HISTÓRICAS     

 

Eritrodoncia, y  arsénico para Jorge III,  y su dentista Thomas Berdmore

 

Del filme Las locuras del rey Jorge III

 

Aquel arsénico que se lucía en los armarios odontológicos y reventaba los  nervios de los pacientes, anduvo por las pelucas y los pelos del rey Jorge.

Todo comenzó en una exhibición de un museo londinense, donde apareció en un precario sobre un mechón de pelos atribuidos al Rey Loco.  Cayó en manos del profesor Martin Warren, empeñado en resolver el misterio de la enfermedad de Jorge III De este rey y de su dentista ya nos ocupamos un par de veces [con otra información, que incluye interesantes anécdotas, en mayo 2009, p ej., pero a continuación de este artículo tan vinculado con nuestra “terapéutica dental” repasamos un poco la historia de ambos.

Al rey Jorge se lo recuerda por los largos períodos en que cometía actos como para que lo creyeran loco, como se aprecia en un filme de 1994, protagonizado por Nigel Hawthorne, Helen Mirren e Ian Holm.

Al analizar esos cabellos atribuidos al pobre Jorge, el resultado fue asombroso: contenía 300 veces el nivel tóxico de arsénico.

Sin embargo, como esto era desconocido, el rey debió soportar un chaleco de fuerza y ser encadenado a su sillón por sus desvaríos.

Sólo en 1970, los psiquiatras Ida MacAlpine y su hijo Richard Hunter revisaron la historia clínica del rey y notaron un síntoma clave: orina de color rojo oscuro, típico e inconfundible signo de porfiria.

El término “porfiria” proviene del griego πορφύρα, porphura, que significa "pigmento púrpura," por referencia al color de algunos fluidos corporales durante un ataque. Se   atribuyen las descripciones originales a Hipócrates. La porfiria eritropoyética, que da orina color vino tinto en los pañales, origina característicamente la eritrodoncia (color marrón oscuro de los dientes, sobre todo los primarios, por la acumulación de porfirinas).

Esta devastadora enfermedad, en su forma aguda, puede causar severos dolores abdominales, calambres, y hasta ataques de tipo epiléptico. Es frecuente, aun en los tiempos modernos, que se crea que el paciente es un enfermo mental.

Es un gran misterio la severidad de los ataques del rey Jorge III. Es raro que los hombres sufran esta forma, y sin síntomas.  Y el rey sólo comenzó a padecerlos después de los 50. Es decir, que Thomas Berdmore fue su dentista en tiempos anteriores a que se manifestaran sus síntomas de locura supuesta.

El profesor Warren consultó con el profesor Tim Cox, experto en casos extremos de porfiria, en Cambridge. Éste confirmó que la causa podía haber sido el arsénico. Y por los masivos niveles hallados  sugirió que el arsénico debió haber sido ingerido en abundancia durante mucho tiempo.

Buscando buscando en la peluca, arsénico fueron hallando, pero también en una crema para la piel y, por fin, en un medicamento que le daban para curarlo , unos polvos que, según un almanaque del s XIX, que aun muy purificados tenían cantidades apreciables de arsénico. Los ataques porfíricos habían surgido tras una vida de acumulación. 

¡Y pensar que fue usado a pasto para “momificaciones.!

 

Sobre Thomas Berdmore

 

Transplantando dientes, por Thomas Rowlandson

 

En el British Magazine de enero de 1773, se describe así una extracción: “Primero, para sacar los dientes, la cabeza del paciente debe ser sostenida por un asistente en la posición requerida; segundo, el fórceps va siempre en la mano derecha, y el fulcro en la izquierda; tercero, el diente, después de ser liberado de las encías, si el cirujano lo cree necesario, debe ser agarrado lo más allá posible con el  fórceps…cubierto con cuero.” A lo cual sigue una guía de las nueve etapas para sacar el diente.

Por esos entonces, actuaba en Inglaterra  Thomas Berdmore (1704-85), considerado allí el mejor dentista del país, “Dentista de Su Majestad” (i.e., Jorge III, el Loco – pero no todavía).

Para ubicarse puede ser interesante asistir a un filme histórico en You Tube que da detalles de la odontología de entonces y de los trasplantes. http://www.youtube.com/watch?v=VjekHxd24-4éanlo: http://www.youtube.com/watch?v=VjekHxd24-4 (en inglés)

 

Berdmore nació en Nottingham, hijo del Rev Thomas Berdmore y de Martha. Nottingham. Habría sido aprendiz con Mark Skelton of Sheffield, en 1755, por unas  £85. A los 21 se habría incorporado a  la consulta (Real) de Watts Rutter y Green en Racquet Court junto a Fleet Street . Con meros 26, con la aprobación real, fue designado “Operador de los dientes”  de  Jorge III.

 

En 1770, publicó el “Treatise in the Disorders and Deformities of the Teeth and Gums (Tratado de los trastornos y deformidades de los dientes y las encías: explicando los métoidos más racionales para tratar sus enfermedades: ilustrado copn casos y experimentos). ). [ Salió no hace mucho a remate una primera edición con su cubierta original de cuero. La puja llevó el precio a £2,000.]

Este tratado  tiene varios capítulos dedicados a los problemas periodontales. En el Capítulo 7, Berdmore ofrece una detallada descripción de la   instrumentación para remover el tártaro, con el acento en la prevención. Usó cirugía si era  necesaria para eliminar ’tejido hiperplásico  gingival’ después de quitar el tártaro.

El tratado contiene algunos consejos fascinantes para el público:

“Quienes comen más golosinas están más sujetos a trastornos y deformidades de los dientes.”

“De este modo, campesinos y  granjeros pobres sufren menos esos males, a diferencia de la gente de categoría y opulencia.”

“Es dañoso para los dientes partir nueces, así como la costumbre de las jóvenes de cortar el hilo de coser con sus dientes.”

“Los escarbadientes son una costumbre pésima.”

“Me inclino a pensar que fumar es dañoso para los dientes.”

“Por las noches, con todo cuidado, quítese los restos de comida que le hayan quedado en los dientes.”

Berdmore llegó a ser rico y famoso; a los 45 años fue sepultado en Nottingham, en cuya iglesia de Santa María Virgen con una lápida, donde consta que fue Dentista (aunque él había dejado constancia de que debía figurar que había ganado su fortuna “arrancando dientes,” pero a la familia no le pareció decoroso). . Con sus riquezas pudo viajar a Francia, donde la odontología estaba adelantada desde Fauchard (Le Chirurgien Dentiste, 1728. En la correspondencia de  Benjamín Franklin ha sobrevivido una carta de introducción donde avisa de la visita de  Berdmore a París

Nunca se casó y dejó sumas importantes a sus sobrinas.

                    

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