HISTÓRICAS     

Recuerdos de lo que no fue

 

Se me hace que sería oportuno revisar lo que no fue, la historia de lo no sucedido. ¡Que los historiadores me perdonen!

No sé qué significa esto que me pone tan triste, esto que me sucede de extrañar lo que no ocurrió, quizá influye Don Miguel de Unamuno con unos versos que pido a los lectores que lean con atención los pocos que cito (de memoria) y que se pregunten si nunca les pasó.

En estas tardes pardas, / mientras tardas las horas resbalando / van dejando tras sí huella de tedio, / el único remedio, ¡triste estrella!, / tan desterrado al verse / es acogerse al golfo del recuerdo / de lo que nunca fue.*

¿No pensó usted alguna vez qué hubiera sucedido de casarse, por ejemplo, con otra persona, o de haber estudiado otra carrera, o de haber elegido otra especialidad, por ejemplo?

Yo elijo recordar que los dentistas de todos los tiempos siempre trabajamos con anestesia, por ejemplo, que nunca hicimos doler, que no nos hemos ganado las maldiciones del común de las gentes y el registro poético de ese sentimiento antagónico indeleble en el magín popular. En el código de Hammurabi las diatribas apuntaban al gusano de las caries, en un famoso poema de Robert Burns las imprecaciones iban disparadas contra el dolor de muelas, en Víctor Hugo las diatribas recayeron sobre el charlatán de feria que arrebató a una bella joven los dos centrales sanos para implantarlos en otra mujer (rica).

Prefiero recordar dentistas que hicieron el bien sin mirar a quien, y sobre todo sin mirarle a ese quien la bolsa o el bolsillo. Que todos trabajaban con la honestidad de Fauchard, que no engañaban a los inocentes con discursos callejeros o que no compraban sus títulos por 20 dólares, como aún se hacía a principios del siglo XIX en USA.

Prefiero recordar al dentista que no sé si alguna vez existió, ése que elogiaba los trabajos de sus colegas en vez de denigrarlos para su egoísta provecho. O al dentista que buscó alivio de algún modo al sufriente, aunque sólo fuera con la mítica piedra de Memfis que, según Plinio, anestesiaba con sólo pasarla por la mejilla del dolorido.

Una gran duda.- No sé cómo me califican los lectores cuando escribo estos sueños míos de una mejor humanidad. ¿Iluso, soñador, boludo, utópico, desconocedor de la naturaleza humana, idealista al cuete?

En fin, ¿qué me importan los desaires con que me trata la gente y la suerte? Iluso hasta la muerte seguiré recordando un pasado que no fue y un futuro que quién sabe si será.

Algo de historia anestésica

1. Los egipcios recurrieron al opio.

2. Hipócrates apeló al hielo y la nieve.

3. Galeno aplicó piretro y otras yerbas a la encía, quizá aflojando los dientes.

4. La mandrágora – que persistió hasta la Edad Media para ayudar a Abelardo y Eloísa en su adulterio – fue bastante usada por los romanos. También apelaron a la compresión de las carótidas (a veces los pacientes se les quedaban, ¡gajes del oficio!).

5. Guy de Chauliac utilizó la “esponja somnífera.” Instrucciones de uso para quien desee ahorrar anestesia: se embebe bien una esponja en una solución de opio, beleño, cicuta, mandrágora y otras menudencias. Se la deja secar al sol. Cuando llega el momento de usarla, se la vuelve a empapar y se aplica a la nariz del interesado (no muy).

6. El éter, útil, eficaz, pasó en cambio inadvertido desde que lo descubrieron un químico árabe y el famoso monje sabio Raimundo Lullio. Dan ganas de recordar, lo que no fue y que alivió dolores desde ese entonces (comienzos del s XII).

7. Paracelso, tres siglos después, mezcló ácido sulfúrico y alcohol y volvió a obtener éter, que lo mareó, y que también quedó ignorado.

8. Joseph Priestley (1733-1804) descubrió el óxido nitroso que haría famoso a nuestro distinguido colega y excelente observador, Horacio Wells, quien supo apreciar los efectos anestésicos del gas usado en exhibiciones teatrales.

En fin, la historia es la historia, pero en estas tardes pardas…¡qué balsámico el recuerdo de lo que nunca fue!

* Recuerda, pues, o sueña tú, alma mía / […]lo que no fue; / con tus figuraciones hazte fuerte, / que eso es vivir, y lo demás es muerte.De Rimas de dentro, 1924

 

                                                                                      HM

                                           

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