HISTÓRICAS     

 

 

                                                                                                       

 

 

Odontología del siglo XVI y la obra de Francisco Martínez de Castrillo,

                               por Víctor Manuel Esponda Gaxiola y Lourdes C. Aguilar Laurents

 

Esta pareja de autores mexicanos dedicó un meritorio trabajo a la primera obra sobre odontología en idioma español. U. O. sólo quiere agregar (que ya bastante va a cortar) que el Martínez en cuestión encaró su texto como un diálogo platónico en boca del pueblo, o, quizá como los coloquios entre Cipión y Berganza que casi 60 años después nos habría de legar Cervantes (Novela, y coloquio, que pasó entre Cipión y Berganza, perros del Hospital de la Resurrección, que está en la ciudad de Valladolid, fuera de la puerta del Campo, a quien comúnmente llaman "Los perros de Mahudes")

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Los barberos con sus reconocidos saberes en el manejo de las navajas e instrumentos, monopolizaban en el s XVI procedimientos tan diversos como las sangrías, el corte de cabello y de callos, reducción de fracturas y extracción de muelas. Había pocos médicos, insuficientes para atender todas las necesidades. La razón de su escasez es que había muy pocas escuelas de medicina y las vacantes estaban reservadas para las clases privilegiadas. Tenían los médicos una vanidad en la que por principio no tocaban a los enfermos, el médico era sólo amo y hombre de saber y de ciencia, el orgullo de su clase superior le impedía trabajar para extraños con sus manos.

En España desde el año de 1500 los reyes católicos legislaron una Pragmática donde concedían la facultad de sacar dientes y muelas a los barberos examinados, aprobados por sus barberos mayores, barberos laicos, que ignoraban el latín y quedaban limitados a la flebotomía, a la extracción de dientes y a la curación de heridas. La asistencia a clases de anatomía, curaciones y vendajes en la Facultad de Medicina era obligatoria para cirujanos y barberos.

Era claro que en esos tiempos no había homogeneidad entre los actores encargados de la terapia de los males de la boca, existía desigualdad en sus orígenes, en sus estudios, y su nivel social era bajo para los barberos y alto para los médicos

 

 

Portada del coloquio de Martínez de Castrillo

Los límites de sus respectivas actividades no eran claros y el gremio de uno rechazaba al del otro, los médicos orgullosos, inflexibles, con conocimientos de latín, estudios reglamentados, se les hacía poco lo que pasaba en la boca y sentían un fuerte desprecio a la práctica quirúrgica. Rivalidad entre médicos y barberos Este sentir entre la rivalidad de médicos, cirujanos y barberos también lo expone Dionisio Daza Chacón en su obra Práctica y Teórica de Cirugía, donde comenta las inexperiencias de los barberos y dice “por que una cosa os ruego y os lo amonesto, y es que la menos carnicería que pudiereis hacer hagáis”, además menciona que hacen uso de forma exagerada con sus instrumentos, exponiendo demasiado el hueso, y dice “y tengo por peor caer en sus manos que en la de los ladrones robadores, porque estos quitan el dinero o la hacienda y dejaros ir vuestro camino, pero aquellos lo primero os quitan el dinero y después la vida”.

El gremio de los barberos estuvo en manos de personas incultas que no tuvieron la motivación de publicar. El Bachiller Francisco Martínez de Castrillo, natural de la Villa de Castrillo de Onielo, Valladolid (1520-1585) fue hombre de saber, que estudió en la universidad, después de cursar el bachillerato en artes y titularse en medicina, fue capellán de la corte de los Habsburgos. Estos grandes señores, poseedores de un valiosísimo cuerpo de médicos y cirujanos, lo nombraron médico de la boca de Felipe II, el 27 de agosto de 1565.

Brujas administrando una poción a una mujer enferma (detalle de grabado del siglo XVII).

                                                                                                                                                             Brujerías de la época

Carlos nació con un diente, por lo que en él se hizo buena la superstición de que aquellos que nacen con algún diente, son causa de grandes quebrantos. Nuestro autor se ocupó de la dentadura del príncipe desde sus primeros años. Escribió el primer libro dedicado a la dentadura y sus enfermedades, redactado en castellano que se titula Coloquio breve y compendioso sobre la materia de la dentadura y maravillosa obra de la boca, contiene muchos remedios y avisos necesarios, y la orden de curar y aderezar los dientes. El libro (1557)  lo dedica “al alto y muy poderoso señor príncipe Don Carlos, nuestro señor”.

El ejemplar que estudiamos es un facsímil copia fiel del original, y fue impreso por Alberto Vasallo de Mumbert, en 1975, precedido de un prólogo de D. Pedro García Gras, Catedrático de Estomatología de la Universidad Complutense en 1975.  Hay dos prólogos, uno dirigido al rey y otro al lector, la tabla o índice está dividida en cuatro partes que consta de 152 folios, y está numerada en 314 páginas. Tiene imágenes diseñadas por él, como son: alicates, escoplos, martillos, pulican, gatillo, botador, mondadientes e instrumentos para quitar la tova o el sarro; en la última página hay una ilustración de Santa Apolonia.

Está redactado a modo de coloquio, con diálogos entre personas del vulgo, donde un personaje de nombre Ramiro, le expone pesares y angustias a otro de nombre Valerio, a quien no llama ni barbero ni cirujano sino… “el que sabe de dientes”. 19 Este último, Valerio, saca a relucir las creencias, engaños y problemas de la época en cuanto a la dentadura. Ramiro es un hombre del pueblo que tiene todas las dudas que entonces existían en materia odontológica. Textualmente, Martínez de Castrillo dice en su prólogo: “lo que quiero con esta obrecita es abrir camino y se vea a la boca como una de las más excelentes del cuerpo y que se consiga el bien de la vida humana, cuyos instrumentos son los dientes y su conservación muy necesaria. Ya que los médicos y cirujanos la han desterrado de los términos y límites de la medicina, privándolos de sus beneficios. Así ya que los doctos no han querido y han dejado en poder de gentes sin ciencia ni arte alguno, y por dicha razón hay tantos abusos en el orden de curar”.

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Para enfatizar sus descripciones y darles sabor, Martínez usa dichos de la época, como cuando habla de la herencia y mala constitución, cito “así verás al rico, con mil enfermedades y al sano que no tiene un pan que comer”, más adelante vuelve al dicho y dice así, “lo poco limpia y lo mucho daña”, con esto hace hincapié en el cuidado que hay que tener con algunos medicamentos agresivos que describe en el libro. La intención de Francisco Martínez, de escribir la obra fue “por lo poco apreciados que están los tratamientos de boca por los médicos, que la han desterrado de los términos y límites de la medicina, privándola de sus beneficios, así ya que los doctos no han querido y han dejado en poder de gente sin ciencia ni arte alguno, y por dicha razón hay tantos abusos en el orden de curar y que pierden los dientes infinidad de gentes antes de tiempo”. Haciendo énfasis “de lo pobre que está España de buenas bocas”. A este respecto, nuestro autor, Francisco Martínez, calificaba a los médicos de soberbios, inflexibles y faltos de interés sobre lo que pasaba en la boca: “yo no se que enemistad hay entre la medicina y la boca, siendo la puerta más principal para la provisión de alimentos, ¿porque la quieren desterrar de los términos y límites de ella?” En otra parte de su obra, el mismo Martínez trata de integrar a todos los profesionales, con el objetivo de remediar el desorden, y sugiere que al barbero le queda sacar las muelas, limpiar los dientes y aun el neguijón (lesión cariosa), según fuese el caso y dice. “Finalmente me parece que se debería hacer y haría yo si se quisiera dar calidad, habría que llamar de todos, (médicos, barberos y cirujanos), porque la experiencia de unos y la ciencia de los otros aseguran más el daño del paciente y no debe molestar a unos que se llamen a los otros, es lo que me parece que salva la paz y que lo vea quién lo entienda”.

Nuestro autor se dedica con ahínco al estudio de la boca, y asegura lo difícil que es el diagnóstico, recomienda además cómo liberarse del influjo tradicional de Galeno, haciendo un comentario sarcástico en su coloquio: “¿de que os reís cuando digo que busques físico o médico para un dolor de muelas?”, “no le quería llamar por no verle entrar con un recipe, (receta), poniendo su honra para que todos le admiren de lo que dice y le crean como fe, siendo la medicina una facultad en que no se puede saber nada, aun con la influencia de Galeno, el más principal de todos, y que aunque es el mejor, cien veces hierra, por la dificultad grande de ajustar las dolencias y las complexiones de los hombres y las diferencias de los humores, y particulares influencias del cielo y constituciones del aire, que parece cosa imposible de comprender, todo el juicio humano y con todo esto veréis un ¡idiota! que luego quiere que le crean lo que dice como evangelio y que allí se encierra cuanta filosofía humana hay, pero antes que ponga los dedos en el pulso tiene el corazón en su bolsa.

Uno de los capítulos más valiosos de la obra es el que se refiere a la anatomía y función de los dientes, así como el fascículo dedicado a la manera de tener “una dentadura perfecta”. Hace hincapié en que la arcada dentaria funciona como una unidad: “como una estructura que le da una muela con otra, como las piedras de un arco que están juntas y encajadas y que si se quita una se caen las demás”.

También comenta sobre la importancia de la masticación, del lenguaje y la estética, y apunta: “La primera función es la de cortar y dividir, moler los alimentos gruesos, porque el estómago más fácil lo digiera y cueza y lo transforme en otra sustancia llamada quilo. Los hizo la naturaleza duros y agudos para bien hablar, porque apoyando la lengua, el aire con ellos se puede bien pronunciar, y así los hizo anchuelos, con una concavidad para formar la palabra, pues cuán necesario es la buena habla, que muchos oradores han dejado por falta, y no han trascendido por lo mismo”.

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Sobre la estética, más adelante Valerio le comenta: “Ramiro no quedaréis muy amigo de desdentados, en especial de galanas, que lloran con sus dos ojos, y llorarían con mil si mil tuviesen,” “porque la dama no se puede llamar hermosa sin ellos, ni el galán gentilhombre”. 30 Martínez de Castrillo analiza la funcionalidad, desarrollo y crecimiento de la boca con verdadera maestría, expone el valor médico en el tratamiento precoz de la dentadura infantil, critica a los padres de familia que no miran los dientes de los niños cuando se empiezan a corromper, y comenta que no son cosa baladí por mucho que sean dientes de leche, y en forma de dicho indica: “más honra me hace el que me avisa de no caer en el hoyo, que el que me deja caer, y después me da la mano”.

Cuando trata el tema de patología de la encía aconseja: “si acaso las encías se aposteman y las quieren curar, primero miren si hay tova, (placa dento-bacteriana y cálculo o sarro) y quítensela, porque en tanto no la quitasen aprovecharan poco las medicinas”. Martínez explica con esto que el uso de medicamentos es inútil, sin antes haber quitado el cálculo o tova como él lo llama (este concepto está considerado como un procedimiento de rutina en la periodoncia moderna). Siguiendo con la descripción de Martínez, cito: “al quitar la tova, la encía álzase, y se encarna al diente más alto que cuando estaba la tova”.

 

Critica a quienes recomiendan medicamentos cáusticos, pues dice que las encías se esponjan y se inflaman pero no se encarnan. Las tovas se pegan mucho al diente y se puede evitar que se críen, con limpiarlos ordinariamente, Martínez señala lo que hoy en día es control personal de placa microbiana, señalando lo siguiente: “quitar la tova cuando está tierna, usando un paño frotando los dientes, se hacen mondadientes con una astilla blanda de olivo, o hecha de oro o de plata, lo que se debe hacer es, quitar lo malo, conservar lo bueno y restituir lo falto”. Uno de los pasajes más exitosos del libro es el que dedica a desmentir la presencia de gusanos, agentes responsables en las lesiones cariosas. La ancestral teoría se había arraigado en el pueblo y queda anulada de forma contundente por Francisco Martínez, cuando trata los conceptos sobre caries que considera como una enfermedad: “(pasión), provocada por los diferentes humores, (concepto galénico), puede presentarse esta enfermedad de tres formas según el origen del humor, el humor colérico menos dañino con una lesión negra o neguijón (lesión cariosa), el neguijón blanco que casi no se ve es una lesión menos dañina, más tratable, y el humor sanguíneo cercano a la raíz reblandece los dientes, y cuando el neguijón llega al nerviecillo o vena que gobierna la dentadura no se puede tratar y no se recomienda el cauterio” Martínez reconoce que, “cuando el mal es producido por los humores sanguíneos o carnosos los remedios de yerbas como el pelitre, sólo adormecen, lo único que hacen es prolongar la pasión y ha de perder la muela cuando estuviese corrompida sin remedio, y los ensalmos y bendiciones que es remedio divino, si son buenos y están aprobados, en esto no me entremeto ni es mío de examinar, con todo digo que no hay hierba ni raíz como el gatillo del barbero”.

Aclara Martínez “que la parte exterior de la muela es muy dura y la corrupción hácese poco hasta que llega al interior tierno, que resulta la flaqueza, y entra el sentimiento que hiere a los nerviecillos que hacen doler. Corren a tal parte reumas y superfluidades, y que si se tapa el agujero, donde sale tanta reuma, es causa de aquel dolor excesivo; el caso usar la lanceta y el drene, creo que tendrás entendido que es bueno sacar la muela cuando está sin remedio”. Insiste en el tema de la caries, y dice “que cuando se cura un diente el mismo que se curó se puede tornar a corromper por otra parte, y de la misma manera que se corrompió cuando estaba bueno, y por eso os aviso que desde ahora, después de curar vuestros dientes, tengáis en cuenta, que si no tenéis cargo de conservarlos limpios y dejáis llegar hasta allí el manjar, se tornará a corromper”. En otra sección, Ramiro pregunta a Valerio lo siguiente, “Valerio deseo saber si lo dulce es dañoso a la dentadura, pues en comiéndolo me duelen las muelas y querría que me dijeses la causa de esto”, a lo que responde Valerio, “todo lo dulce se convierte muy fácil en cólera y humores calientes, y en el hígado, calor excesivo, y eso sube a la cabeza, donde se engendran reumas de todo tipo, y por lo tanto, si lo dejan en las muelas se corrompe presto. Es bueno no comer, pero si se come es necesario enjuagarse la boca, que no quede nada de dulce pegado a la dentadura, y para que veas que dañoso es el dulce, si te fijas bien en ello”, “pocos que mucho dulce comen, tienen buena dentadura”.

Por lo anterior nos damos cuenta de que expone la íntima relación entre el consumo de alimentos azucarados y el proceso de caries.

En el aspecto de la prótesis hace comentarios no muy halagadores y dice lo siguiente: “para poner un diente, hay que sujetarlo con dos amarres, que hacen tensión y que con el atar y desatar, al tiempo se derriban los dos, y si son dos los que faltan, se derriban mejor”, y concluye “que poner un diente por un año, viene a estar toda la vida sin los naturales”.

Francisco Martínez de Castrillo afirmó en su libro la innovadora idea de que la caries no era producida por un gusano, concepto aceptado a nivel mundial, lo que hizo de forma contundente y clara 171 años antes que Fauchard.

A John Kunstmann42 en Inglaterra, se le otorga el privilegio de ser el “pionero de la terapia periodontal”, por haber descrito la remoción de cálculo subgingival, utilizando instrumentos de su propio diseño en el año de 1772; como verán ustedes 215 años antes, Martínez de Castrillo describe en su libro la eliminación del sarro, con instrumentos propios. El tratado breve de Martínez tuvo una gran influencia en España durante casi un siglo.

Diego Pérez de Bustos publicó un manual de flebotomía en 1700 en Valencia, que es un resumen del libro de Martínez y era destinado a la preparación de los profesionales autorizados para ejercer, en él incluye sus grabados de instrumentos para extraer muelas y dientes y para limpiar lesiones incipientes de caries, los dibujos de este instrumental sirven a más de a Pérez de Bustos a Alonso Muñoz en el siglo XVII; y en el XVIII, a Ricardo Le Preux, quien hace uso de las fuentes de los dos últimos44 (9)p.

Por lo general, los libros de historia de la odontología escritos en lenguas anglosajonas hablan sobre la obra de Martínez de manera muy parcial y escueta (otros ni lo nombran).

 

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