HISTÓRICAS     

Sobre los orígenes de las buenas maneras

 

No es de bien educado ser curioso.

No es de hombre de ciencia no ser curioso.

Curiosee, colega, a cuándo se remontan las buenas maneras… que no debieran faltar en ningún buen consultorio (Ver digresiones.).

 Ptahhotep, visir en el antiguo Egipto, durante la Quinta Dinastía, siendo faraón Djedkare Isesi (ca. 2414–2375 a.C.), escribió las primeras normas conocidas de buenas maneras. Algunas aparecen en digresiones. Y todas las civilizaciones tuvieron sus reglas de conducta social apropiada, incluidas Grecia, Roma y China, con Confucio, que incluyó cómo se debe comer y hablar en sus escritos filosóficos.

No extraña a nadie que las normas más exigentes de etiqueta se originaran en las cortes francesas (s XVI y XVII). En el reinado de Luis XIV, se pegó por doquier un cartel (etiquette, de ahí “etiqueta”) con las reglas que era preciso seguir. Luis XIV estableció todo un elaborado y rígido ceremonial cortesano, aunque él mismo no lo respetara siempre… para eso era el rey.

Pero las buenas maneras habían sido ya exaltadas y codificadas en cuanto a la conducta que distingue a un “caballero” en un libro de Baldassare Castiglione, Il Cortegiano ("El Cortesano"); el código preconizado para la brillante corte ducal de Urbino reunida en torno a Guidobaldo de Montefeltro e Isabel Gonzaga, siguió vigente hasta entrado el siglo pasado.

Baltasar de Castiglione fue un producto genuino del refinamiento cultural que se respiró en las cortes italianas del Cinquecento y un paradigma inequívoco del humanismo de su época. Su obra, cumbre del Renacimiento italiano, de 1508, la concluyó diez años después. No vio la luz en forma impresa hasta 1528, un año antes de la muerte del autor, en Toledo, siendo súbdito del emperador Carlos V. Escenifica cuatro veladas en una atmósfera poética y espiritual: un grupo de caballeros de alta alcurnia e ingenio discuten sobre cómo ha de ser el perfecto cortesano y la perfecta dama. Es un manual del bien decir y del bien comportarse, traducido por Juan Boscán para ser publicado en Barcelona en 1534.

Una sola frase de muestra: Perdonando demasiado a quienes cometen faltas, se hace una injusticia a quienes no las cometen.

 Un libro pequeño, pero importante, sobre la etiqueta es el que publicó Monsignor Giovanni della Casa: Galateo, overo de' costumi (el título completo, significativo, es Trattato di Messer Giovanni Della Casa, nel quale sotto la persona d'un vecchio idiota ammaestrante un suo giovinetto, si ragiona dei modi che si debbono o tenere o schifare nella comune conversazione), llamado galateo (por eticheta o protocolo); denominación derivada de Galeazzo (Galatheus) Florimonte, obispo de Sessa que sugirió a su amigo monseñor que escribiera un “código” de las buenas  costumbres. Quizá del sentido común.

Acaso no es sensato que la cuchara esté a la derecha en el cubierto, siendo que la mayoría somos diestros y que se suele comenzar por la sopa, en lo del rey y en lo del obrero. Levantar los codos al cortar la  carne incomoda al vecino. ¿Y hace falta escribir que se ha de tener respeto por el prójimo? Bueno, hoy sí, y por eso es como es este número de Universo Odontológico. (Véase la ilustración de Gillray que acompaña estas líneas.)

En High-Change in Bond Street,—ou—la Politesse du Grande Monde (1796), James Gillray caricaturiza la falta de etiqueta en un grupo de hombres que miran lascivamente a las mujeres sin cederles la vereda y obligándolas a caminar por la embarrada calle.

Archivo:High-Change-in-Bond-Street-Gillray.jpeg 

Concluyo con un par de curiosidades. La primera es que un héroe norteamericano, George Washington, haya escrito Rules of Civility And Decent Behavior In Company And Conversation, en francés, traducido al ingles más tarde. La segunda es que un libro sobre igual tema, publicado por Emily Post en USA en 1922 haya constituido prácticamente un best-sellerEtiquette--In Society, In Business, In Politics, and At Home. Hoy en yanquilandia, y no sólo allá, se ha llegado a que la etiqueta deba ser forzada en carteles comunes en restaurantes y negocios de áreas cálidas: "Sin zapatos, sin camisa, sin servicio"

Los ingleses, más respetuosos de las buenas maneras, las llevaron a extremos bajo el reinado de la Reina Victoria.

Los franceses, poco victorianos, crearon el lema de “no importa qué se diga, si se pronuncia correctamente.”

Concluyo con los orígenes peculiares de algunas buenas maneras.

Darse la mano era, en tiempos medievales, una manera de mostrar que la diestra no sostenía un arma.

No apoyar los codos en la mesa comenzó por ser una manera de asegurarse de que no se volcara con todo.

Quitarse el sombrero ante una mujer era el modo de saludar con una reverencia en tiempos de Isabel de Inglaterra. Si no, el alto plumero podía tocar la cara de la dama.

En el día de Fauchard, terminemos recordando que  aplaudió la norma que obligaba a hombres y mujeres a quitarse los grandes sombreros en el teatro (Ver Fauchard enamorado, Ed. Ripano.)

                                                           H. M.

 

                                           

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