HISTÓRICAS     

                 

 

 

                          Dientes naturales

                                   Venus de Willendorf     Venus de Willendorf

Con dientes naturales se hicieron removibles y fijas desde tiempos de los etruscos o quizá la exquisita Venus esteatopigia ya los tuvo (¡No exageres, Horacio, que ella vivió más de 20000 años aC!).. Ya 700 aC, las coquetas tarquinias se hacían quitar los dientes anteriores para ponerse implantes – perdón, quise decir puentes de dientes naturales. Si no, como cuentan mi tocayo latino y también Marcial (ver El diente secreto), usaban dientes tallados en marfil de elefante y de hipopótamo, en hueso y aun en la negrísima madera de alguna Buxaceae, pero vayamos a historias más fresquitas, como de mis tiempos, para encontrar a Guillemeau, que publicó el primero su intento de fabricar dientes artificiales con un material menos perecedero, una mezcla muy dura de perlas, coral, gomas y ceras, que también se usó para rellenar caries.

Hacia fines del siglo XVII, la tendencia fue a preferir el marfil de hipopótamo antes que el de elefante (preferido, claro, por el hombre, no por esos bichos), pues se pigmentaba menos. Así lo señaló, en 1746, Pierre Fauchard, quien aclaró que también podían ser de león marino siempre que no se pudieran conseguir dientes humanos.

En 1654. Peter Lowe, en su Discourse of the Whole Art of Chyrugery, consignó que era posible hacer dientes postizos de marfil, hueso de ballenas o de mastines, atados a los dientes remanentes con hilos de oro, si bien reconoce que no es una práctica corriente. En 1685, Charles Allen publicó The Operator for the Teeth, donde deplora el transplante de dientes de un ser humano, pues “it is only robbing Peter to pay Paul” (robarle a Pedro para pagarle a Pablo). Pero él transplantaba dientes  animales (ovejas y perros) a mandíbulas humanas.

Todo este despliegue dentario tan surtido no dejó muestras hasta alrededor del  1500 dC, cuando se halló en Suiza un juego de prótesis íntegramente tallado en hueso, con dientes anteriores sin pretensiones anatómicas. Cada prótesis está hecha en tres partes, unidas entre sí por hilo.

En Inglaterra, el primer hallazgo arqueológico con dientes postizos provino de Spitalfields, en Londres, realizados en los s XVIII y XIX en porcelana y marfil, éste quizá de hipopótamo. No faltó una placa tallada en marfil, con dientes adheridos de seres humanos, obtenidos en los campos de batalla y llamados “dientes de Waterloo” (como ya publicamos en U. O.).

Un temprano ejemplo fue encontrado en una mujer de 35 años, datado en 1739, con dos coronas dentarias ligadas al incisivo central derecho y al canino izquierdo. En el lujoso cementerio de Marylebone hallaron en una mandíbula femenina un central inferior izquierdo unido con alambre, mientras que en la necrópolis pobre de Cross Bones no se hallaron dientes ni dentaduras postizas, como tampoco en el camposanto de clase media de Canterbury.

¡Queda claro que ya en el s XIX las prótesis estaban al sólo alcance de los miembros más ricos de la sociedad!

 

 COLGANTE

En otros tiempos existió una moda con dientes naturales en serio que debieran revivir quienes ven en la odontología estrictamente un medio de ganar dinero. Para los supongo pocos colegas que hoy piensan así, Universo Odontológico les obsequia colgantes como los que usaron otros renombrados dientistas (sic) de ille tempore

 

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