HISTÓRICAS     

    La primera revista de nuestra ciencia y arte

 

                                                        American journal of dental science.

                  American journal of dental science.(1839)

                        Editor: American Society of Dental Surgeons.

 

El periodismo profesional es capaz de demostrar que no hay poder más  eficiente para el crecimiento inteligente y desarrollo científico de una profesión que no sólo una buena revista sino una buena cantidad de ellas. (Penn J Dent Sci 1874 Dec; 1:510-2)

La mayoría de los dentistas (odontólogos) no leen, ni literatura general ni literatura dental. Ergo, apenas si saben escribir. Luego, cada vez es más reducido su vocabulario [ver DIGRESIONES]. El arte y ciencia de la odontología no es más que una elemental artesanía (foto) si no está sustentada por evidencias científicas, clínicas o de laboratorio, difundidas debidamente por las publicaciones periódicas especializadas.

Cuando se publicó la primera revista dental en el mundo, en los Estados Unidos de Norteamérica, no había en ese país más que 300 dentistas formales, y los demás eran más o menos charlatanes, más o menos aprendices de algún maestro.

Sin embargo, con toda razón, el periodismo odontológico está considerado un pilar (para mí, claro, el más importante) de nuestra actividad). Pero ni siquiera en aquella gran potencia del Norte se pudo evitar la dificultad de financiación. Además, los dentistas preferían leer las revistas editadas por la industria, vendidas muy baratas o directamente regaladas, llamadas por esto throw-aways (desechables).

La historia del American Journal of Dental Science (foto), primera revista independiente es representativa de lo sucedido a las demás publicaciones independientes dentales.  Iniciada en 1839, se publicó a pérdidas por más de 20 años. La hacía un dedicado grupo de colegas de Baltimore, no expertos financieros, que terminaron por venderla a unos comerciantes de Boston. Revivió por distintos períodos hasta su desaparición final en 1909.

Fue similar lo ocurrido con otras como New York Dental Recorder, Independent Practitioner, y el Dental Register, inicialmente independientes, pero finalmente cedidas a la poderosa industria.

Un hombre excepcional, culto y dedicado, Director de la Biblioteca de la ADA, George B. Denton, Ph. D., autor de libros valiosos para nuestra profesión, en una charla leída ante bibliotecarios (52nd Annual Meeting, Medical Library Association, Salt Lake City, junio 18, 1953), se preguntaba si las instituciones al pensar en costos también pensaban en rendimientos de progreso y en cómo obtener aportes prácticos.

Otra bibliotecaria, de la Universidad de Indiana, Escuela Dental, Sara Anne Hook  (Early Dental Journalism: A Mirror of the Development of Dentistry as a Profession Bull. Med. Libr. Assoc. 73(4) octubre 1985) señaló el crecimiento tan rápido del periodismo dental en USA que llevó a la existencia de 20 revistas meritorias hacia 1883, más de la mitad de las editadas en el mundo. Cita al Dr. E. S. Chisholm: “Estoy convencido de que nuestro periodismo ha sido sustancial para lograr que nuestra profesión sea lo que es hoy.”

W H Trueman escribió (The history of dental journalism) que “entre la cantidad inicial de revistas odontológicas, hoy desaparecidas, muchas se iniciaron con ideales muy elevados, enorme entusiasmo y buen equipamiento, pero faltas de la esencial habilidad financiera para prosperar.” Eran tiempos de conflicto entre las revistas comerciales y las independientes.

Los dentistas las preferían descartables porque eran menos costosas, les traían las novedades y, algunas veces, información científica no sesgada. Tenían al frente, por lo general, directores destacados en la profesión, bien pagos; mientras que las revistas institucionales tenían colegas directores de buena voluntad y sin paga alguna. Esta situación duró hasta entrado el siglo XX

William J. Gies, en Boston, en 1916, en un bien salpimentado discurso, generó el gran cambio, al decir: “El periodismo comercial dentro de una profesión es una forma de autocracia: cuando es benevolente, empobrece; cuando es dominante, desmoraliza. Como las autocracias, explota a quienes confían en él; sólo procura destruir a quienes las desafían.”

Fue muy estimado el Dental Cosmos, iniciado como Dental Newsletter en 1847, publicado por S. S. White Company, de Filadelfia, a muy bajo precio, y no viene mal volver más de una vez a sus artículos, ubicables en toda buena biblioteca (como la de la AOA). Es interesante que se fusionara con otra revista en 1936 y que haya generado el actual Journal of the American Dental Association, iniciado en 1912.

Es decir que, dentro de una masa desechable, hubo esta revista sobresaliente, y otras de valor como Dental Items of Interest (1879-1953). Hasta el momento cumbre de la creación del Journal of Dental Research en 1919.

¿Cuál era el problema de las publicaciones comerciales? Que no se podía saber si sus propietarios influían sobre los contenidos. Se sospechó siempre. Nunca se pudo demostrar palmariamente. Aún hoy hay dudas cuando una empresa patrocina o pone los fondos o dona sus materiales para la investigación.

A H Thompson (Trade journals vs. independent journalism.West Dent J 1889 Nov;3:481-4) escribió: “El nivel del periodismo dental de hoy, pobre y bajo  … no se debe al entrometimiento del director, sino a la baja calidad y pobreza de la labor de edición. Los directores no se preocupan por lo que va en sus páginas en tanto se sientan seguros de que a la revista se la catalogue bien y tenga un buen número de suscriptores. Es el genio del director el que da forma a su personalidad en un sentido literario.”

En defensa de las revistas, S E Harryman escribió: "En mi experiencia, no pasa un día de trabajo sin que sienta gratitud por algunos de estos benefactores de la profesión" (Revival in dental journalism. Dent Register 1874 May;28:217-8.)

En cambio, un editorial del Pennsylvania Journal ofDental Science se quejaba: “Hay demasiadas revistas. En su mayor parte, los artículos son refritos y se copian unos de otros, o lo nuevo es demasiado común y basura. Otros, en vez, son tan altaneros en su concepto de lo que debe constiotuir una buena revista que llevan la cuestión a escala majestuosa.”

Algo de historia, otro poco de polémicas de nunca terminar, para encontrarnos hoy con una extraordinaria riqueza de material, que hace muy meritorio el esfuerzo de Universo Odontológico por reducir un poco el volumen y ponerlo al alcance de los lectores, libre de eso que abunda todavía y que señaló el Pennsylvania Journal ofDental Science.

Los tiempos cambian, los malos hábitos no.

¿Algo que comentar, callados lectores nuestros?

                                                                        H. M.

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