HISTÓRICAS     

  La Gioconda...  

 

La sonrisa de la Gioconda ha merecido muchos comentarios de los críticos de arte. Como que alguno hasta llegó a decir que en verdad era un joven amigo del pintor. Lo que no puedo entender es cómo no observaron que ningún pintor plasmó en la tela sonrisas con dientes.

Hasta los tiempos de Fauchard no se acostumbraba posar con sonrisas dentadas... ¡A ver si todavía el artista las representaba destruidas por las caries! Aun de la emperatriz Josefina se dice que pasaba horas ante el espejo aprendiendo a sonreír sin mostrar los dientes. Y si eso le fallaba, era toda una maestra en el arte de usar el pañuelo para taparse la boca y ocultar las fallas dentarias. Bueno, gracias a ella prosperó la industria textil, pues las mujeres volvieron a adoptar la moda del pañuelo que había fenecido.

¡Cómo cambian las costumbres! Los más preclaros nobles, hasta muy poco antes de Fauchard, no consideraban mala educación escupir en el suelo... Siempre que después aplastaran el esputo con el pie. Fauchard, sus contemporáneos, discípulos y descendientes cuidaron la belleza y les quitaron a los dientes el tuf, como decían ellos, o la toba, como decía Quevedo. Y como seguimos haciendo nosotros. Y seguiríamos, si no aprendiéramos de la historia. ¿O no es historia útil saber que la famosa Reina Isabel de Inglaterra tenía la boca a la miseria por estar todo el tiempo con golosinas al alcance de la mano?

 

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