HISTÓRICAS     

  ¡Gusanos! (II)

 

Los dientes agusanados…Decía el renombrado Ambroise Paré que los dientes se pudren como los otros huesos y se corroen y que es en esa podredumbre que se engendran gusanos. Ya en Babilonia se regodeaban gusanos famosos en las caries y hasta el siglo XVIII siguieron haciéndolo según doctos textos. En el XVII, tenemos al holandés Forestus, que los espantaba con jarabe de coloquíntida o con aloe vera, tan a la moda actual, mientras que Hagendomius recomendaba el jarabe de pinza, y eran seguidos por Guyon, Andry y otros entre los que, curiosamente, alguno sostuvo que los gusanos atacaban el marfil sólo cuando el esmalte estaba ya destruido.

El Diccionario de Medicina de James -el que Diderot tradujo al francés y que dio origen a la famosísima Enciclopedia del iluminismo y quizá al previo texto de Pierre Fauchard- tiene un artículo innovador en la materia, en que dice que los dientes retienen los alimentos en las cavidades dentarias y que allí se pudren y generan el mal aliento. La comida se deshace por la disolución de los elementos o principios constitutivos y la halitosis deriva de las partículas salivales sulfurosas. Concluye afirmando que, como no hay parte del cuerpo humano que pueda generar gusanos, éstos tienen que formarse dentro de los dientes, lo cual se vería al extraer estos órganos cariados y encontrar las alimañas en ellos.

Así siguen de gusano en gusano, de agujero en agujero, hasta que Fauchard anotó en El cirujano dentista que ya Urbain Hemard  (s. XVI) había buscado en vano el gusano que se genera en la cavidad dentaria. Con esto, nuestro “padre” mostraba su reserva frente a una teoría tan en boga y tan mal sustentada. En sus tiempos, a lo sumo se pensaba que sólo eran el resultado de una mala higiene bucal o de un simple parasitismo. Prevalecían otras teorías

Se decía que las caries se producen después de cualquier ataque a la integridad del esmalte, por los alimentos sólidos o líquidos que, cuando ácidos, corroen y penetran ese tejido dentario. También, por el abuso de frutas y legumbres demasiado húmedas o frías, por la alternancia de frío y calor en las bebidas o por la suciedad interdental. Dentro de las teorías humorales, se sostenía que una linfa corrosiva destruía las partes más sólidas del cuerpo, como los huesos y los dientes, o que una sangre demasiado espesa obstruía los vasos que los nutrían. Geraudly, contemporáneo de Fauchard y quizá amigo, decía que los jugos que aportan a la nutrición de los dientes, si son ácidos, provocan la caries de la parte interna de los dientes. Nuestro papi no creía en las locas teorías reinantes, y menos en los gusanos. Habiendo disfrutado del invento de Leeuwenhoek, a lo sumo habría llegado a ver gérmenes, no gusanos causantes de caries ni engendrados por ellas y ni siquiera alimentándose del pútrido contenido de las cavidades dentarias.

Los mercaderes de la salud, por si acaso, siguen recomendando las extracciones. Y los implantes.

 

                                           Horacio Martínez

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