de los dentistas, estomatólogos, odontólogos. Si el viento sopla desde Francia, tierra al parecer originaria de los dientes a espiga, nos encontramos con la palabra tenon, que en francés y en inglés significa a projection formed on the end of a timber or the like for insertion into a mortise of the same dimensions, lo mismo que en castellano la palabra espiga: extremo de un madero cuyo espesor se ha disminuido para que encaje en un hueco de sus mismas dimensiones. Los maestros argentinos, como Pedro Saizar en la prótesis, sabían escribir en castellano y procuraban hacerlo lo mejor posible. Ellos usaron el término espiga, evidente y correcta traducción del tenon francés. Otros optaron por pivot o pivote, menos preciso, a saber: pivote, (del fr. pivot).  m. Extremo cilíndrico o puntiagudo de una pieza, donde se apoya o inserta otra, bien con carácter fijo o bien de manera que una de ellas pueda girar u oscilar con facilidad respecto de la otra. (Real Academia Española)

“¿Y a mí qué caramba me importa?” estará usted – si es mal hablado – pensando si cayó por error en esta digresión. Pero, si en su mente dentaria cabe aunque sea un mínimo interés por su idioma, sepa que se distingue a un real universitario por tener curiosidades universales, a partir de la básica de saber expresarse en la propia lengua. Las huestes que usaron el Richmond  pasaron después al perno. Dice la RAE: (del cat. pern, y este del lat. perna, pierna),  Pieza de hierro u otro metal, larga, cilíndrica, con cabeza redonda por un extremo y asegurada con una chaveta, una tuerca o un remache por el otro, que se usa para afirmar piezas de gran volumen, y Pieza del perno en que está la espiga. No está tan mal lo de perno, pero sigue siendo mejor espiga.

Pero llega la nave de los necios y los trae a bordo con las manos llenas de inglés traducido de oreja, y proclaman los POSTES que no tienen nada que ver con lo que quieren significar. Pero ¡arre, burro, coño sí!, desde la cátedra universitaria o de la AAO, se ciscan en la semántica y en la madre que la engendró. [Semántica es la ciencia que estudia los significados de los signos en las comunicaciones escritas.]

  

Fin del paréntesis (sólo para curiosos y bien hablados)

 

Essay d’odontotechnie, por Claude Mouton (1746, París)

 

 Portada

 

 

Un año antes del fallecimiento de su contemporáneo Pierre Fauchard, muere  Claude Mouton, según Michel Dechaume y Pierre Huard (Histoire illustrée de l’Art Dentaire. que dan 1760 como año del deceso (otros dan otras fechas y se desconoce la de nacimiento). Este Dentiste du Roi, se domiciliaba en la rue d’Orléans S. Honoré, y estaba en el listado de dentistas de renombre, incluidas las señoras Calais y Hervieux, todos como Experts des dents.

 

El “Essay d’Odontotechnie”

 

En el año de 1746 sale de la imprenta de Antoine Boudet (Rue Saint Jacques) el Essay d’Odontotechnie, ou Dissertation sur les dents artificielles), donde se demuestra que su uso no es menos cómodo, ni menos amplio, que el de los dientes naturales. Obra de cinco capítulos y un total de 162 páginas.

Afirma Mouton que es el fruto de varios años de experiencia, pero lo motivó una joven de veintidós años de edad que había perdido dos incisivos superiores por caries ”a consecuencia de un parto”, Mouton le hizo ver los inconvenientes de la falta de estos dientes y las ventajas de reponerlos. Finalmente, se anima a publicar esa experiencia y dirigirla al público, para fomentar el cuidado de los dientes naturales y desterrar los prejuicios acerca del uso de los postizos.

El capítulo primero se titula: De los inconvenientes que traen la falta de los dientes, como las alteraciones de la pronunciación, la subsiguiente contracción de los labios en un intento de disimular la pérdida; el escape de saliva por la brecha originada y el hundimiento del labio a la altura de los dientes perdidos, etc.

Explica las funciones de los dientes, principalmente masticatoria y moduladora de la voz, no menos importantes.

Finaliza con las dos plagas de la boca, que dan la mayor ocupación al Dentista: el tártaro y la caries

El segundo capítulo, de 16 páginas, se titula Utilidad de la Odontotecnia, o el Arte de sustituir los Dientes naturales con Dientes postizos. Advierte que no hay nada que envejezca como la pérdida de los dientes; por ello hay que ejercer el arte de suplir los dientes con otros postizos, que cumplan los mismos servicios, siempre y cuando sean colocados por un buen dentista, que evitará los numerosos  accidentes que la ignorancia causa todos los días. Que sea un Dentista, con mayúscula, que posea conocimientos especiales, por mucho que se sepa desenvolver en otras tareas propias de su profesión. El Arquitecto de una boca, tiene que medir, combinar, razonar, prevenir y planee siempre tres objetivos: el adorno, la comodidad y la duración.

Tercer capítulo con respuestas a todas las dificultades que se pueden plantear sobre el uso de los dientes postizos, que es el título de estas 34 páginas. En él contradice el sentir del vulgo, que sustenta prejuicios frecuentes aún hoy sobre el uso de los dientes artificiales: que es una operación dolorosa, que los postizos pueden dañar a los otros, que hay que quitarlos cada vez que se coma, que a pesar de todo se tambalean, que pese a su limpieza la boca exhala un olor desagradable y que su duración es escasa.

Tan sólo diremos que justifica la inserción del vástago de los dientes a espiga en la raíz habida cuenta que el nervio ha sido destruido por caries, pero si todavía quedara alguna parte de lo que él llama el “cordón dentario,” podría eliminarse colocando esencia de canela o, más rápidamente, algún cáustico, con lo cual la raíz queda insensible.

El cuarto capítulo, “central,” es Méchanique des Dents artificielles y abarca todo tipo de prótesis dentales, así como su composición. Incluye trasplantes y reimplantes. Sobre los dientes con espiga (Dents à tenon) dice que es el primer tipo de prótesis. Son los dientes más sólidos y esta solidez no depende más que de un pequeño pivote de oro, que entra en cualquier raíz salvada del estrago de la caries, con la ventaja de que una sola raíz puede sostener más de un diente.

Sobre el trasplante, pese a alguna experiencia conocida –por sí mismo y por haberlo leído en Géraudly y en Fauchard--, opina que es mirado, incluso por los más hábiles, como una quimera y una operación imposible, aun limitando el uso a los dientes unirradiculares y a veces a los premolares, con la dificultad de encontrar un lecho alveolar de las mismas características que la raíz que se trasplanta.

El quinto y último de los capítulos (De los cuidados que piden los dientes postizos), de 21 páginas es un conjunto de instrucciones y consejos para mantener en óptimo estado los dientes artificiales, que dice que son los mismos que para los dientes naturales

 

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