HISTÓRICAS     

El dentista en su negocio: Jacob Hemet*        

Aldous Huxley: El encanto de la historia  y de su enigmática lección, consiste en que, de una era a la otra, nada cambia y aun así todo es completamente diferente

George Bernard Shaw: Aprendemos de la historia que no aprendemos nada de la historia.

 

Quién y cuándo. Jacob Hemet fue importante en la odontología inglesa de fines del s XVIII, no muy conocido, salvo por rasgos de su negocio similares a los actuales, como ocurre con su época que también tuvo también rasgos comunes a la nuestra… aunque no los mejores. Los múltiples avisos de Hemet anunciaban que ejercía todas las ramas de la profesión, si bien lo que obviamente le importaba más era el negocio de sus dentífricos y enjuagues. Fue el primero en patentarlos y en recorrer toda Europa, y aun los EE.UU., para publicitar y vender sus productos.

De dónde. Los antepasados de Hemet llegaron a Inglaterra huyendo de las persecuciones y muertes desatadas en Francia contra los hugonotes en el s XVII. Tenían cierta experiencia práctica y conocimientos de odontología. Como artesanos (orfebres, relojeros, joyeros), se sintieron capacitados para la prótesis dental y ataron dientes de marfil a los vecinos naturales mediante hilos de oro.

Cómo enriqueció. Con ese bagaje,  alcanzó una enorme fortuna Peter Hemet (p), nacido en Caen, el primero de la familia en llegar a Londres, en 1687. Obtuvo su licencia en 1702 y pronto fue nombrado “Operador de los dientes” de la Reina Ana. Cuando murió, en 1747, dejó la increíble fortuna de ₤20 000. De los dos hijos que tuvo, Peter (1696-1754) heredó su práctica y el nombramiento real, al que se sumaron el Príncipe de Gales y Jorge II. El otro hijo, Francis, fue padre de nuestro Jacob Hemet, que nació en 1727 (o 1729).

Adónde llegó. Éste también fue nombrado dentista de la Reina, del Príncipe de Gales y de la Princesa Amelia, hija favorita del rey loco Jorge III, cuyo dentista fue Thomas Berdmore [Ver históricas de mayo.] Como cualquier buen negociante (profesional) de nuestros días, cultivó la nobleza y la riqueza, y sus avisos iban dirigidos a la alta aristocracia y burguesía.

Como hoy. Ocurre que en Inglaterra, como hoy por estas tierras, la disparidad entre ricos y pobres era enorme. Junto a la inmensa cantidad de pobres, la fortuna en poder de unos pocos equivalía al total en manos de esos muchos. Los comienzos de la industrialización permitieron que se  acumularan grandes fortunas a expensas de la mayoría que se empobrecía. El uso cada vez mayor de las maquinarias redujo la necesidad del trabajo humano. Por lo tanto, esos pobres solo podían aspirar a la “odontología” practicada  por herreros, barberos e innumerables charlatanes (¿y Obras  Sociales?). El raquitismo y el escorbuto reinaban por todas partes y abundaban los remedios para los dientes flojos. [Ver aviso de Hemet al respecto.]

La mayoría de los pobres fueron desposeídos de sus tierras cuando ya no pudieron pagar más las hipotecas con que estaban gravadas. [Me recuerda algo más actual, ¿y a usted? Un siglo antes, Shakespeare había escrito: "La misericordia no  es forzada. / Desciende como la suave lluvia del cielo / Adonde está destinada. Es dos veces bendita: / Bendice a quien la ofrece como a quien la recibe." —El mercader de Venecia, Acto IV, escena I]

Ver imagen en tamaño completoPieter Jansz Saenredam,

                           neerlandés, (c. 1605-1647)

 

Qué precios. Quienes apuntaban a las altas clases socioeconómicas cobraban honorarios descomunales. Un dentista, Martin van Butchell, pedía £5 por un solo diente artificial, £42 por una completa inferior y £63 por una superior. E insistía en que sus honorarios debían ser pagados por adelantado.

Hemet, en agosto de 1790, anunciaba que se había dedicado al ejercicio de la profesión por más de 40 años, lo cual lleva hacia fines de 1740.* Su primera consulta la tuvo en Great Portland Street. Cuando atendía a la Reina Carlota (1776) se había mudado a Little Tichfield Street, cerca de Oxford Market.

El afán marquetinero de Jacob Hemet muestra su amor por el negocio, superior al del cuidado del paciente. Un diario londinense, “Town and Country Magazine” en 1777 escribió:
“Su destino era la vida mercantil, pero no siendo muy amigo de esa tarea y disfrutando de un buen nombre entre extractores de dientes, a la muerte de parientes dedicados a esto y con buena reputación como dentistas, se convirtió en  operador, a su pesar.”

Desplegó avisos por todas partes, hasta donde no trabajó: en 1768, en el London Chronicle. En 1769, en un diario neoyorquino y, en 1770, en el Philadelphia Pennsylvania Journal. En algunas ciudades, principalmente de Massachusetts, habría practicado unos breves  períodos, según sus avisos en diarios de Boston de 1772 y 1773.

En los anuncios cantaba loas a sus dentífricos. Decía que eran la respuesta a todos los problemas dentarios y gingivales. [Como Colgate y demás.] Fue el primero en patentar sus creaciones. En 1773, en su pedido de patente, la # 1031 para: “Essence of Pearl” y “Pearl Dentifrice,” consignó:

“Para alcanzar la esencia de perla se usan las siguientes  sustancias: ámbar, alcohol, benzoína, álcali mineral natural, las partículas odoríferas de las flores de naranjas y rosas extraídas por infusión acuosa, una sal vegetal y esencial, tierra vitrificable…. Estos diferentes ingredientes son digeridos y el resultado de la destilación es la esencia de  perla.”

En un aviso de 1790 se capta perfectamente su propaganda:

“Pero como algunas personas podrían no estar advertidas aún de sus peculiares propiedades, pide licencia para  mencionar que Essence of Pearl y Pearl Dentifrice, muy superiores en elegancia y eficacia a todo hasta este momento, efectivamente preservarán los dientes en un estado de perfecta salud hasta la ancianidad misma, los tornarán blancos y hermosos, sin causar el más mínimo daño a su esmalte,  los ajustarán cuando estén flojos, impedirán que los ya cariados empeoren, prevendrán el dolor de muelas, curarán perfectamente el escorbuto de las encías y las harán crecer pronto y junto a los dientes, del mismo modo que harán delicado el aliento y remediarán casi todos los problemas consecuencia de las encías escorbúticas  y de los dientes enfermos.”

Más adelante, recomienda sus dentífricos a “quienes cuidan niños,” asegurándoles que son perfectamente seguros aun para los dientes más tiernos, que prevendrán una caries  prematura de los primeros dientes y evitarán esas “caras hinchadas y los violentos dolores a los que suelen estar sometidos los niños al cambiar los dientes.”

Sus dentífricos se vendieron en perfumerías y boticas de las mayores ciudades de Europa, tanto como en Inglaterra. Jacob Hemet, productor y distribuidor de dentífrico, sedicente dentista, estuvo muy adelantado a sus tiempos. Se lo podría considerar el antecesor de las modernas compañías, que también se dedican a los avisos masivos, empapelando las naciones con las cualidades milagrosas que proclaman de sus productos.

Se retiró de la práctica de la odontología a los 61 (o 63) y se mudó a Hastings en Sussex. Infortunadamente su retiro duró poco, pues falleció de un ataque el 22 de agosto de 1790 y fue sepultado en St Clement Danes, iglesia en la City de Westminster, Londres, que completó en 1682 el célebre Sir Christopher Wren.

    *Ver imagen de la época en digresiones.

[Datos tomados de Malvin E. Ring]

 

 

                                                                    H.M.

                                           

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