HISTÓRICAS     

        Director del Museo de la FOUBA

El Dr. Alberto José Olivan, quien ha dedicado muchos años de su vida al Museo de Historia de la Odontología de la FOUBA, ha sido designado Director (int.) tras la renuncia del inefable Orestes Walter Siutti.

¡Mucha suerte en la nueva etapa!

 

 Miedo de la sonrisa

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En busca de la sonrisa perdida

La sonriente Gioconda en verdad era un joven amigo íntimo del Leonardo o él mismo travestido. Cualquier cosa se ha dicho. Sonrisa al fin, pero sin dientes. ¿Tantos retratos pintados como éste de tan gran fama y ningún pintor plasmó sonrisas con dientes?

¿Por qué?

En Gran Bretaña, hubo prejuicios tradicionales, que se mantenían frescos en la era victoriana, contra el despliegue de dientes, considerado amenazante, indecente, a veces escabroso, raras veces hermoso.

Charles Lebrun, pintor del s. XVII, recordó esa silenciosa convención que regía desde la antigüedad; de que una boca abierta significaba exhibir dientes en mal estado y esto revelaba al plebeyo,  insano, grotesco o sujeto a pasiones extremadas, con la razón y la seriedad dejadas circunstancialmente de lado.

Pero poco antes de la Revolución Francesa, en el Salón de París de 1787, se exhibió un autorretrato de Mme Elisabeth Louise Vigée-Lebrun, con su hija en brazos y ella con una discreta sonrisa de labios separados  y exhibición de dientes.

                        

Cuadro de Vigée-Lebruns, el de la  controversia, de 1787

Los labios maternos se separan para revelar un emblema de pureza, transparencia, naturalidad: dientes blancos, limpios, brillantes, y simétricos que escandalizaron a la sociedad, como lo expresó la chismosa Moufle d'Angerville, que escribió: "Una afectación que mereció la condena de artists, amantes del arte y personas de buen gusro y que no tiene precedentes en la antigüedad. […] El retrato de Mme Vigée-Lebrun, que muestra los dientes, queda particularmente fuera de lugar en una madre."

Jacob Simon, curador de la National Portrait Gallery, en Londres, señala como el primer retrato dentado de su colección el de Emma, Lady Hamilton, by George Romney la amante de Lord Nelson),. Fue  pintado dos años antes que el de Mme Vigée-Lebrun, en 1785

Hasta el siglo XVIII

Hasta el siglo XVIII, fueraro ver sonrisas con diente, porque sugería algo mal en el sujeto. María, madre de Dios, tantas veces retratada, nunca abre su boca para nada, ni siquiera en presencia de un milagro.

Al término del ancien régime ya un pintor podía mostrar una hermosa mujer sonriente con todas sus perlas, sin connotaciones. Además de cambios sociales y culturales debió tener que ver con la aparición de dentistas dedicados a su profesión.

Se afirma que Antonio Pisanello (1395-1455)  habría registrado bocas dentadas. Como en su retrato del emperador Segismundo, en cuya boca abierta se ven los dientes, pero no sonríe. De  Mantegna habría 23 casos dentados, de los que recuerdo un Niño Cristo en brazos, desdentado, con unos cuantos ángeles cantores, y un Jesús resurrecto que muestra beatíficamente los dientes. Se puede ver una sonrisa en el Niño Cristo de Domenico Beccafumi (1486–1551), dos siglos antes de la pintora francesa, o tres lustros en la encantadora joven de William Hogarth.

 

La muchacha de los langostinos (Hoigarth)

 

 

La sonrisa francesa

Jean M Ruisseau

(belga)

La sonrisa francesa, relajada, a boca plena, bien humorada, y sana, fue apreciada en otros países, como lo expresó el sabio italiano Caraccioli: Paris se sacude “con una moderada alegría, no de grandes explosiones de carcajadas, sino de facciones sonrientes. Lavater, concordó: Los franceses siempre sonríen: “Los reconozco por sus dientes y su sonrisa.”

Lo que podemos hacer hoy los dentistas atesanales es dedicarnos a la creación de nuevas sonrisas resplandecientes, como las francesas, para deleite de artistas (y legos).                               

Horacio Martínez

                    

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