HISTÓRICAS     

                 Sacamuelas del Medioevo

                           Image of medieval dentistry  

               Deténgase, colega, un instante y

               juzgue los detalles crueles y surrealistas

               de esta imagen medieval

Pierre Fauchard, con su texto precursor, contribuyó a destruir las falsas creencias y dogmas prevalecientes hasta sus tiempos, que se basaban en las palabras de los maestros o en las supersticiones populares, o hasta en textos religiosos como los de Hammurabi. Explícitamente denostó la falsedad del gusano de las caries. Tampoco es que no se hiciera nada antes de él. Por eso, aunque sea mínimamente es de suponer que los dentistas modernos pueden estar interesados en conocer qué se hacía en el Medioevo.

Turner, G. y Anderson, T. (Marked occupational dental abrasion from medieval Kent (International Journal of Osteoarchaeology 2003 13: 168-172), por ejemplo escribieron sobre las abrasiones dentarias que hallaron en dentaduras masculinas del medioevo, que estimaron ocupacionales, propias quizá de carpinteros.

El coautor, óseo-arqueólogo Trevor Anderson,, ha trabajado en Canterbury durante los últimos 16 años, donde examinó los restos de más de 1500 entierros y cremaciones. Asimismo, en la St James’ Abbey, de Northampton, halló una muy alta incidencia de patologías varias, lo  cual le indicó que era probable la  presencia allí de una enfermería monástica.

De sus observaciones personales y lecturas, comentó: Cuanto más rica la persona mayor era su consumo de azúcar y mayor cantidad de caries. En cambio, los aldeanos medievales es probable que tuvieran una dieta más tosca y que quedara menos atrapada en los dientes y, por tanto, menos caries.

También se ha dicho que los aldeanos medievales tenían mejores dientes porque estaban más tiempo masticando los alimentos no refinados que consumían. El Profesor Wolfgang Arnold, de la Universidad de Witten/Herdecke, estudió los restos de gente sepultada entre los siglos V y IX, y halló que era errónea la imagen de las personas del medioevo con dientes podridos, pues los restos hallados por él no tenían los dientes cariados, aunque no dispusieran de cepillos dentales.

Anderson cita documentos que sólo pudieron estar a disposición de una élite de “físicos” y cirujanos, en ciudades grandes o universitarias. Como el texto conocido como la Cirugía de Roger Frugard, escrito en latín, en la península itálica, alrededor de 1180 dC, donde figura el cáncer bucal y la cirugía aconsejada.

Recomienda curarlo cortando por la carne normal alrededor del cáncer, cauterizando la herida y sellando con yema de huevo para terminar lavando con vino. A los 3 días frota la herida con alumbre y le aplica una loción con vino y miel y diversas hierbas.

El mismo texto sugiere como resolver la dislocación de la mandíbula y el consejo al paciente de evitar las comidas demasiado resistentes que puedan provocar la repetición del accidente.

Aparte del uso casi popular de distintas hierbas tradicionales, los autores también sugerían extrañas recetas y oraciones para promover extracciones indoloras. Por ejemplo:

Tome algunas lagartijas y esos bichos asquerosos que se hallan en los pantanos en verano, calcínelos y póngalos en un mortero de hierro para pulverizarlos .Mójese el índice de la mano derecha, insértelo en el polvo y aplíqueselo frecuentemente en el diente, no escupa, y el diente se caerá sin causar dolor. Está  probado.

Otro texto, de 1314 d.C., sugiere una simple oración a Santa Apolonia en el día de su festividad para curarse el dolor de muelas.

Para la halitosis, gárgaras con hierbas en vino (abedul y menta) y frotarse intensamente las encías con un paño de lino hasta hacerlas sangrar.

En fin, cuando un paciente se muestre descontento, mándelo a los mismísimos tiempos medievales, a ver si lo pasan mejor, o que esperen a febrero para rezarle a Sta. Apolonia.

                                                              H. M.

 

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